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Tibi silentium laus

by en 14 octubre, 2009

Es una alegría para mí interrumpir mis demás compromisos para presentar una breve reflexión sobre el libro de un buen amigo. Una alegría, porque la amistad es uno de los valores más altos de la vida, en el supuesto de que no confundamos esta alta virtud con una comunión de intereses. Pero al mismo tiempo es un oxímoron porque (citando a Fichte) “estoy condenado a ser un filósofo” y por eso debo utilizar un lenguaje diferente al de la amistad, y expresar pensamientos distintos.

Proviniendo de una cultura diferente, no considero como valores definitivos ni el tiempo lineal ni la historia o la ciencia, y quisiera destacar que la civilización occidental, a pesar de su dominio tecnológico, sigue siendo minoritaria en un mundo que se encuentra actualmente sumergido en una profunda crisis. Coincido plenamente con la preocupación más honda del amigo por superar la superficialidad reinante hoy día y defender la libertad del ser humano, sobre todo en los campos en los que se juega nuestro destino. Sería, sin embargo, poco creíble e incluso sospechoso que compartiéramos la misma opinión en todo. La verdad es sinfónica, dijo alguien, y yo toco una nota distinta en la misma orquesta.

Como nos dice el P. Willigis, la mayoría de las religiones organizadas son antiguas y venerables, pero también están anticuadas y petrificadas. Desde hace decenios me dedico a “predicar” la conversión de las religiones. Willigis Jäger nos ayuda a que penetre aire nuevo en este campo. La palabra espiritualidad es una reacción suave contra la petrificación de las religiones.

Sin embargo, como explica Willigis Jäger, no se trata de condenar por igual a justos y pecadores sino de vivir de una forma nueva el núcleo más hondo de cada religiosidad, de experimentarlo y profundizarlo. La religión auténtica, como el mismo nombre indica (religare, relegere y religere) es lo que nos libera de la cárcel de nuestra soledad (individualidad), sin que confundamos individualidad con singularidad. La religión nos une con la realidad total y, al mismo tiempo, nos desata de todo apego. La libertad es el pilar de toda religión auténtica. Como se dice en el Corán, la religión no permite ninguna coacción.

En este campo hay dos conceptos importantes: fe y creencia. La fe no debe identificarse con formulaciones de la creencia, pues esta confusión ha tenido efectos desastrosos a lo largo de la historia.

Toda persona tiene una fe, esto es, es consciente de no saberlo todo, de que existe más de lo que es capaz de comprender y de que se encuentra frente a lo infinito. Paradójicamente, podríamos decir que la fe es tener consciencia de la propia ignorancia. Nicolás de Cusa habló de la “docta ignorantia”; aún es más impresionante cómo lo expresó hace muchos siglos Evagrius Ponticus, otro místico:

“Bienaventurados son los que han alcanzado la ignorancia infinita (agnosia)”. Pero, como somos seres racionales, expresamos nuestra consciencia con palabras que nos aporta nuestra cultura. Y ésas son las formulaciones de la creencia.

Las formulaciones de las creencias varían entre sí, a menudo incompatibles y a veces incluso contradictorias y, me gustaría añadir, gracias a Dios, pues la “Realidad Última” es inconcebible, y toda declaración sobre ella no es más que el reflejo de una aproximación.

Si el mundo entero fuera unicolor y los seres humanos unánimes, no solamente se perdería gran parte de la belleza del universo sino también desaparecería el encanto de la vida, como escribió santo Tomás de Aquino.

Debemos aspirar a la armonía de la vida y de las religiones, y no a una uniformidad matemática: como dijo Nicolás de Cusa, debemos aspirar a “una religio circumdata varietate”, una unión con el misterio en el esplendor de la variedad.

El libro que tengo el honor y la alegría de presentar nos abre amplios horizontes y nos libera de “microdoxias”.

En mi opinión se malinterpretaría por completo la intención del autor si creyésemos que nos recomienda

vivir sin religión. Lo que anuncia es la libertad de los hijos de Dios, a lo que quisiera añadir enseguida,

que “Dios” no es él único nombre de ese misterio.

No me corresponde señalar el valor del silencio de un Maestro Zen, que se encuentra detrás de sus obras.

“Tibi silentium laus”, dice un salmo (LXIV, 2). “El silencio es Tu alabanza”. No quiero perturbar ese silencio.

¡Qué la lectura de este nuevo libro suyo transmita paz y alegría!

Extraído de “Prologo” del libro

“Sabiduría de Occidente y de Oriente”

de Willigis Jäger

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El catedrático Dr. Raimon Panikkar, hijo de padre hindú y madre católica, nació en 1918, en Barcelona. En su persona uneelcristianismo occidental y la espiritualidad oriental y es conocido a nivel mundial como uno de los más importantes pioneros y mediadores del diálogo interreligioso. Es sacerdote católico, doctorado en ciencias naturales y filosofía. Durante muchos años vivió y enseñó en la India y ocupó cátedras de filosofía de religiones comparadas en muchos lugares del mundo, entre otros en Madrid, Roma, Cambridge y varias universidades de EE.UU. También ha alcanzado renombre internacional como autor de numerosos libros sobre espiritualidad y mística.
para presentar una breve reflexión sobre el
libro de un buen amigo. Una alegría, porque la amistad
es uno de los valores más altos de la vida, en el
supuesto de que no confundamos esta alta virtud con
una comunión de intereses. Pero al mismo tiempo es
un oxímoron porque (citando a Fichte) “estoy condenado
a ser un filósofo” y por eso debo utilizar un lenguaje
diferente al de la amistad, y expresar pensamientos
distintos. Proviniendo de una cultura diferente,
no considero como valores definitivos ni el tiempo
lineal ni la historia o la ciencia, y quisiera destacar
que la civilización occidental, a pesar de su dominio
tecnológico, sigue siendo minoritaria en un mundo
que se encuentra actualmente sumergido en una profunda
crisis. Coincido plenamente con la preocupación
más honda del amigo por superar la superficialidad
reinante hoy día y defender la libertad del ser
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humano, sobre todo en los campos en los que se juega
nuestro destino. Sería, sin embargo, poco creíble e
incluso sospechoso que compartiéramos la misma
opinión en todo. La verdad es sinfónica, dijo alguien,
y yo toco una nota distinta en la misma orquesta.
Como nos dice el P. Willigis, la mayoría de las religiones
organizadas son antiguas y venerables, pero
también están anticuadas y petrificadas. Desde hace
decenios me dedico a “predicar” la conversión de las
religiones. Willigis Jäger nos ayuda a que penetre aire
nuevo en este campo.
La palabra espiritualidad es una reacción suave
contra la petrificación de las religiones. Sin embargo,
como explica Willigis Jäger, no se trata de condenar
por igual a justos y pecadores sino de vivir de una
forma nueva el núcleo más hondo de cada religiosidad,
de experimentarlo y profundizarlo. La religión
auténtica, como el mismo nombre indica (religare,
relegere y religere) es lo que nos libera de la cárcel de
nuestra soledad (individualidad), sin que confundamos
individualidad con singularidad. La religión nos
une con la realidad total y, al mismo tiempo, nos desata
de todo apego. La libertad es el pilar de toda religión
auténtica. Como se dice en el Corán, la religión
no permite ninguna coacción.
En este campo hay dos conceptos importantes: fe y
creencia. La fe no debe identificarse con formulaciones
de la creencia, pues esta confusión ha tenido efectos
desastrosos a lo largo de la historia. Toda persona
tiene una fe, esto es, es consciente de no saberlo todo,
de que existe más de lo que es capaz de comprender y
de que se encuentra frente a lo infinito. Paradójicamente,Es una alegría para mí interrumpir mis demás compromisos
para presentar una breve reflexión sobre el
libro de un buen amigo. Una alegría, porque la amistad
es uno de los valores más altos de la vida, en el
supuesto de que no confundamos esta alta virtud con
una comunión de intereses. Pero al mismo tiempo es
un oxímoron porque (citando a Fichte) “estoy condenado
a ser un filósofo” y por eso debo utilizar un lenguaje
diferente al de la amistad, y expresar pensamientos
distintos. Proviniendo de una cultura diferente,
no considero como valores definitivos ni el tiempo
lineal ni la historia o la ciencia, y quisiera destacar
que la civilización occidental, a pesar de su dominio
tecnológico, sigue siendo minoritaria en un mundo
que se encuentra actualmente sumergido en una profunda
crisis. Coincido plenamente con la preocupación
más honda del amigo por superar la superficialidad
reinante hoy día y defender la libertad del ser
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humano, sobre todo en los campos en los que se juega
nuestro destino. Sería, sin embargo, poco creíble e
incluso sospechoso que compartiéramos la misma
opinión en todo. La verdad es sinfónica, dijo alguien,
y yo toco una nota distinta en la misma orquesta.
Como nos dice el P. Willigis, la mayoría de las religiones
organizadas son antiguas y venerables, pero
también están anticuadas y petrificadas. Desde hace
decenios me dedico a “predicar” la conversión de las
religiones. Willigis Jäger nos ayuda a que penetre aire
nuevo en este campo.
La palabra espiritualidad es una reacción suave
contra la petrificación de las religiones. Sin embargo,
como explica Willigis Jäger, no se trata de condenar
por igual a justos y pecadores sino de vivir de una
forma nueva el núcleo más hondo de cada religiosidad,
de experimentarlo y profundizarlo. La religión
auténtica, como el mismo nombre indica (religare,
relegere y religere) es lo que nos libera de la cárcel de
nuestra soledad (individualidad), sin que confundamos
individualidad con singularidad. La religión nos
une con la realidad total y, al mismo tiempo, nos desata
de todo apego. La libertad es el pilar de toda religión
auténtica. Como se dice en el Corán, la religión
no permite ninguna coacción.
En este campo hay dos conceptos importantes: fe y
creencia. La fe no debe identificarse con formulaciones
de la creencia, pues esta confusión ha tenido efectos
desastrosos a lo largo de la historia. Toda persona
tiene una fe, esto es, es consciente de no saberlo todo,
de que existe más de lo que es capaz de comprender y
de que se encuentra frente a lo infinito. Paradójicamente,
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Es una alegría para mí interrumpir mis demás compromisos
para presentar una breve reflexión sobre el
libro de un buen amigo. Una alegría, porque la amistad
es uno de los valores más altos de la vida, en el
supuesto de que no confundamos esta alta virtud con
una comunión de intereses. Pero al mismo tiempo es
un oxímoron porque (citando a Fichte) “estoy condenado
a ser un filósofo” y por eso debo utilizar un lenguaje
diferente al de la amistad, y expresar pensamientos
distintos. Proviniendo de una cultura diferente,
no considero como valores definitivos ni el tiempo
lineal ni la historia o la ciencia, y quisiera destacar
que la civilización occidental, a pesar de su dominio
tecnológico, sigue siendo minoritaria en un mundo
que se encuentra actualmente sumergido en una profunda
crisis. Coincido plenamente con la preocupación
más honda del amigo por superar la superficialidad
reinante hoy día y defender la libertad del ser
11
humano, sobre todo en los campos en los que se juega
nuestro destino. Sería, sin embargo, poco creíble e
incluso sospechoso que compartiéramos la misma
opinión en todo. La verdad es sinfónica, dijo alguien,
y yo toco una nota distinta en la misma orquesta.
Como nos dice el P. Willigis, la mayoría de las religiones
organizadas son antiguas y venerables, pero
también están anticuadas y petrificadas. Desde hace
decenios me dedico a “predicar” la conversión de las
religiones. Willigis Jäger nos ayuda a que penetre aire
nuevo en este campo.
La palabra espiritualidad es una reacción suave
contra la petrificación de las religiones. Sin embargo,
como explica Willigis Jäger, no se trata de condenar
por igual a justos y pecadores sino de vivir de una
forma nueva el núcleo más hondo de cada religiosidad,
de experimentarlo y profundizarlo. La religión
auténtica, como el mismo nombre indica (religare,
relegere y religere) es lo que nos libera de la cárcel de
nuestra soledad (individualidad), sin que confundamos
individualidad con singularidad. La religión nos
une con la realidad total y, al mismo tiempo, nos desata
de todo apego. La libertad es el pilar de toda religión
auténtica. Como se dice en el Corán, la religión
no permite ninguna coacción.
En este campo hay dos conceptos importantes: fe y
creencia. La fe no debe identificarse con formulaciones
de la creencia, pues esta confusión ha tenido efectos
desastrosos a lo largo de la historia. Toda persona
tiene una fe, esto es, es consciente de no saberlo todo,
de que existe más de lo que es capaz de comprender y
de que se encuentra frente a lo infinito. Paradójicamente,
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