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A las Dominicas Contemplativas

by en 6 julio, 2010

de SS Benedicto XVI

a las Monjas Dominicas Contemplativas

Queridas hermanas, dirijo a cada una de vosotras las palabras del Salmo 124 (125), que acabamos de rezar:

“Colma de bienes, Señor, a los buenos y a los rectos de corazón” (v. 4). Os saludo sobre todo con este augurio: está sobre vosotras la bondad del Señor. En particular, saludo a vuestra Madre Priora, y le agradezco de corazón las amables expresiones que me ha dirigido en nombre de la comunidad.

Con gran alegría acogí la invitación a visitar este Monasterio, para poder detenerme con vosotras a los pies de la imagen de la Virgen acheropita de san Sixto, ya protectora de los monasterios romanos de Santa María in Tempulo y de San Sixto.

Hemos rezado juntos la Hora Media, una pequeña parte de esta Oración Litúrgica que, como claustrales, marca los ritmos de vuestras jornadas y os hace intérpretes de la Iglesia-Esposa, que se une, de forma especial, con su Señor. Para esta oración coral, que encuentra su culmen en la participación cotidiana en el Sacrificio Eucarístico, vuestra consagración al Señor en el silencio y en el ocultamiento se hace fecunda y llena de frutos, no sólo en orden al camino de santificación y de purificación, sino también respecto a ese apostolado de intercesión que lleváis a cabo por toda la Iglesia, para que pueda aparecer pura y santa en presencia del Señor. Vosotras, que conocéis bien la eficacia de la oración, experimentáis cada día cuántas gracias de santificación esta puede obtener en la Iglesia.

Queridas hermanas, la comunidad que formáis es un lugar en el que poder morar en el Señor; esta es para vosotros la Nueva Jerusalén, a la que suben las tribus del Señor para alabar el nombre del Señor (cfr Sal 121,4). Sed agradecidas a la divina Providencia por el don sublime y gratuito de la vocación monástica, a la que el Señor os ha llamado sin mérito alguno vuestro. Con Isaías podéis afirmar “el Señor me plasmó desde el seno materno” (Is 49,5). Antes aún de que nacieseis, el Señor había reservado para Sí vuestro corazón para poderlo llenar de su amor.

A través del sacramento del Bautismo habéis recibido en vosotras la Gracia divina e, inmersas en su muerte y resurrección, habéis sido consagradas a Jesús, para pertenecerle exclusivamente. La forma de vida contemplativa, que de las manos de santo Domingo habéis recibido en la modalidad de la clausura, os coloca, como miembros vivos y vitales, en el corazón del cuerpo místico del Señor, que es la Iglesia; y como el corazón hace circular la sangre y mantiene con vida al cuerpo entero, así vuestra existencia escondida con Cristo, entretejida de trabajo y de oración, contribuye a sostener a la Iglesia, instrumento de salvación para cada hombre al que el Señor redimió con su Sangre.

Extraído de Monasterio Sancti Spiritus

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