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Dimensión monástica

by en 7 marzo, 2010

Cuando se utiliza la palabra «monje» inmediatamente pensamos en esos hombres o mujeres que viven «encerrados» en un edificio que llamamos «monasterio» y que se dedican casi exclusivamente a rezar.

Desde esa visión popular y tradicional los monjes son dentro de la iglesia hombres y mujeres que viven una «vida muy religiosa» pero que no se dedican a actividades como la educación, la pastoral, el cuidado de los enfermos, la organización de comunidades, etc.  Sólo se dedican a rezar y a cierto tipo de trabajos manuales sencillos como la elaboración de artesanías, o galletitas, o al trabajo en el campo.

También se tiende a pensar que los monjes son hombres y mujeres que han sufrido algún tipo de «fracaso amoroso» y por eso se han encerrado en un monasterio, o que tienen un temperamento «tímido» que les impide dedicarse a otro tipo de actividades, o que son personas demasiado «buenitas» incapaces de mezclase con el mal y la «mierda» del mundo.

Si nos limitamos a esa visión popular nosotros seríamos, dentro de la Fraternidad Monástica del Sagrado Corazón, un grupo de laicos con familias e hijos que estaríamos buscando imitar la forma de vida de esos «monjes», encerrándonos de alguna manera, dedicándole el mayor tiempo posible a la oración y renunciando a nuestras responsabilidades pastorales, sociales y políticas dentro de la iglesia y la sociedad. Estaríamos buscando una vía de escape, un rinconcito sin muchos problemas donde hacernos un poco «santitos» sin contaminarnos demasiado con el desorden, el mal y la «mierda» del mundo.

Si no superamos esa visión tradicional y popular, y no entendemos nuestro SER monástico de otra manera, nuestro intento de SER una Fraternidad Monástica no tendría ningún sentido. Tendríamos que quitar la palabra «monástica» de nuestro nombre. Si somos una Fraternidad Monástica no es porque nos parezca bonito, o más «santo», imitar la vida de los monjes, sino porque dentro del marco mayor de la espiritualidad de Carlos de Foucauld Ser Monjes hace parte del llamado que se nos hace, parte de nuestra Vocación, de nuestra identidad espiritual.

Vamos a empezar con un ejemplo. Si se nos dice que alguien es un «gran deportista» podemos hacernos una idea de él sin necesidad de saber qué deporte específico practica. Sabremos que es alguien que se ocupa de desarrollar sus posibilidades físicas, que cultiva el desarrollo de su cuerpo con disciplina y esfuerzo. La manera concreta como lo haga es secundaria. Puede ser futbolista, o nadador, o corredor de pista, puede practicar un deporte que le exija jugar en equipo o uno que le permita hacerlo en solitario. Hay muchas formas completamente distintas de llegar a ser un gran deportista.

Hagamos lo mismo con nuestra investigación de lo «monástico». Olvidemos los monasterios y la imagen que tenemos de ellos y de la gente que los habita y pensemos en que el SER monje es una manera de desarrollar ciertas posibilidades humanas y espirituales que todos tenemos, independientemente de la forma concreta como cada uno escoja desarrollarlas. Pensemos en que se puede SER monjes sin necesidad de vivir como viven los monjes que tradicionalmente conocemos.

Extraído de: Nazaret

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Links:

Nazaret en Bolivia

Hermanitas de Jesús

Fraternidad Laica

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