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Aspectos varios sobre la oración de Jesús

by en 12 junio, 2010

5° Carta de Esteban de Emaús

Estimadas amigas y amigos de la oración de Jesús.

Les envío esta quinta carta, iniciando un segundo ciclo sobre aspectos más específicos de la práctica. Son temas que se van presentando a medida que se profundiza en la oración del corazón. En esta intentaré responder algunas preguntas formuladas por  ustedes en el transcurso de nuestra relación epistolar. (*)

  1. 1. ¿Cómo conviene realizar la oración de Jesús, quieto, caminando…?

La oración de Jesús puede realizarse sentado, de pie, caminando, trabajando y hasta conversando; en todo momento y en cualquier condición. Lo relevante es, por una parte, generar el hábito en uno. Por otra, la profundización, es decir: Ir desde la recitación con sentimiento y atención fluctuantes, a una oración compenetrada en el corazón.

El modo de disponerse a efectuarla debe ser el más propicio para el fin anterior. Algunas personas ven favorecida su oración al situarse en quietud corporal. Otras, por el contrario aumentan su fervor al hacerla mientras caminan. Esto depende de los momentos del alma y de la situación de vida que se atraviese.

Cuando se permanece en quietud, el cuerpo hace las veces de muro, contra el cual se estrellan las muchas inquietudes, habitualmente inadvertidas. Acontece en lo cotidiano que los movimientos permanentes descargan gran parte de la tensión interior, ocultando el verdadero tumulto del ánimo.

Por eso, quizás resulte más sencillo empezar rezando mientras se camina o se actúa y al irse pacificando el corazón, ir aumentando el tiempo de quietud corporal.

Pero esto no debe tomarse como regla fija.

  1. 2. ¿Cuál es la frase más conveniente para utilizar?

En cuanto a la frase, es imprescindible en ella la presencia del Santo Nombre de Jesucristo. El resto de la misma puede adecuarse a la necesidad particular de cada uno; si bien se aconseja decidirla y fijarla por largos períodos de tiempo. No es bueno dudar mucho, hay que decidirse y no cambiar demasiado seguido.

Lo que uno dice al repetir la oración, es lo que siente mientras la dice.

Esto va más allá de la frase en sí misma, porque ante las mismas palabras, los sentimientos son diversos. Así, hay quién al decir “Ten piedad de mí”, esta implorando el perdón por un pecado cometido, otro se refiere a la salud, algunos piden la gracia del Espíritu Santo, la pureza del corazón y así siguiendo según el orante.

Suele suceder al irse haciendo esta oración una forma de vida y con el paso del tiempo, que se deja de pedir como acto interior. Simplemente se apela a la presencia que trae el Santo Nombre de Jesucristo. De este modo ocurre, que repetir la frase de la oración se torna recordatorio constante, de la actitud de apertura necesaria, en el propio corazón a la presencia Divina.

  1. 3. ¿Es importante el número de repeticiones en la oración de Jesús?

Una vez un hermano le preguntaba a su Padre espiritual, preocupado por los vaivenes de su práctica, cuál era el mínimo imprescindible de oración para saber que se estaba en el buen camino.

El Padre le respondió: “¿Repites al menos una vez en el día o la noche el nombre de Jesucristo con sentimiento cálido o afectuoso? Si es así, tu camino está muy bien orientado.”

Este Padre explicaba luego, que es necesario liberarse de toda mortificación de cantidad, aunque la cantidad sea necesaria para adquirir con el tiempo la calidad en la oración. No importa que pobre y escasa y fluctuante sea la oración de Jesús en uno mismo, importa desear la gracia de la oración continua. Importa apelar al Nombre que está por encima de todo nombre.

¿Cómo aunar esta aparente paradoja, en donde sin importar la cantidad se la reconoce como necesaria? La cantidad y calidad de la oración de Jesús o mejor dicho su presencia ininterrumpida en el corazón, va de la mano de la cualidad de nuestros actos.

Esto quiere decir que la oración continua no es algo que se alcanza como fruto de la mera aplicación práctica de una técnica, sino que es correspondiente a la imitación de Cristo que se intente en la propia vida. Nuestro Señor oraba de continuo como muestran los Evangelios.

  1. 4. Encuentro dificultades para actuar como has aconsejado en la vida diaria. ¿Qué me puede ayudar?

En nuestra tercera carta dijimos que hay un particular modo de hacer que asemejábamos a una liturgia o actitud de adoración en cualquier labor que tuviéramos entre manos. Según nuestra experiencia, la clave está antes de la acción o por mejor decir: en no iniciar una acción sin la actitud correcta.

Antes de la faena debemos disponemos adecuadamente. En la mente la oración, aunque sea una vez, ofreciendo a Dios aquello que se va a efectuar. En el corazón, buscar el sitio de la paz; sabiendo que la Providencia del Señor estará actuando en todo lo que hagamos y para nuestro bien. En los movimientos, es decir, en la tarea propiamente dicha; concentración, serenidad, atención, precisión, pulcritud.

Si tenemos en nosotros la paz de Cristo, esta ha de reflejarse en nuestras acciones. Si no tenemos esa mansedumbre del ánimo, hemos de buscar la pacificación interior mediante el cuidado puesto en la ejecución de lo que hacemos. Esto puede llevarnos a cierta lentitud en los movimientos al principio. De todos modos, la eficacia del actuar aumenta en el mediano plazo debido a esta actitud nueva.

  1. 5. ¿Qué lugar debe ocupar en mi vida la oración de Jesús?

La oración de Jesús puede ser para algunos el centro de su vida espiritual y para otros un complemento de otras devociones o ejercicios del alma. Las vocaciones son diversas.

En realidad, el tema es que lugar va a ocupar Cristo en la propia vida. Aprender a actuar como Él debe ser el interés primordial. La oración de Jesús es uno de los caminos hacia el corazón de Cristo. En este sentido diría que es un camino corto, un atajo, pero empinado al principio porque va en subida.

  1. 6. ¿Está previsto que produzca sueño la oración de Jesús o aburrimiento?

Los primeros tiempos de la práctica, suele producirse un aumento de la conciencia del propio bullicio interior; al intentarse la concentración de la mente en la oración, hasta entonces librada a su habitual dispersión. Esto suele generar en algunos hermanos tristeza o insatisfacción y hasta sensación de vacío interior.

Sucede con la mente cuando divaga, que nos va ocasionando emociones y vivencias a raíz de las muchas imágenes que se van sucediendo en ella, de modo similar a cuando se observa una película o se lee alguna novela.

La oración de Jesús, si se repite con determinación; impide la activación de esta tendencia dispersiva, disminuyendo la producción de fantasías y desvaríos interiores. No es que la oración sea aburrida o produzca sueño, sino que pone de manifiesto el usual tedio que vivimos cuando nos guiamos movidos por lo exterior.

Este hastío suele quedar disimulado por las constantes expectativas y diálogos mentales acerca de todo y todas las cosas.

Estimadas hermanas y hermanos, los saludo invocando el nombre de Jesucristo.

Esteban de Emaús

Lectura recomendada: Filipenses 2, 9-11  – Efesios 2, 14-19

(*) Algunas preguntas han sido simplificadas para facilitar la lectura.

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