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El Camino de la Cruz

by en 11 diciembre, 2009

Libro de Fenelón, Arzobispo de Cambrai

Parte I
ABRAZANDO LA CRUZ

Es necesario que aprendas a alejarte de los pensamientos innecesarios y agitados que surgen del amor propio. No cabe duda de que cuando tus propias reflexiones se hagan a un lado te hallarás en medio del camino recto y estrecho. Experimentarás la libertad y la paz que han de ser para ti como niño de Dios.

Intento seguir el mismo consejo que doy a otros. Sé que debo buscar la paz de igual manera. Normalmente cuando sufres, es la vida de tu propia naturaleza la que te hace daño. Cuando estás muerto no sufres.

Si estuvieras completamente muerto a tu antigua naturaleza dejarías de sentir muchas de las penas que ahora te preocupan.
Soporta los dolores y heridas de tu cuerpo con paciencia. Haz lo mismo con tus aflicciones espirituales (esto es, problemas que te han puesto por el camino y que no puedes controlar). No agudices la cruz de tu vida volviéndote tan ocupado que no tengas tiempo de sentarte en mansedumbre ante Dios. No te resistas a lo que Dios trae a tu vida. Estate dispuesto a sufrir si eso fuera lo necesario. La actividad desenfrenada y la terquedad sólo conseguirán incrementar tu angustia.

Dios te prepara una cruz que debes abrazar sin pensar en tu propia supervivencia. La cruz duele. Acepta la cruz y hallarás paz aún en medio del tumulto. Deja que te advierta que si empujas la cruz a un lado tus circunstancias serán el doble de difíciles de sobrellevar. A largo plazo, es mucho más duro vivir el dolor de resistir a la cruz que la propia cruz.

Contempla la mano de Dios en las circunstancias de tu vida. ¿Quieres experimentar verdadera felicidad? Sométete en paz y en sencillez a la voluntad de Dios, y carga con tus sufrimientos sin luchas. Nada acorta y alivia tu dolor tanto como el espíritu de nula resistencia a tu Señor.

Por muy bonito que esto suene, puede que no detenga tus regateos con Dios. Lo más duro del sufrimiento reside en no saber cuán grande será o cuánto durará. Te verás en la tentación de imponer límites a tu sufrir. Seguro que vas a querer controlar la intensidad de tu dolor.

¿No ves la velada y obstinada custodia que ejerces sobre tu vida? Este control hace que la cruz sea una necesidad primaria. No rechaces la obra completa que el poder de la cruz podría llevar a cabo en ti. Por desgracia, se te obligará a acudir al mismo terreno una y otra vez. Y lo que es peor, sufrirás mucho, pero tu sufrimiento no tendrá propósito alguno.

¡Que el Señor te libre de caer en un estado interior en el que la cruz no obra en ti! Dios ama al dador alegre. (II Corintios 9:7) ¡Imagínate cuanto debe amar a aquellos que se abandonan a sí mismos a Su voluntad con aliento y por entero, a pesar de que el resultado sea su crucifixión!

RÍNDETE A SUS PLANES

De veras que siento los problemas que te acaecen, pero sé que Dios obra a tu favor. ¡Acuérdate que Dios te ama y que por tanto no te dará el indulto! Él deja caer sobre ti la cruz de Jesucristo. Sea cual sea la revelación que recibas y cualesquier experiencia emocional que tengas, no tiene valor alguno a menos que hayan de guiarte a la muy real y constante práctica de morir a tu propia naturaleza. Por desgracia, no puedes morir sin sufrimiento, ni puede decirse que hayas muerto del todo si parte de ti sigue viva.

La muerte que Dios trae a ti va a horadar muy adentro. Alma y espíritu se dividirán. Él ve en ti todo lo que tú no puedes ver. Sabe exactamente dónde han de tocar los golpes mortales. Se dirige directamente hacia aquello que estás dispuesto a entregar con mayor desgana. Sólo se siente dolor donde hay vida. Y en esta situación, la vida es precisamente el lugar donde se requiere la muerte.

Tu Padre no pierde el tiempo en cortar lo que ya está muerto. Si quisiera que quedaras como estás, ciertamente así haría. Persigue Él la destrucción de tu vieja naturaleza [1] . Sólo puede hacer esto abriéndose paso hacia lo que está vivo. No esperes que sólo ataque a esos deseos obviamente pecaminosos a los que renunciaste para siempre cuando te entregaste a Él. Más bien puede que te pruebe llevándose el maravilloso sentimiento de libertad que sientes, o quitándote lo que ahora te ofrece alivio espiritual.

¿Resistirás? ¡No! ¡Permítelo todo! Ofrécete como voluntario de tu propia muerte, pues Dios sólo llevará a cabo su obra en la medida que se lo permitas. No empujes a un lado el progreso que Dios quiere hacer en tu vida.

Ofrece de buen agrado todo de lo que ahora dependes al buen placer de Dios. Entrega también las cosas

espirituales cuando Él te las requiera. ¿Qué temes, tú de poca fe? ¿Tienes miedo de que Él no sea capaz de darte su fuerza cuando te quite la tuya? ¿Por qué se la lleva? Sólo con el fin de que Él sea tu sustento. La lección puede ser dolorosa, pero Él desea purificarte. Me doy cuenta de que todos los medios naturales de socorro se cierran. Dios tiene la intención de llevar a cabo Su obra en ti cortando todo recurso humano. Es un Dios celoso. Quiere que veas que lo que se ha propuesto en tu interior sólo Él lo puede hacer.

Ríndete a Sus designios. Déjate guiar por donde Él quiera llevarte. Ten cuidado cuando busques la ayuda de personas cuando Dios no quiere que lo hagas. Recuerda que sólo pueden ofrecerte lo que Él mismo les ofrece para ti. ¿Por qué debería preocuparte ya no poder beber del grifo? ¡Ahora estás siendo guiado a beber del manantial que siempre mana!

EL BENEFICIO DE LAS PRUEBAS

Estás experimentando pruebas de cierta dureza, pero Dios ha permitido que ocurran porque las necesitas. Él sabe escogerlas. Tú mismo no hubieras sido capaz de optar por aquello que Dios trae a tu vida por medio de la cruz. La cruz por la que optarías afianzaría tu propia voluntad en vez de demolerla.

A veces todo en la vida parece una prueba. Hay veces que sólo hay sufrimiento. Pero la más dura cruz ha de ser llevada en paz. Hay veces en que la cruz no se puede llevar ni arrastrar. Entonces sólo puedes desplomarte bajo ella, sobrecogido y exhausto. Ruego que Dios te procure tan poco sufrimiento como sea posible.

Haz memoria de que Dios no es sordo a tu sufrir. Él permite tu sufrimiento. Date cuenta que sólo Él sabe lo que es mejor para ti. Vive por la fe al tiempo que abrazas tus pruebas. Confía en Dios en certidumbre, aunque no alcances a ver lo que está haciendo. Confía en que Dios, con gran compasión, te ofrece pruebas en proporción a la ayuda que te quiere prestar. No hay duda de que la vida de fe es la más sutil muerte de todas.

Te quejas de tu oscuridad interior y pobreza de espíritu. Jesús dice, bienaventurados los pobres en espíritu. Es bueno que veas tu debilidad, pero no la excuses. Manténte sencillo y humilde ante Dios y Él te traerá paz, ternura, paciencia, y contentamiento aún en tu tribulación.

LA CRUZ, VÍNCULO DE AMOR

Siento oír de tus problemas, pero estoy seguro que sabes que en esta vida debes llevar la cruz junto a Cristo. En breve llegará la hora en la que ya no sufrirás. Reinarás con Dios y Él enjugará tus lágrimas con Su propia mano. En Su presencia, dolor y sollozo huirán para siempre.

Así pues, mientras tengas la oportunidad de experimentar pruebas difíciles, no pierdas la menor oportunidad de abrazar la cruz. Aprende a sufrir en paz y en humildad. Tu amor propio hace de la cruz algo demasiado pesado de llevar. Aprende a sufrir con sencillez y con un corazón lleno de amor. Si lo haces, no sólo serás feliz a pesar de la cruz, sino gracias a ella. El amor se agrada en sufrir por el Buen Amado. La cruz que te conforma a Su imagen es un vínculo que consolida el amor entre tú y Él.

CONFÍA A DIOS TU AMOR PROPIO

No me cabe duda de que al ofrecerte la cruz, Dios te trata como a uno de Sus amigos. La senda de Dios lleva a cabo sus propósitos más rápido de lo que te puedas imaginar. Dios es capaz de buscar y destruir las raíces del amor propio. Tú, por tu cuenta y riesgo, jamás podrías encontrar esas raíces ocultas. Dios puede ver toda la senda de amor propio dentro de tu corazón. Deja que ataque al amor propio en su punto más débil.

Ruega por fuerzas y fe suficientes para ponerte por completo a su custodia. Síguele sencillamente por dónde sea que Él te guíe y no tendrás que fantasear con tu propio plan de perfección. Una nueva vida empezará a desarrollarse en ti de forma natural.

Sé que quieres ver el camino antes de confiar en Dios. Si sigues así, el camino se hará más largo y tu progreso espiritual irá más despacio. Entrégate a Dios tanto como puedas. Hazlo hasta tu último aliento, y Él nunca te dejará.

LA SENDA DE CRISTO

Dios te probará poco a poco en todas las áreas de tu vida, pero no dejará que tus tribulaciones sean más de lo que puedes soportar. Deja que Dios use las pruebas para ayudarte a crecer. No intentes medir tu progreso, tu fuerza, o lo que Dios está haciendo. Su trabajo no es menos eficiente por lo invisible de su acción. Gran parte de la obra de Dios se hace en lo secreto, pues no morirías a ti misma si Dios siempre extendiera visiblemente Su mano para salvarte. Dios no te transforma en medio de un colchón de luz, vida, y gracia. Su transformación se hace en la cruz, en oscuridad, pobreza, y muerte.

¿Qué preguntas tienes acerca de la verdad del cristianismo? Tienes mucho miedo de someterte a alguien más aparte de ti. También tienes miedo de caminar la difícil senda que conduce a ser conformada a la imagen de Cristo. Ves perfectamente los sacrificios que tendrás que hacer para seguir a Cristo completamente, y te echas atrás.

Cristo no dijo, “Si alguno ha de seguir en pos de mí, que disfrute de sí mismo, que le vistan de preciosas prendas, y que se emborrache de deleites.” Ni siquiera dijo nunca, “contentáos con ser perfectos y al ver cuán bien hacéis las cosas.” No, Jesús dijo, “Si alguno viene en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz, y me siga.” Su senda serpentea el flanco de una escarpada montaña en la que la muerte está presente a cada paso. (Mateo 16:24)

Todavía no puedes ver la cara amable de seguir a Cristo. Miras lo que Él se lleva, pero no ves lo que da. Exageras los sacrificios e ignoras las bendiciones.

Pablo te dice que tu deseo es ser vestida, mas es necesario que seas desnudada antes de que puedas ponerte a Cristo. Deja que despoje a tu amor propio de toda prenda para que puedas recibir la ropa blanca lavada en la sangre del Cordero. Sólo necesitas Su pureza.

Escucha lo que tengo que decirte. No es fácil de oír. Sin embargo, alimentará tu espíritu. No escuches la voz que insinúa que vivas para ti misma. La voz del amor propio es aún más poderosa que la voz de la serpiente. Si el mundo no exigiera para sí más de lo que él mismo pudiera ofrecer por amor, ¿no sería todavía mejor maestro?

Cristo no deja vacíos en ti. Serás guiada a hacer cosas que te agraden, y te gustarán más que las cosas que te han descarriado. Qué feliz habrás de ser cuando no poseas nada tuyo y te ofrezcas a tu Señor por completo. Desposada de Jesús, cuán preciosa eres cuando ya no posees nada propio, sino que buscas solamente Su belleza. Entonces serás el deleite de tu Novio, ¡y Él será toda tu belleza! Te amará sin límites. Depositará Su propia vida en ti.

MUERE CADA DÍA

Muchos creen que “morir a sí mismos” es lo que les inflige tanto dolor. Pero en realidad es la parte de ellos que aún está viva lo que acarrea el problema. La muerte sólo es dolorosa cuando la resistes. Tu imaginación exagera el horror de la muerte. El amor propio lucha con todas sus fuerzas para vivir. Muere en el interior y también en el exterior. Deja que muera todo lo que no es nacido de Dios dentro de ti.

Lleva tu cruz. ¿Sabes lo que esto quiere decir? Aprende a verte como eres, y acepta tus flaquezas hasta que le agrade a Dios sanarte. Tu meta es ser tan paciente contigo mismo como con tu vecino. Si mueres un poquito cada día de tu vida, no tendrás mucho de lo que preocuparte al final de tus días. El amor propio conlleva muchísima ansiedad. No me extraña que te preocupes tanto del futuro. Sé paciente contigo mismo y deja que tus compañeros cristianos te ayuden. Estas muertes diarias destruirán el poder de tu última muerte. Entonces tu muerte corporal no será más que un dormirse. ¡Qué felices sois los que dormís este sueño de paz!

SITUACIONES COMPLICADAS

Dios no quiere desanimarte ni arruinarte. Abraza las circunstancias difíciles en las que te hallas, aún cuando te sientas amedrentado por ellas. Deja que Dios te moldee por las situaciones que permite que se introduzcan en tu vida. Esto te hará flexible a la voluntad de Dios. Los sucesos de la vida son como un horno para el corazón. Tus impurezas se deshacen y tus viejos caminos se pierden.

En cuanto a la humillación que sientes cuando ves tus faltas, sólo tienes que observar lo susceptible que es tu amor propio. El dolor que sientes ante tus propias imperfecciones es peor que las propias faltas. En realidad tu problema es la inmensa desazón que exhibes ante tus defectos. Aprende a vivir contigo mismo como eres sin soliviantarte tanto. Si haces esto, pronto tendrás paz.

Soporta con paciencia los altibajos de cada día. Aprende a ver a Dios gobernando todas las cosas detrás de cada circunstancia molesta. Aprende que Él te instruye tanto en las situaciones problemáticas como en las que son agradables. No hay duda de que las intromisiones que Dios te envía alterarán tus planes y se revolverán contra todo aquello que tú quieres. Pero también te pondrán tras la pista de Dios. Siéntate en calma ante Él y ríndele tu voluntad. Tu indomable voluntad empezará a aprender a ser flexible.

Todo lo que viene de la mano de Dios produce buen fruto. A veces las contrariedades bajo las que anhelas soledad son mejores para producir humildad que la más absoluta de las soledades. Utiliza las circunstancias de cada momento hasta sus últimas consecuencias. Hay ocasiones en que un libro intrigante, o un tiempo devocional inspirado, o una profunda conversación sobre asuntos espirituales, te harán sentir enormemente satisfecho contigo mismo. Creerás que has llegado más lejos de donde estás en realidad. Hablar de la cruz no es lo mismo que experimentarla. Así pues acuérdate de esto: no busques circunstancias incómodas, mas cuando lleguen, toléralas en paz. ¡Es fácil engañarte a ti mismo! No busques a Dios como si estuviera allá, alejado en un castillo de marfil. Él se halla en medio de los acontecimientos de tu vida diaria. Ignora los obstáculos y encuéntrale.

LOS CAMINOS DE DIOS

Cuando Dios empieza a tratar con tu vieja naturaleza Él se dirige directamente al centro de todo aquello que retienes con más cariño. Deja que Él traiga la cruz a la médula misma de lo que tú eres. No murmures ni te inquietes cuando empiece el proceso: silencio y paz habrán de ser mejores valedores que estar disgustado.

Te verás tentado a hablar en un tono de voz humilde para contar a otros tus problemas. ¡Ojo con esto! Una humildad locuaz no tiene demasiada raíz. Cuando hablas demasiado, tu amor propio se lame un tanto las heridas dando una válvula de escape a su innata vergüenza.

No te enfades de lo que dicen las personas. Sólo sigue a Dios y deja que hablen. En todo lo que tenga que ver con las personas nunca serás capaz de satisfacerles. El silencio, la paz, y la unión con Dios deberían consolarte de todo lo que la gente dice de ti. Has de estar dispuesto a hacer lo correcto en tu situación actual, pero al mismo tiempo tu temperamento irascible necesita rectificaciones y un equilibrio. Ven a Dios a menudo para tan sólo sentarte en Su presencia y renovarte. Nada es tan importante como la humillación del corazón y el desapego de tu propia opinión y voluntad. La rigidez y la dureza no es el espíritu de Jesucristo.

TOMA TU CRUZ

Llevar la cruz con sencillez, sin dejar que tu amor propio le añada toda suerte de inconvenientes, hará tu vida más fácil. Cuando aceptes la cruz y tan sólo le permitas hacer la obra que Dios había procurado, estarás contento porque verás que se produce en ti buen fruto.

Cuando ames a Dios no te importará lo que debes sufrir en Su nombre. La cruz te transformará en la imagen de tu Amado. Aquí se halla el verdadero consuelo, el auténtico lazo de amor.

Estás llevando la carga de algunos ancianos que ya no pueden llevar la suya. La razón se debilita a una edad tan avanzada. La bondad, a menos que se encuentre profundamente arraigada, se debilita. ¡Parece como si toda la fuerza se mudara al temperamento! Acepta y da la bienvenida a esta carga como a la cruz.

Es una bendición que dispongas de algunas horas libres para descansar en paz en el seno del Señor. Aquí es donde te refrescarás y obtendrás la fuerza para seguir adelante. Cuida tu salud y procúrate algún tiempo para descansar y pasarlo bien. A medida que los otros se hagan mayores deberías esperar cada vez menos de ellos. Tampoco esperes mucho de ti misma.

AMANSA TUS PRINCIPIOS

El sufrimiento es necesario para todos nosotros. Serás purificado al morir a tus propios deseos y voluntad. ¡Déjate morir! Tienes unas magníficas oportunidades para que esto suceda, ¡no las pierdas!

Estoy de acuerdo en que de ninguna manera se deben relajar los principios por los que vives cada día. No obstante, has de tratar con mansedumbre las faltas de otros. Aprende a ser indulgente con los asuntos de menor importancia, pero mantén tu firmeza en lo esencial.

Recuerda que la verdadera firmeza es dócil, humilde, y tranquila. Una lengua afilada, un corazón orgulloso, y una mano de hierro no tienen lugar en la obra de Dios. La Sabiduría “ordena todas las cosas con mansedumbre.” ¿Actúas así? Si alguna vez te ves a ti mismo actuando de otra forma, humíllate de inmediato. Mantén unos principios rectos, pero admite el error cuando los sostengas de forma incorrecta.

Ni libro ni oración te ayudarán a morir a ti mismo tanto como enfrentar la humillación de tus fracasos diarios. Por supuesto que aún debes retirarte interiormente y ser fiel en sentarte ante Dios. También te advierto que no permitas que tus actividades te distraigan de tu vida espiritual. Si te dejas distraer de continuo tu corazón se endurecerá. Retírate para orar cuando puedas y vive lo que te reste del día en paz.

EL YUGO DEL YO

Las cadenas de oro pueden convertirse en cadenas de hierro. Y al mismo tiempo que las personas te envidian por llevar joyas refinadas, tú misma te puedes hacer prisionera de esa elegancia. Tu yugo no es mejor que el de la persona que está en prisión injustamente. El único consuelo que tienes es que Dios, en Su sabiduría, ha permitido esto, y éste es el mismo consuelo que el de un prisionero inocente.

El consuelo que viene de saber que estás en manos de Dios es inagotable. Cuando estás bajo el cuidado de Dios nada más importa. Qué bienaventurada eres cuando te separan de tu propia voluntad para que puedas seguir la voluntad de Dios. ¡Pero no es un viaje fácil! Permíteme que te diga cómo es: ya no puedes vivir para ti misma. Día y noche sólo haces lo que Dios quiere. ¡Pero tanto mejor! ¡Él te ata de pies y manos y nunca te deja ni un momento acudir ti mismo! ¿Sigo? ¡Te guía a sacrificar más y más, y vas de una situación problemática a otra! Te entrena para cumplir Sus nobles planes en medio de las triviales dificultades e incomodidades de la vida. ¡Y no te deja más que un minuto de respiro! Apenas se ha ido una persona engorrosa cuando Dios te envía otra.

Crees que es importante espiritualmente disponer de tiempo libre para estar a solas con Dios; pero yo te digo que te acercarás más a Él abrazando la cruz en tu vida, y no siempre buscando experimentar momentos de ternura en la presencia de Dios. Cuando las inundaciones torrenciales del ajetreo diario te lleven consigo, tan sólo déjate llevar sin lamentarte. ¿No sabes que también hallarás a Dios en este torrente?

Jesús le dijo a Pedro, “antes, ibas adonde querías, pero cuando seas mayor, alguien más fuerte que tú te guiará y dirigirá a dónde tú no quieras.” Al igual que Pedro, déjate llevar de esta manera. Soñar con la libertad es una bonita idea, pero puede que nunca la alcances. Debes darte cuenta de que puedes morir en tu condición actual. Los israelitas en Babilonia suspiraban por Jerusalén, pero hubo muchos que nunca vieron Jerusalén y murieron en Babilonia. ¿Qué si aquellas personas hubieran esperado hasta que hubieran llegado a Jerusalén parar servir a Dios? Sé como esos Israelitas que sirvieron a Dios aún en cautividad.

LA CRUZ ESCONDIDA

Dios tiene en su mano todo tipo de circunstancias para traerte la cruz, y todas ellas llevan a cabo Su propósito. Puede que incluso enlace una debilidad física a tu sufrimiento emocional y espiritual. Como es natural, el mundo puede que no vea tu trato con la cruz… creen que eres un quisquilloso o eres propenso a los arrebatos por agotamiento nervioso. Así pues, mientras andas encorvado bajo el peso de la obra oculta de la cruz, los de fuera a menudo envidian tu aparente buena suerte.

¿Qué decir a Dios cuando estás bajo la obra de la cruz? No necesitas decirle mucho, y ni siquiera pensar mucho acerca de Él. Él ve tu sufrimiento, y tu disposición a someterte. Con la gente que amas no necesitas decir continuamente, “te amo de todo corazón.” Aunque no pienses en cuánto le amas, aún sigues amando a Dios igual. El verdadero amor está en lo profundo del espíritu… sencillo, pacífico, y silencioso.

¿Cómo sobrellevar el sufrimiento? En silencio ante Dios. No te trastornes intentando crear un sentir artificial de la presencia de Dios. Poco a poco aprenderás que todos los problemas de tu vida —tu trabajo, tu salud, tus defectos interiores— son en realidad cura para el veneno de tu vieja naturaleza. Aprende a sobrellevar estos sufrimientos con paciencia y mansedumbre.

LA NATURALEZA DE LA NEGACIÓN

La negación propia tiene su lugar en la vida cristiana, pero Dios no te pide que escojas lo que es más doloroso para ti. Si siguieras esta senda en breve arruinarías tu salud, reputación, trabajo, y amistades.

La negación propia consiste en sobrellevar con paciencia todas aquellas cosas que Dios permite que ocurran en tu vida. Si no rehusas nada que venga en el orden de Dios, estás saboreando la cruz de Jesucristo.

Dios te da la gracia de sobrellevar la cruz en tu vida igual que provee tu pan diario. ¡Nunca te fallará! Es un buen ejercicio para la gente excesivamente entusiasta renunciar a sus propias formas de practicar la negación y dejar a Dios que traiga lo que le plazca a sus vidas.

Si no estás dispuesto a aceptar las negaciones dispuestas por Dios, entonces no te fíes de las negaciones que te inventas. Mira a ver qué estás haciendo. Confía en que Dios te va a proveer de lo que necesitas.

EL VALOR DE LA CRUZ

¿Te preguntas por qué Dios tiene que ser tan duro contigo? ¿Por qué no te hace bueno sin hacerte miserable al mismo tiempo? Por supuesto que podría, pero no ha escogido hacerlo así. Quiere que crezcas poquito a poco y no irrumpir en una madurez instantánea. Esto es lo que Él ha decidido y tú sólo puedes adorar Su sabiduría… incluso cuando no la entiendas.

Me quedo perplejo ante lo que puede producir el sufrimiento. Tú y yo no somos nada sin la cruz. Agonizo y grito cuando la cruz está obrando en mí, pero cuando se termina miro hacia atrás admirado por lo que Dios ha llevado a cabo. Claro que entonces me avergüenzo de haberla sobrellevado tan torpemente. He aprendido tanto de mis necias reacciones.

Tú mismo debes soportar el doloroso proceso del cambio. Aquí hay algo más en juego que una madurez instantánea. Dios quiere construir una relación contigo que se basa en la fe y en la confianza, no en inflamados milagros.

Dios usa los desengaños, desilusiones, y fracasos de tu vida para llevarse la confianza que tienes en ti mismo y ayudarte a poner tu confianza en Él. Es como ser quemado a fuego lento, pero antes preferirías ser quemado en un resplandor de gloria, ¿verdad? ¿Te despegaría este resplandor de ti mismo? Por tanto Dios prepara una serie de acontecimientos para separarte de ti y de otros.

Dios es tu Padre, ¿crees que alguna vez te haría daño? Él sólo te separa de aquellas cosas que amas de forma incorrecta. Lloras como un bebé cuando Dios quita algo o se lleva a alguien de tu vida, pero llorarías mucho más si vieras el eterno perjuicio que te causan tus malos apegos.

No miras con los ojos de la eternidad. Dios lo sabe todo. Nada sucede sin su consentimiento. Te enojas por las pequeñas pérdidas, ¡pero no ves las ganancias eternas! No hagas del sufrimiento tu casa. Tu excesiva sensibilidad hace peores tus pruebas. Abandónate a Dios.

Todo lo que hay en ti que ya no forme parte del reino establecido de Dios necesita la cruz. Cuando aceptas la cruz en amor, Su reino empieza a vivir dentro de ti. Debes llevar la cruz y estar satisfecho con lo que agrada a Dios. Tienes necesidad de la cruz. El fiel Dador de toda buena dádiva te ofrece la cruz de Su propia mano. Ruego por que llegues a ver cuánta bendición reside en ser corregido por tu propio bien.

Mi Dios, ayúdanos a ver a Jesús como nuestro ejemplo en todo sufrimiento. Le clavaste en la cruz por nosotros. Le hiciste un hombre de tristezas para enseñarnos cuán útil es la tristeza. Danos un corazón para volvernos las espaldas a nosotros mismos y sólo confiar en ti.

UN REINO VIOLENTO

A quién te crees que se estaba dirigiendo Pablo cuando dijo, “Nosotros somos insensatos por causa de Cristo, y vosotros sois sensatos en Cristo.” ¡A ti! ¡No a la gente que no conoce a Dios! Les está hablando a todos los que creen que pueden procurar su propia salvación sin aceptar la locura de la cruz de Jesús. Nadie quiere ser humillado y doblegado. No es algo que te ponga muy contento, pero así es como Dios hace las cosas.

No puedes dar lugar al mundo, a tus pasiones, o a tu pereza. Las palabras no bastan para reclamar el reino de Dios. Conlleva fuerza, y valor, y violencia. Debes resistir con violencia la marea del mundo. Renuncia con violencia a todo lo que te retiene de Dios. Entrega tu voluntad con violencia a Dios para hacer sólo su voluntad.

Esta violencia es lo que ruego que conozcas, pues ¿de qué otro modo conocerás de la vida del Señor Jesús?

HUMILLACIÓN

Lo más importante es la humildad. La humildad te da un espíritu moldeable que lo hace todo más fácil. Considera la vida de Jesús. Nació en un establo. Tuvo que huir a Egipto. Trabajó treinta años en la tienda de un artesano. Sufrió hambre, sed, y fatiga. Era pobre y fue ridiculizado. Enseñó la doctrina del cielo y nadie le escuchó. Fue tratado como un esclavo, fue traicionado, y murió entre dos ladrones.

La vida de Jesús estaba repleta de humillación, pero nosotros nos aterramos ante la idea de la menor humillación. ¿Cómo esperas conocer a Jesús si no le buscas donde estuvo: en el sufrimiento y en la cruz? Debes imitarle. Pero no creas que puedes seguirle con tus propias fuerzas… vas a tener que encontrar toda tu fuerza en Él. Recuerda que Jesús quiere sentir todas tus debilidades.

Procura seguir a Jesús por la senda de la humildad que Él ha tomado. El mayor provecho que puedes extraer de una experiencia de tu debilidad es dejar que tu fragilidad te haga más sumiso y obediente.

EL SACRIFICIO DEL AMOR

Si sólo sigues a Dios para sentir Su presencia y consuelo, entonces le sigues por los motivos equivocados. Tu mente está ansiosa de conocer, tu corazón quiere sentir cálidas emociones, pero no estás dispuesto a seguir a Cristo a la cruz. ¿Es esto morir a uno mismo?

Hay una ambición espiritual refinada cuando se persiguen indebidamente los dones espirituales. Pablo habla de un mejor camino. “El amor no busca lo suyo.” ¿Cómo seguirás en la madurez si estás siempre buscando el consuelo de sentir la presencia de Dios contigo? La búsqueda del placer y el ignorar de la cruz no van a llevarte muy lejos. Pronto te verás atrapado en la búsqueda de placeres espirituales.

Si tienes una niñez demasiado tierna en Jesucristo serás un buen candidato para pasarlo muy mal cuando Dios empiece a destetarte del consuelo emocional de la presencia de Dios. ¡No vivas en el porche y pienses que estás en la casa! Los comienzos de tu fe pueden ser acompañados con muchos sentimientos maravillosos, pero eso no quiere decir que hayas madurado. Aférrate únicamente a Dios, y no dependas de nada de lo que sientas, o saborees, o imagines. Llegarás a ver cuánto más seguro es este camino que andar tras visiones y profecías.

EL PROPÓSITO DEL SUFRIMIENTO

Dios nunca te hace sufrir innecesariamente. Con tu sufrir Él tiene la intención de sanarte y purificarte. La mano de Dios te hiere lo menos posible.

La ansiedad trae sufrimiento. A veces sencillamente no estás dispuesto a sufrir, y acabas resistiéndote a la obra de Dios. Si pones a un lado todos tus deseos inquietos y tu ansiedad, experimentarás la paz y libertad que Dios da a Sus hijos. El yugo que da Dios es fácil de llevar si lo aceptas sin tratar de escapar. Haces que la vida te sea más dolorosa cuando resistes a Dios en lo más mínimo.

Sueles regatear con Dios para poner un límite a tu sufrimiento. El propio capricho interior que hace necesaria la obra de la cruz en tu vida es el mismo que intenta empujar la cruz a un lado. Dios tiene que empezar contigo desde cero cada vez que le echas a un lado.

Hay veces que Dios se lleva Sus dones hasta que los puedas poseer con pureza. Si no fuera así te envenenarían. Es raro poseer los dones de Dios sin afán de posesión. Crees que todo es para ti. No piensas primero en la gloria de Dios, pues de otro modo no te deprimirías cuando tus bendiciones visibles se desvanecen. La verdad es que casi sólo te preocupas de ti mismo. El amor propio se siente orgulloso de sus hazañas espirituales. Has de perderlo todo para encontrar a Dios sólo por Sí Mismo. Pero no vas a perderlo todo hasta que te sea arrancado de un tirón. ¡No empezarás a desprenderte de ti hasta que te despeñen por un barranco! Él quita para volver a dar de una forma mucho mejor.

Mira el ejemplo de las amistades. Al principio Dios te atrae al derramar Su presencia en ti. Estás dispuesto a orar y a dejar atrás tus deleites y amistades egoístas. Renuncias a todo aquel que no se sienta como tú te sientes. Muchas personas nunca pasan de este lugar. Algunos pasan de ahí cuando dejan a Dios desnudarles de todo, pero se deprimen cuando todo se convierte en una carga. Lejos de buscar amigos, los amigos con que antes solía pasarlo bien, ahora le incomodan. Aquí hay agonía y desespero. No es posible hallar gozo.

¿Te sorprende tal cosa? Dios se lo lleva todo porque no sabes amar, y no hablemos de la amistad. La idea misma hace que se te salten las lágrimas. Todo te abruma. No sabes qué hacer. Estás de malhumor y lloras como un niño. Eres un amasijo de tumultuosas emociones que cambian de un instante a otro. ¿Te parece difícil creer que una persona fuerte y altruista pudiera llegar a un estado semejante? Hablar de amistad es como hablarle de baile a un enfermo.

Espera a que pase el invierno. Tus verdaderos amigos volverán a ti. Ya no amarás por ti mismo, sino en y para Dios. Antes, de alguna forma tenías siempre miedo de perder… por muy generoso que parecieras. Si no buscabas riqueza ni honor, buscabas un interés en común, o confidencia, o entendimiento.

Si te llevas estos consuelos, te duele, te daña, y te ofende. ¿No te muestra esto quién amas de verdad?

Cuando lo que amas en alguien es a Dios, estarás al lado de esa persona a pesar de todo. Si la amistad se rompe en el orden de Dios, estás en paz. Puede que sientas un profundo dolor, pues la amistad era un gran don, pero es un sufrimiento tranquilo, y libre de la agria pena de un amor posesivo. El amor de Dios te hace libre.

No malgastes tu sufrimiento. Deja que el sufrimiento lleve a cabo lo que Dios quiere que haga en tu vida. Nunca te endurezcas tanto que sufras sin razón y sin ninguna finalidad. Pablo dice, “Dios ama al dador alegre.” Cuánto ha de amar Él a aquellos que con gozo se entregan a sus tratos.

PARTE II

UNA VIDA DE SENCILLEZ

SENCILLA OBEDIENCIA

Promueve la paz. Haz oídos sordos a tu acalorada imaginación. Tu activa imaginación dañará tu salud y secará en gran manera tu vida espiritual. Te preocupas enfermizamente sin razón. La paz interior y la dulce presencia de Dios huyen ante el desasosiego. ¿Cómo puedes oír a Dios hablar a su manera dulce y tierna, cuando tus apresurados pensamientos crean un remolino por dentro? Estáte tranquilo, y pronto Él se hará oír. Permítete un exceso: ser excesivamente obediente.

Pides alivio, pero no ves se te ha guiado hasta el borde de una fuente que rehusas beber. La paz y el consuelo sólo habrán de hallarse en sencilla obediencia. Sé obediente sin hablar demasiado de lo obediente que eres. Pronto encontrarás ríos de aguas vivas fluyendo dentro de ti. Si crees mucho, recibirás mucho. Si no crees nada, nada recibirás, y sólo seguirás escuchando a las historias que tu vacía imaginación te cuenta.

Deshonras al verdadero amor al suponer que se preocupa de las insignificancias que centran de continuo tu atención. Satanás está disfrazado de un ángel de luz. Asume la forma de un amor legalista y de una conciencia muy sensibilizada [2] . Ya deberías saber de los problemas a los que él te conducirá si te convence para que seas un fariseo. Rechaza su progreso.

Si sólo te dejas avasallar por deseos sencillos y poco complicados, le serás a Dios de mayor agrado que si murieras la muerte de cien mártires. Deja caer tus ansiedades sobre el hecho de haber tardado tanto en ofrecer este sacrificio en simplicidad a Dios. ¿Puede dudar el verdadero amor cuando el Buen Amado así lo pide?

EL PELIGRO DE

LA AMBICIÓN ESPIRITUAL

Estoy contento de saber que estás bien, y de contarme de una forma sencilla todo cuanto ocurre dentro de ti. Nunca dudes en escribirme sobre cualquier cosa que pienses que Dios te esté pidiendo.

No sorprende que seas muy ambicioso en avanzar en tu vida espiritual y hallarte en compañía de aquellos que tienen reputación de ser espirituales. No importa su apariencia, estas cosas siguen adulando a tu amor propio. No trates de llevar a cabo tus ambiciones de hacerte más espiritual, o ser tenido en compañía de las personas que son honradas por su espiritualidad. Tu meta debiera ser morir a cada una de dichas ambiciones dejándote humillar. Debes aprender a aceptar la oscuridad y el solaz desprecio mientras mantienes tus ojos puestos únicamente en Dios.

Puedes oír interminables sermones sobre una vida perfecta. Puedes saber todo lo que se predica sobre el tema y aún estar más lejos de la perfección que nunca. Tu meta primordial habría de ser hacer oídos sordos al yo, mientras se escucha a Dios en silencio. Deberías renunciar a tu orgullo y entregarte a lo que agrade a Dios. Habla poco y haz mucho, sin preocuparte de si te han visto o no.

Dios te enseñará más que incluso el más maduro cristiano. Él te enseñará mejor que todos los libros del mundo. ¿Por qué tiendes tanto hacia el conocimiento? ¿No te das cuenta de que todo lo que necesitas es ser pobre en espíritu, y no saber nada excepto a Cristo, y a Cristo crucificado? El conocimiento envanece, es sólo el amor el que edifica. (I Corintios 8:1) Conténtate con tan sólo el amor.

¡Qué! ¿Crees que la forma de amar a Dios viene por acumular más conocimiento? Ya tienes más de lo que puedes usar. Practica lo que ya sabes en vez de buscar más conocimiento. Te engañas a ti mismo si crees que estás creciendo espiritualmente porque tu curiosidad ha explorado intelectualmente alguna idea espiritual. Humíllate a ti mismo, y no esperes recibir del hombre lo que sólo Dios puede dar.

LA PROFUNDIDAD DEL ORGULLO

Sabes lo que Dios quiere de ti… ¿cómo puedes negarte? Sientes que tu resistencia a Su llamada proviene por completo del amor propio. ¿Permitirás que tu orgullo crezca y se invente más excusas ingenuas con el mero fin de rehusar la misericordia de Dios? Aplicas demasiados principios morales a tus pensamientos vagabundos… sólo aprende a ignorarlos. Confiesas cosas que mejor harías en pasar por alto. No obstante, el hecho de que resistas de continuo al Espíritu Santo no te preocupa en absoluto. ¿Será porque a Dios no le parece adecuado darte lo que quieres, y de la forma que lo quieres?

El interés propio y el orgullo te hacen rechazar los dones de Dios porque no vienen con el lazo que es de tu gusto. ¿Cómo vas a ser capaz de orar? ¿Qué es lo que Dios te está diciendo en lo recóndito de tu espíritu? Lo único que Él pide es muerte, pero tú no quieres otra cosa más que vida. ¿Cómo le puedes pedir que conteste una oración de la forma en que tú quieres que se conteste?

¿Importa acaso si recibes los dones de la gracia de la manera en que un mendigo recibe pan? Esto no hará que los dones sean menos puros o menos preciosos. Recibe con humildad la dulce gracia que Dios quiere darte.

LA MÁSCARA DE LA

PROPIA NATURALEZA

Amarte a ti misma egoístamente cierra el espíritu. Te introduces en una camisa de fuerza cuando te encierras en el yo. Cuando sales de esa prisión experimentas lo inmenso que es Dios, y cómo Él pone en libertad a sus hijos.

Me gozo en que Dios te haya reducido a debilidad. No vas a ser convencida de la existencia de tu propio amor propio ni serás librada de él de ninguna otra forma. El amor propio encuentra fuerzas ocultas y escondrijos secretos a causa de tu fuerza natural y tu ingenio para sobrevivir. No puedes ver tu egoísmo. El egoísmo se alimenta del sutil veneno de una aparente generosidad de siempre sacrificarse por otros. Dios obligará a tu antigua naturaleza a chillar y a salir a campo abierto. ¿Ves lo celosa que eres en realidad?

La debilidad es muy dolorosa, pero también es muy útil. Mientras el amor propio exista, vas a tener miedo que se descubra. Siempre que quede el más mínimo rastro de amor propio en las secretas moradas de tu corazón, Dios le dará caza, y, por algún martillazo infinitamente misericordioso, obligará a tu egoísmo y envidias a salir de su escondite. El veneno entonces se convierte en cura. El amor propio, expuesto a la luz, se contempla horrorizado. Las lisonjeras ilusiones de toda la vida que has mantenido a flote son forzadas a morir. Dios te permite ver a quién adoras en realidad: a ti misma. No puedes hacer otra cosa más que verte a ti mismo. Así mismo, eres incapaz de ocultar tu verdadero ser de otros.

Así que arrancar al amor propio su máscara es el castigo más humillante que pueda infligirse. Ves que ya no eres tan sabia, paciente, educada, controlada, y valiente en tu sacrificio por otros como te habías imaginado. Ya no te alimentas de la creencia de que no necesitas nada. Ya no piensas que tu “grandeza” y “generosidad” se merecen un mejor nombre que “amor propio”. Ahora ves tu egoísmo como el de un niño estúpido que berrea por la pérdida de una manzana. ¡Pero el tormento se extiende porque también gritas de rabia por haber llegado tan sólo a llorar!

Nada te puede consolar porque tu venenoso carácter ha sido descubierto. Ves toda tu estúpida rudeza y condescendencia. Mira tu propio reflejo repulsivo. Di junto a Job, “el miedo que presentía me ha sobrevenido; lo que me daba terror me ha acontecido.” (Job 3:25) ¡Bien! Aquello a lo que más miedo tiene tu vieja naturaleza es lo que necesita destrucción.

Dios no necesita atacar lo que ya está muerto. Sólo lo que vive ha de morir. Lo que necesitas es convencerte de tu excesiva ñoñería. Todo cuanto tienes que hacer es estar dispuesto a verte como eres. En el momento que lo hagas, empezarás a cambiar.

Pides un remedio para ponerte bien. No necesitas ser curada, necesitas que te maten. No busques una cura; deja que llegue la muerte. Ten cuidado, no obstante, de tomar la gallarda resolución de no dejarte curar. Esto puede llegar a ser un remedio disfrazado, e incluso podría ofrecer ayuda y consuelo a la vida propia. No busques consuelo para el amor propio, y no ocultes tu enfermedad. Deja que simplemente todo se vea, y luego déjate morir.

Esta muerte no ha de ser llevada a cabo por fuerza alguna que provenga de ti. La debilidad es lo único que debieras poseer. Toda fuerza está fuera de lugar. Sólo hace que la agonía sea más larga y dolorosa. Si mueres de agotamiento, morirás más rápido y con menos violencia.
Publicado el 15-09-2003 | 5:21 pm

Morir es necesariamente doloroso. Los estimulantes son una crueldad para los que están siendo torturados. No quieren más fuerzas… sólo anhelan el golpe fatal. Si fuera posible ayudar al torturado debilitándole y apresurando su muerte, su sufrimiento sería acortado. Pero Él nada puede hacer. La mano que le ató a su potro de tortura es la única que puede acabar con él.

No pidas remedios o fuerza, ni siquiera la muerte. Pedir la muerte es falta de paciencia. Pedir comida o cura es prolongar tu agonía. ¿Qué vas a hacer? No busques nada. No te sujetes a nada. Confiésalo todo, pero no para buscar alivio, sino para ganar humildad y un deseo de rendición.

No me mires como un medio de vida, sino como un medio de muerte. Un instrumento de vida no serviría para su propósito si no ministrara vida. Un instrumento de muerte no se merecería dicho nombre si mantuviera viva a las personas en vez de matarlas. Permíteme ser, o qué menos que aparentar, duro, sin sentimientos, indiferente, inmisericordioso, molesto, y desconsiderado. Dios sabe cuán lejos está de la verdad, pero Él permite que todo parezca así. Te seré de mucha mayor utilidad a través de este personaje falso e imaginario que por medio de mi afecto y ayuda real. La cuestión no es saber cómo puedes mantenerte con vida, sino cómo has de perderlo todo y morir.

MOTIVACIONES ERRÓNEAS

Hay algo engañosamente incorrecto en la manera que tratas con tu sufrimiento. Mientras que por fuera sólo pareces preocupado por la gloria de Dios, la propia naturaleza sin conquistar te está causando problemas en lo recóndito. Estoy seguro que quieres que Dios sea glorificado, pero quieres que Su gloria se exprese a través del testimonio de que Él te ha hecho perfecto. Permíteme que te diga que esto alimenta al amor propio. Sencillamente, es una sutil argucia de la naturaleza propia.

Si en verdad quieres madurar a través del descubrimiento de tus defectos, no te justifiques ni condenes en ellos. En vez de eso, tráelos con mansedumbre ante Dios. Ponte de acuerdo con Él en todas las cosas… incluso en aquellas que no puedas entender.

Permanece en paz, pues la paz es lo que Dios desea para ti sin importar lo que ocurra. De hecho, existe una paz de conciencia que los pecadores deberían disfrutar desde que se arrepienten. El sufrimiento debería ser pacífico y estar templado con el consuelo de Dios. Recuerda la maravillosa palabra de Dios que en una ocasión te deleitó… el Señor no estaba en el ruido y fragor, sino en una voz apacible y delicada. (I Reyes 19:11)

TRATANDO CON TUS DEFECTOS

No te preocupes de tus defectos. Tiendes a buscar lo que Dios puede dar en vez de buscar a Dios Mismo.

Acabo de leer a alguien que ha leído la biografía de una persona piadosa. Estaba tan enfadado al comparar su imperfección que renunció completamente a la idea de vivir una vida devota a Cristo. ¡No seas así! Si miras lo imperfecto que eres, te sacarás a ti mismo de quicio e interrumpirás la presencia de Dios y su obra perfecta dentro de ti. La vergüenza que sientes al ver tus propias faltas es un problema mayor que los defectos originales.

Francisco de Sales dijo que es fácil enredarse con el amor en vez de con el Buen Amado. Si Dios fuera el único objeto de tu afecto sólo estarías interesado en Él. Cuando estás ocupado tratando de captar el sentimiento de que Él te ama, aún sigues ocupado contigo mismo. Cuanto más pacífico y abierto esté tu espíritu, tanto más cerca sentirás a tu Señor.

VIVE EN EL MOMENTO PRESENTE

Vive en paz sin preocuparte del futuro. La preocupación innecesaria y el imaginar el peor de los escenarios estrangulará tu fe. Sólo Dios sabe lo que habrá de sucederte. La verdad es que ni siquiera eres dueño del momento presente, pues incluso éste pertenece a Dios. Así que vive según Su voluntad.

Cada día hay suficiente con lo que Dios te da para hacer… no se espera más ni menos de ti. Quién eres tú para decirle al Señor, “¿por qué me haces esto?” Él es el Señor… deja que haga lo que a Él le parezca bien. En verdad que no necesitas añadir tu sabiduría y tus planes a Su sabio y buen plan. Comer el fruto de tu propia sabiduría es siempre una experiencia amarga. Dios permite esto para mostrarte cuán desagradable es ignorar Su guía. El futuro aún no es tuyo… a lo mejor nunca lo será. Y cuando llegue el mañana probablemente sea diferente de lo que habías imaginado.

No basta separarte de los caminos del mundo. También debes dejar que la humildad se forje dentro de ti. La separación del mundo significa no dirigir el rumbo hacia las cosas externas. Cuando la humildad se forme en ti dirigirás tu rumbo lejos de tu propia naturaleza.

Toda traza de orgullo debe ser conquistada. Tu orgullo al pensar que sabes mucho de las cosas espirituales es más peligroso que ser un multimillonario. El orgullo te ayuda a creer que eres importante de una forma mucho más sutil.

Pon a un lado tu propio interés, y simplemente deja que la voluntad de Dios se desenvuelva a tu alrededor. Todo cuanto Él hace es por tu bien. Adórale sin tener que ver y saber todo. Sigue con las cosas buenas que haces, ya que sientes que debes hacerlas y que puedes hacerlas con facilidad. Evita las cosas que te distraigan de Cristo, y ten cuidado en que toda tu energía extra no te meta en problemas. Sobre todo, vive en el momento presente y Dios te dará toda la gracia que necesites.

LIDIAR CON LAS OFENSAS

Por supuesto, simpatizo con todas tus tribulaciones. Lo único que puedo hacer es orar para que Dios te consuele. Necesitas de verdad que el Espíritu de Dios te dé fuerzas en tus tribulaciones. Su espíritu atará el avance de tu fuerza natural. Es normal que quieras defenderte de los problemas que ahora enfrentas. Pero no las combatas con tu propia fuerza.

En lo que se refiere a la carta sobre tu nacimiento, creo que la deberías entregar a Dios. Pide la misericordia de Dios sobre aquel que quiera dañarte. Siempre he tenido la sensación de que eras muy sensible con este asunto.

Dios siempre te ataca en el punto débil. No intentas matar a alguien golpeándole donde es más fuerte. Tienes que apuntar a sus órganos vitales: el seno de la vida. Cuando Dios apunta para matar a tu vieja naturaleza, Él toca el punto más tierno… ¡el punto que rebosa de vida! Esto es por lo que ofrece la suerte de pruebas que Él te da.

Déjate ser humillado. Si eres silencioso y pacífico cuando te sucedan cosas humillantes, crecerás en gracia. Me doy cuenta de que te verás tentado a defenderte por miles de razones diferentes. Pero es mucho mejor estar humildemente en silencio. La humildad que aún puede hablar hay que observarla más de cerca. Lames demasiado tus heridas cuando hablas.

No te enfades en extremo cuando se digan cosas de ti. Deja que el mundo hable; sólo busca hacer la voluntad de Dios. Nunca serás capaz de satisfacer por completo a las personas, y el doloroso esfuerzo no merece la pena. Una paz silenciosa y una dulce relación con Dios te recompensará por toda palabra de mal proferida contra ti. Ama a tu prójimo sin esperar su amistad. La gente va y viene… deja que hagan lo que les agrade. Mira a Dios solamente. Él es el que te aflige o consuela a través de las personas y las circunstancias. Lo hace por tu propio beneficio.

DISTRACCIONES

Ruego que este nuevo año haya de ser un año lleno de gracia y bendiciones para ti. No me sorprende que no disfrutes la oración interior como lo hacías al principio. Todo placer tiende a agotarse. Una personalidad activa, acostumbrada a mucha actividad, se desmayará cuando esté en soledad. Durante mucho tiempo has estado distraída por mucha actividad externa. Estoy al tanto de los problemas que enfrentarás a medida que busques vivir una vida totalmente entregada a la voluntad de Dios.

Al principio la vigorosa fuerza de tu entusiasmo te ayudará a salir indemne de tus problemas, da igual lo grandes que sean. Cuando te sientes fuerte tienes la sensación de que puedes hacer cualquier cosa. Cuando te desanimas, crees que no puedes hacer nada y que todo está perdido. Pero ambas sendas están erradas.

No te turbes por ninguna distracción que experimentes en oración. Las distracciones están arraigadas muy dentro de ti, incluso cuando quieres orar internamente. Tu temperamento y costumbres te hacen ser muy activo. Sólo cuando estés completamente agotado buscarás una vida más sosegada.

Cuando lleves fruto, poco a poco llegarás a la experiencia de una vida interior más profunda con menos distracciones. Dios te dio un bocado antes con el fin de que pudieras ver hacia dónde quería guiarte. Luego Él se lleva este maravilloso sabor para que puedas ver que no te pertenece. Mira con claridad que todo lo que Él da es un don de gracia que debe ser recibido con humildad.

No te sorprendas al verte extremadamente susceptible, impaciente, orgulloso, y con una recia voluntad propia. Date cuenta de que ésta es tu disposición natural. Agustín dice que debes llevar el yugo de la confesión diaria de tus pecados. Aprende a sentir tu propia debilidad, tu camino, tu incapacidad de corregirte. Desespera de tu propio corazón y espera sólo en Dios. Sopórtate, pero no te halagues al pensar que eres mejor de lo que eres. No te niegues experimentar nada que sea necesario para tu corrección.

Puedes ver tu propio carácter, pero espera en el reloj de Dios para transformarlo. Déjate ser humillado bajo Su mano todopoderosa. Cada vez que sientas cualquier resistencia en tu voluntad, ríndete a Dios. Cultiva el silencio tanto como sea posible. No tengas prisa para juzgar. Retén tus decisiones, tus gustos y disgustos. Párate en seco cuando tu actividad sea demasiado precipitada. No estés ansioso ni aún por lo bueno.

ESCUCHA A DIOS

No escuches a tu propia naturaleza. El amor propio cuchichea en un oído y Dios cuchichea en el otro. El primero es desasosiego, imprudencia, ansiedad, y precipitación; el otro es sencillo, pacífico, y no habla más que pocas palabras en una voz suave y mansa. En el momento en que escuches al vozarrón del yo no oirás los delicados tonos del amor santo. Cada cual habla de una sola cosa. El amor propio sólo habla de sí… nunca se le presta la suficiente atención. El amor propio habla de que se le considere. El yo desespera de todo excepto de una adulación directa.

El amor de Dios, al contrario, susurra que lo propio ha de olvidarse… ser tenido en nada para que Dios haya de ser todo. Dios quiere llenarte por completo y unirse a Sí Mismo contigo. Deja que el vano y quejumbroso balbuceo del amor propio se silencie para que en la quietud del corazón puedas escuchar el amor de Dios.

Mientras vivas en la tierra sólo puedes comprender en parte. El amor propio, que es la fuente de tus defectos, es el mismo que oculta los defectos. El amor propio tiene que ser desarraigado de ti para que Dios pueda reinar dentro de ti sin oposición.

La luz de Dios te mostrará lo que en realidad eres, y también te sanará de tus pecados. Hasta que no te ves bajo la prístina luz de Dios no te conoces. En realidad dependes de ti mismo mucho más de lo que piensas.

El amor de Dios te hará ver claramente que Él te ama sin parcialidad y sin halagos. Así es como debes verte a ti mismo, al igual que a tu prójimo. Pero relájate, ¡Dios sólo te muestra tu debilidad en la medida en que ofrece el valor para sobrellevar la visión! Se te mostrarán las imperfecciones una a una en la medida en que seas capaz de encararlas. A menos que Dios te diera la gracia para ver tus debilidades, el conocimiento de ellas sólo te llevaría al desespero.

Aquellos que corrigen a otros deberían esperar a que el Espíritu Santo fuera delante de ellos y tocara el corazón de la persona. Aprende a imitar a Aquel que reprende con mansedumbre. Las personas no necesitan ver a Dios condenándoles, deben darse cuenta dentro de ellos que han hecho algo incorrecto. No uses de mano dura a no ser que quieras que las personas vean a Dios como un ogro enfadado. Cuando el defecto de una persona te saca de quicio, normalmente no es “indignación santa”, sino tu propia personalidad impaciente expresándose. He aquí al imperfecto señalando con el dedo al imperfecto. Cuanto más egoístamente te ames a ti mismo, tanto más crítico serás. El amor propio no puede perdonar el amor propio que descubre en otros. Nada es tan ofensivo a un corazón altivo y vanidoso como la vista de otro.

El amor de Dios, no obstante, está lleno de consideración, paciencia, y ternura. Guía a las personas lejos de su debilidad y pecado pasito a pasito. Cuanto menos egoísta seas, tanto más considerado serás hacia otros. Espera largo tiempo, años, antes de dar consejo. Y entonces ofrece sólo consejo a medida que Dios abra los corazones de los que van a recibirlo. Si arrancas la fruta antes de que la fruta madure, la estropearás del todo.

Tus amigos imperfectos, y todos somos imperfectos, sólo te pueden conocer imperfectamente. Ven en ti lo que tú no puedes ver y pasan por alto mucho de lo que tú sí ves. Son prestos a ver las cosas que les ofenden, pero no miran en lo profundo de ti los defectos que están ocultos en lo más íntimo. Incluso sus mejores juicios no dejan de ser superficiales.

Escucha a la voz de Dios en silencio. Estáte dispuesto a aceptar lo que Él quiere mostrarte. Dios te mostrará todo lo que necesitas saber. Sé fiel en venir ante Él en silencio. Cuando oigas la voz sosegada y débil por dentro, es tiempo de estar en silencio. Esta voz no es un extraño a tu espíritu. Esto no es algo místico, sino práctico. Dentro de ti aprenderás a rendirte a Dios y a confiar en tu Señor.

DEJA QUE LA ANSIEDAD SE VAYA

Deja que tu ansiedad fluya aguas abajo como un torrente. ¡Menudas evidencias te fabricas para las más inverosímiles situaciones! Dios te permite, a pesar de tu buen juicio, estar ciego a lo que está delante de ti. Crees que ves claramente lo que ni siquiera existe. Dios será glorificado en tu vida si te rindes a Él. Nunca tomes decisiones importantes en un estado de angustia. Sencillamente no eres capaz de ver con claridad.

Cuando estés tranquilo y recogido te será más fácil hallar la voluntad de Dios. Vuélvete a la devoción y a la sencillez. Escucha a Dios y haz oídos sordos a ti mismo. Cuando estés en un lugar de calma y quieto descanso, haz cuanto sientas dentro de tu espíritu. Pero suponer que estás equilibrado cuando sufres la agonía de la ansiedad es prepararte para cometer una equivocación. Cualquier consejero espiritual experimentado te dirá que no tomes decisiones hasta que retomes tu paz y vuelvas a entrar en la oración interior. Nunca confíes en ti cuando estés sufriendo mucho, pues tu naturaleza es muy poco razonable y se solivianta con gran facilidad.

Dices que intento evitar que hagas lo que debes hacer. ¡Dios no quiera! No deseo animarte ni detenerte. Sólo quiero que agrades a Dios. Está más claro que el agua que fallarás al intentar hacer lo que Dios quiere si actúas cuando tu vieja naturaleza se sienta profundamente herida hasta el punto del desespero. ¿Harías algo sólo para hacerte feliz incluso si fuera en contra de la voluntad de Dios? Dios no quiera. Espera hasta que no te sientas tan herido. Permanece abierto a toda alternativa que Dios pudiera sugerir. Sacrifícalo todo por Su causa.

UNA GUÍA REPOSADA

Sé que Dios te guardará. Aunque no disfrutas de disciplina espiritual, sé fiel en buscar a Dios tanto como tu salud lo permita. Me doy cuenta de que comer, en lo físico y en lo espiritual, no te hace ahora mucha gracia. No obstante, debes comer para sobrevivir.

Sería bueno para ti si pudieras disponer de algunos instantes de comunión con aquellos miembros de tu familia en quienes tengas confianza. En cuanto a con quién deberías hablar… guíate por tu sentir interno de lo que sea adecuado en cada momento. Dios no te guía en base a tremendos emocionalismos, y me gozo por ello. Sé fiel a la voz mansa, y apacible.

Las emociones fuertes y los sentimientos profundos, o buscar señales, puede ser más peligroso que beneficioso. Seguro que tu imaginación se lanza por los cerros contigo detrás. Dios te guiará, casi sin que tú lo sepas, si eres fiel en venir ante Él en quietud. Come de Él y de Su palabra. Ámale y no te diré que hagas nada más. Pues si le amas, todo lo demás funcionará. No te estoy pidiendo un amor tierno y emocional, sino simplemente que tiendas al amor. Pon a Dios delante de ti y del mundo e incluso tus malignos deseos empezarán a ser transformados.

ACEPTA TU DEBILIDAD

He oído que estás enferma. Sufro a tu lado porque me eres muy querida. No obstante, no puedo hacer otra cosa que besar la mano que permite esta enfermedad. Rezo para que la beses junto a mí con amor. Has abusado de tu buena salud y este es el resultado.

Dios no sólo te mostrará lo débil que eres físicamente, sino lo espiritualmente débil que eres sin Él. Cuán fuerte serás cuando veas que eres del todo débil. Entonces siempre serás capaz de creer que estás equivocado. Ábrete a la clarividencia de los demás. No seas dogmático. Habla la verdad con sencillez.

Deja que otros te evalúen, pero no juzgues a nadie. Ofrece consejo sólo a los que lo pidan. Haz mención de los defectos ajenos sin tener mano dura o ser legalista. Y no hables para ganarte una buena reputación.

Ruego que Dios te mantenga fiel a Su gracia. El que la comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. (Filipenses 1:6) Sopórtate con paciencia. Entrega al Señor todo cuanto te moleste. Hazlo en quietud y en paz. Y no esperes que las cosas cambien de un día para otro.

Piensa poco y haz mucho. Si no te andas con tiento, te agenciarás de tanto conocimiento que necesitarás toda una vida extra para ponerlo en práctica. Hay un peligro al pensar que eres perfecto simplemente porque entiendes lo que debe ser la perfección. Todas tus bonitas teorías no te ayudarán a morir a ti mismo. El conocimiento fomenta la vida de Adán en ti porque te deleitas en lo secreto en tu revelación. Nunca confíes tu poder a tu propio conocimiento. Sé humilde. No confíes en tu vieja naturaleza.

QUE LAS COSAS SIGAN SU CURSO

Tu mente está demasiado ocupada y argumentas demasiado como para mantener una percepción sosegada de Dios. Si siempre estás razonando no puedes cultivar el silencio en el cual Dios habla. Sé humilde, sincero, y sencillo con las personas. Estáte reposado y calmado ante Dios.

Tus mentores son demasiado secos, intelectuales y críticos. Estas personas se oponen a una vida interior espiritual. Aunque sólo les escuches un poco, te llevarán lejos de una fe sencilla y mansa. Razonan demasiado y son enfermizamente cotillas. Los hábitos mal curados se prenden con facilidad, pues tienes una tendencia natural hacia ellos. Manténte alejado de cualquier cosa que te guíe a los viejos caminos.

Hace cuatro meses que no he tenido tiempo para estudiar. Pero estoy contento de entregar el estudio y no apegarme a nada que Dios quiera llevarse. Puede que este invierno tenga tiempo de poner un pie en mi biblioteca. Entraré con cautela y atenderé a la más leve insinuación de que Dios me quiera en cualquier otro sitio. Al igual que el cuerpo, la mente tiene que ayunar. No tengo deseo de escribir, hablar, que hablen de mí, razonar, ni persuadir a nadie.

Vivo cada día con sencillez. Soporto cualquier inconveniencia que se presente, pero también me entretengo cuando lo necesito. Los que escriben cosas en contra mía y me tienen miedo están tristemente engañados. ¡Que Dios les bendiga! No soy tan necio como para salir de mi senda para ir a molestarles. Como Abraham dijo a Lot: ¿No está delante de ti toda la tierra? Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha. (Génesis 13:9)

¡Bienaventurados los libres! Sólo Jesús puede hacerte libre. Te libera quebrando toda cadena que te retiene. ¿Cómo? Su espada divide marido y mujer, padre e hijo, hermano y hermana. En tanto haya algo en este mundo que signifique algo para ti, tu libertad sólo es una palabra. Eres como un pájaro retenido con lazo; sólo puedes volar hasta donde te deje el hilo. ¿Ves lo que quiero decir? Lo que quieres ganar vale más que todo lo que temes perder. Sé fiel en lo que sabes y se te añadirá. No confíes demasiado en tu mente… ¿cuántas veces te ha descarrilado?

Mi propia mente ha sido tal engañador que ya no cuento con ella. Sé sencillo. “Porque la apariencia de este mundo se pasa.” (I Corintios 7:31) Pasarás junto al mundo si sigues su patrón. La verdad de Dios permanece para siempre, así pues deja que Sus caminos tomen plena posesión de ti.

Te vuelvo a advertir: Ten cuidado con los filósofos. Te atraparán y te harán más daño que bien les sepas tú procurar. Sus discusiones son eternas, pero nunca se allegan a la verdad sencilla. Los intelectuales son unos curiosos insanos; son como conquistadores que destruyen el mundo sin poseerlo. Salomón mismo testifica de la vanidad del interminable razonar.

Nunca estudies asuntos espirituales a menos que Dios te anime a ello. Y no estudies más de lo que puedas abarcar. Estudia con un corazón lleno de oración. Dios es tanto Verdad como Amor. Sólo puedes conocer la verdad en la medida que ames. Ama la verdad y conocerás la verdad. Si no amas, no conoces el amor. Ama con un corazón humilde y la Verdad te amará. Sabrás lo que los filósofos no pueden conocer e incluso lo que los filósofos no quieren saber. Espero que obtengas el conocimiento que se reserva para los niños y los de mente sencilla. Dicho conocimiento está oculto a los sabios y prudentes. (Mateo 6:25)

EVITA A LOS

ENTROMETIDOS ESPIRITUALES

Estoy contento de que hayas encontrado las cualidades que estabas buscando en la persona de la que me hablaste. Dios pone lo que Él desea donde Él desea. Nos envía ayuda y luz a través de muy diferentes personas y circunstancias. ¿Te debería eso preocupar? Si ves que Dios te está enviando el socorro, no te apegarás tanto a la forma en que lo envió. Sus caminos están muy por encima de los nuestros.

Confía en Su senda y madurarás en humildad y sencillez. El Señor te mostrará que no tienes ningún poder en o de ti. Recibe lo que Él da y depende de Su Espíritu, que sopla de donde quiere. (Juan 3:8) No necesitas conocer los secretos de Dios… tan sólo sé obediente a lo que Él te muestra que hagas.

Pensar mucho te distraerá. Si te ves atrapado en tus pensamientos, apagarán tu sentir espiritual interno como una ráfaga de aire apaga una vela. Si te mantienes en la compañía de personas como esta, verás cuán secos están sus corazones y cuánto se han apartado sus mentes del centro. Es mejor estar alejados de ese tipo de personas.

También quiero advertirte de las personas que aparentan tener una vida espiritual interior. Es fácil confundir una viva imaginación con una verdadera experiencia espiritual. Observa con cuidado y verás que aún están indebidamente apegados a las cosas externas. Tus deseos caprichosos, dejados a su aire, te guiarán a obsesiones que estrangulan tu paz interior y silencio ante Dios. Permanece lejos de personas que suenan bien pero nunca exhiben un verdadero fruto del caminar interior. Su habla es engañosa y casi siempre los verás agitados, buscando los defectos, y llenos de sus propios pensamientos.

A estos entrometidos espirituales les molesta todo, ¡y casi siempre ellos son los molestos!

ESTÁTE SATISFECHO CON EL HOY

Ruego que nunca busques lo que puedes obtener por confiar en Dios, ni siquiera asirte a las cosas de esta vida, por muy importantes que te parezcan. Confía completamente en Dios. Él no te engañará, pero confiar en los oscuros deseos ocultos en tu corazón sí lo hará.

Sé tan humilde y sencillo entre los prestigiosos como cuando estás a solas ante Dios. No hagas nada por tu razonamiento natural. No busques un sentir de certeza. Ni siquiera tiendas a cosas mejores. El momento actual es tu único tesoro porque es aquí donde se halla la voluntad de Dios. ¡No insultes el hoy buscando un mejor mañana! ¡Mereces un desengaño cuando buscas consuelo de esa forma!

Recíbelo todo con un espíritu humilde. Mira que tu curiosidad no te haga buscar las cosas que no deberías. Ten cuidado también con el egoísmo que quiere retener algo bueno. Deja a Dios trabajar, y mira cada instante como si fuera todo el conjunto de la eternidad.

DATE LA ESPALDA

Tu única tarea es sobrellevar la debilidad de tu cuerpo y mente. La fuerza es perfeccionada en la debilidad. Sólo eres fuerte en Dios cuando eres débil en ti mismo. Tu debilidad será tu fuerza si la aceptas con un corazón manso.

Te verás tentado a creer que la debilidad y la humildad no forman parte de la confianza en Dios. Se tiene la idea generalizada de que al confiar en Dios se lo ofreces todo generosamente por lo mucho que le amas. Los sacrificios heroicos se tienen como verdaderos ejemplos de confiar en Dios. Confiar de verdad en Dios no es tan fascinante.

Confiar en Dios es un descanso sencillo en el amor de Dios, como un bebé se mece en los brazos de su madre. La confianza perfecta significa que debes darte la espalda a ti mismo sin siquiera percatarte de que te has dado la vuelta. Parece imposible, ¿no es verdad? Pero te digo que no puedes tener mayor confianza que saber que confías totalmente en Dios.

El meollo de la cuestión de confiar en Dios no es hacer grandes cosas con las que te puedas sentir bien, sino confiar en Dios desde un lugar de intensa debilidad. Aquí hay una manera de saber si en realidad has confiado en Dios en un asunto… no pensarás más sobre tema, ni sentirás una falta de paz.

ABRE TU CORAZÓN

Percibes dentro de ti lo que Dios desea, pero te resistes. No hay que extrañarse de que estés angustiado. Dices, “es imposible hacer lo que Dios quiere.” Bueno, esa es una verdadera invitación al desespero, ¿sí o no? Desespérate de ti mismo tanto como te venga en gana, pero nunca desesperes de Dios. Sabes que Él es todo bondad y todo poder. Dios te dará según tu fe. ¡Mira a Abraham que esperó en contra de la esperanza! ¡Mira a María cuando no dudó siquiera cuando le propusieron la cosa más increíble de la tierra!

Abre tu corazón. Lo has cerrado con tanta fuerza que ni siquiera quieres que Dios te ayude en este punto. ¿Cómo puede tener la gracia espacio suficiente para trabajar con una actitud como esa? Todo cuanto pido es que descanses en fe con un corazón manso. Dios lo hará todo por ti. Las cosas que parecen más imposibles y monstruosas serán llevadas a cabo sin que ni siquiera sepas cómo.

Mediante la circuncisión de tu corazón eres hecho un hijo de Abraham. Al igual que él, debes dejar tu país de origen y todo cuanto te es familiar, y salir sin siquiera saber adónde vas. ¡Menuda bendición! Déjalo todo y entrégate a Dios que te ama celosamente. Tú, por ti mismo, sólo puedes llevar a cabo cambios superficiales. No te conoces a ti mismo. Dios te conoce íntimamente, y sabe exactamente dónde excavar para encontrar la fuente de tus problemas. El amor propio es cobarde. El yo no tiene el valor de herirse hasta la muerte. La mano de Dios golpea en lugares inesperados y no deja nada sin descubrir. Tu amor propio clamará cuando Dios lo golpee. Asegúrate de que no haces nada para consolarle. Simplemente échate para atrás y deja a Dios hacer Su trabajo. Permanece en calma a medida que Él opera en ti y Su trabajo será un éxito.

Encuentro propia inspiración en Juan el Bautista, que se olvidó por completo de sí mismo para que sólo pudiera pensar en Cristo. Puso rumbo a Cristo con toda su vida, ¡menudo ejemplo expone ante ti!

VIVE LA VERDAD DE DIOS

A medida que leas un pasaje de las Escrituras, haz una pausa después de cada versículo o frase para oír lo que Dios pueda decir. Considera cómo Jesús practica lo que lees. Piensa en cómo otros creyentes fieles viven la verdad de Dios. Considera lo que puede estar impidiendo que vivas la verdad por ti misma. A medida que sientas tu incapacidad para vivir cierta verdad, acude ante Dios en silencio y humildad. Admira con claridad lo incapaz que eres. Pide a Dios que viva Su vida en ti, y que haga por ti todo aquello que tú misma no puedes. En verdad que Él terminará la obra que empezó en ti.

Permíteme ofrecerte un ejemplo. Supónte que estás leyendo Juan 17. En este pasaje Jesús dice a Su Padre: “Te he glorificado en la tierra; he completado la obra que me diste.” Cada cual tiene su propia obra pero no todo el mundo está haciendo la obra que Dios le ha dado a hacer. Todo lo que hagas que provenga del orgullo, o para desfilar ante los ojos del mundo, o simplemente porque agrada a tu vieja naturaleza no es la obra que Dios te da. Todo este tipo de obra proviene del mundo, o de la carne, o incluso del diablo.

Lo que Dios quiere que hagas es obrar en aquellas cosas que están en consonancia con Su naturaleza dentro de ti. Quiere reponer tu vieja naturaleza con Su mismísima naturaleza. Esto conllevará nuevos pensamientos y deseos. Aquí está la obra de Dios. Considera el ejemplo de los creyentes que han marchado delante tuya. Algunos de ellos lo pasaron mucho peor que tú. También eran débiles, pero terminaron su carrera espiritual.

No hablas a favor de Dios cuando exhibes un temperamento fuera de control. Su obra comienza en ti al querer alejarte de tu antigua vida. La mansedumbre es tu obra, Dios mío. He aquí la obra que Tú me has dado a hacer.

Puede que Dios te haya llamado a soportar que te sirvan de mala manera. Hazlo con gozo, pues ciertamente agradará a Dios. Recuerda que no eres llamado a ser bien servido, sino a servirle bien a Él. Aprende a ser manso y paciente con todo cuanto te turbe.

Cada día está lleno de cosas así y aprenderás a tratar con ellas. Cada uno de estos acontecimientos te enseñarán a vivir en la presencia de Dios. No confíes en tus buenas intenciones si no producen un sentir de vida dentro de ti. Busca hacerte manso y humilde. Si haces algo incorrecto que sólo te afecte a ti, arrepiéntete en calma. Si has agraviado a otros, a lo mejor con una palabra desagradable, entonces haz algún pequeño acto de bondad. Recuerda cuán mansa y pacientemente trata Dios contigo. Observa cómo Él trata contigo y de ahí aprende a tratar con otros. No te desanimes por tus errores. Nunca dejes de acudir a Dios.

CULTIVANDO EL SILENCIO

Simplemente traerte a ti mismo con mansedumbre ante Dios hará más que preocuparte o ser demasiado religioso. El silencio es muy importante. Aún cuando no puedas hallar un silencio absoluto, puedes intentar dejar a otros llevar la guía de la conversación. No hay mejor modo de mitigar la fuerza natural de tu vieja naturaleza que silenciándola. Guarda tu lengua. A medida que te hagas más consciente de la presencia de Dios dentro de ti, verás cómo Él es capaz de guardar tus palabras, tus pensamientos, y tus deseos a raya. Toda esta obra sucede lentamente, así que sé paciente contigo al igual que con los demás.

Trata de practicar el silencio tanto como la cortesía lo permita. El silencio anima la presencia de Dios, evita palabras bruscas, y te hace que tiendas menos a decir algo de lo que te arrepientas. El silencio también ayuda a poner un espacio entre ti y el mundo. Del silencio que cultivas surgirá la fuerza que demandan tus necesidades.

No importa cuánto cultives el silencio, aún habrá muchas situaciones engorrosas en las que te verás inmerso contra tu propia voluntad. Dios sabe que deseas tener mucho tiempo para orar, pero Él permite que seas rodeado de cosas que parecen evitar la oración.

Aprende a amar la voluntad de Dios más que la dulzura de la oración que uno escoge. Sabes muy bien que no necesitas orar encerrado en tu habitación para amar a Dios. Cuando Él te dé tiempo, úsalo para orar. Cuando no haya tiempo, estáte igualmente satisfecho. Eleva tu espíritu a Él sin hacer ninguna señal externa. Habla sólo cuando sea necesario. Soporta las cosas más duras que se crucen en tu vida. Necesitas más negarte a ti mismo que adquirir más luz. Sé fiel en guardar silencio y Dios te guardará del mal cuando hables.

Acepta lo que Dios escoge para ti. Esto es más importante que lo que tú escoges para ti, pues tiendes demasiado a ti mismo. Date a Dios día tras día. Él te lleva en Sus brazos como una madre lleva a su hijo. Cree, espera, y ama como un niño. Mira con amor y confianza a tu Padre celestial.

VIVE INSTANTE A INSTANTE

Es un don muy grande ser capaz de estar tranquilo cuando estás enfrentando situaciones que no parecen cambiar. Soporta todas las molestias e inconvenientes de tu situación presente. Míralas como ejercicios que Dios ha diseñado para tu crecimiento. Él te está enseñando a sobrellevar situaciones difíciles sin deprimirte. Tus emociones pueden estar por los suelos, pero tu hombre interior está siendo elevado. Esta paz es tanto más preciosa cuando no existan causas terrenales para experimentarla.

Es maravilloso estar dispuesto a aceptar todas las situaciones, no importa cuán difíciles. Es bueno que nunca se diga, “esto es demasiado para mí, no puedo soportarlo.” Depende del Todopoderoso. La mano de Dios te sostiene. No intentes mirar demasiado lejos, tan sólo vive el instante ante Dios. Ríndete a Dios con un corazón rebosante de confianza. Cuanto más te ama Dios tanto menos te perdona. Acepta cualquier consuelo que te tienda. Tan sólo vive para hacer Su voluntad.

PROCURA TU SALVACIÓN

Sé fiel a Dios en las cosas pequeñas. La mayoría de las personas malgastan la mayor parte de su vida lamentando sus malos hábitos. Hablan de pasar una nueva página, pero en realidad nunca procuran su propia salvación. Cada instante tienes el privilegio de entrar en mayor plenitud en tu salvación. A medida que Dios te dé cada instante, úsalo. No tienes garantía alguna del mañana.

Escucha a Dios, vive en Su presencia, y evita las cosas que te separan de Él. Ámale sobre todas las cosas. Somete tus planes a Su voluntad. Averigua lo que Él quiere para ti y entonces hazlo presto. Las cosas pequeñas se hacen grandes cuando son hechas como Dios quiere.

No trates de juzgar la importancia de algo si Dios te lo pide. Haz lo que Dios te pide desde el amor y la obediencia hacia Él… esto es suficiente.

Da igual lo difícil o molestas que se hagan tus circunstancias, eres libre porque has llegado a aceptarlas todas ellas de la mano de Dios. Lo más grande que existe es sufrir sin desanimarse.

VUÉLVETE A DIOS

Necesitas tomar tiempo para volverte a Dios. No ores sólo cuando hayas dispuesto tiempo para hacerlo. Cuanto más ocupado estés tanto más debes practicar volverte a Dios. Si esperas a que llegue el momento oportuno, no hay duda que acabarás pasando poco tiempo con Dios.

Intenta venir ante Dios tanto por la mañana como por la tarde. Ora durante todas tus faenas tanto como puedas. En tu caso no puedes apartarte demasiado del vacuo parloteo del mundo. Aprende a robar este tiempo a pequeños ratos, y hallarás en estos momentos la parte más preciosa del día.

¡No necesitas mucho tiempo para decirle a Dios que le amas! Eleva tu corazón a Él. Adórale en lo íntimo de tu espíritu. Ofrécele lo que haces y lo que sufres. Cuéntale a Dios las cosas más importantes que te ocurren; dile lo que más te llama la atención cuando lees la Biblia. Aférrate a tu más querido Amigo; vive en Él con confianza inquebrantable; habla con Él desde un corazón lleno de amor. A medida que aprendas a dirigir tu espíritu sin pausa hacia la amorosa presencia de Dios dentro de ti, te verás a ti mismo fortalecido para hacer lo que se requiere de ti. Aquí está el reino de Dios resucitando por dentro.

Estos tiempos de retiro interior son la única solución a tu temperamento irascible, naturaleza crítica, e impaciencia. Volverte a Dios te ayudará, pero vas a necesitar hacerlo con frecuencia.

A medida que Dios te atraiga a Sí Mismo, síguele con completa confianza. Ámale como a ti te gustaría ser amado. ¿Suena esto un tanto extravagante? No es darle demasiado. Según te vaya Él mostrando nuevas formas de amarle, hazlo así.

Habla y actúa sin demasiada preparación y auto-examen. Fija tus ojos en Dios y sentirás menos la necesidad de agradar a otros. La maravilla es que podrías acabar satisfaciéndoles mucho más.

EXTIENDE TU MANO HACIA Él

Intenta, sin llegar a forzarte a ti misma, volverte a Dios y tocarle tan a menudo como te sea posible. Incluso cuando quieras tocar al Señor y estés distraída, es importante que sigas trayéndote ante Él. No esperes a un momento de perfecta quietud cuando puedas encerrarte en tu habitación y estar sola. Sabes cuán difícil es encontrar un momento como ese. En el instante en que te sientas atraída hacia Dios es el momento de volverte a Él. Sencillamente extiende tu mano hacia Él con un corazón lleno de amor y confianza. Hazlo cuando conduzcas o te vistas o te arregles el pelo. Vuélvete a Él mientras estés comiendo u otros estén hablando. Cuando la conversación se haga aburrida, durante una reunión de negocios, por ejemplo, puedes encontrar unos breves instantes para tener comunión con tu Padre en vez de secarte por tanta charla innecesaria.

Sé fiel con tus tiempos de oración tanto si hallas o no algún consuelo en ellos. Utiliza el tiempo del día cuando estés poco atareada. Ocupa cada instante libre con Dios. Incluso cuando estés haciendo costura puedes estar al tanto de la presencia de Dios. Es más difícil estar al tanto de Su presencia cuando estás entrometida en una conversación, pero puedes aprender a sentirle dentro de ti, cuidando tus palabras, y reprimiendo todo brote de orgullo, odio, y amor propio. Haz tu trabajo con constancia y bien hecho. Sé paciente contigo misma.

Algo que también deberías recordar es observar tus acciones y retenerte si ves que estás a punto de hacer algo incorrecto. Si haces algo mal, carga con la humillación de tu error. Pero intenta rendirte de inmediato al aviso que el Espíritu Santo te está dando por dentro. Las faltas que se cometen por precipitarse, o a causa de la debilidad humana, no son nada comparadas con cerrar el oído a la voz interna del Espíritu Santo.

Y si cometes un pecado, date cuenta que enfadarse y compadecerse de uno mismo no hará ningún bien. Levántate y sigue sin dejar que tu orgullo saque las plumas.

Admite que estabas equivocada, pide el perdón, luego sigue adelante. Irritarse con uno mismo no es precisamente levantarse y seguir adelante en paz. No te enfades tanto por tus errores.

Normalmente lo que ofreces a Dios no es lo que Él quiere. Por lo general Él quiere lo que tú temes darle. Es Isaac, el buen amado, lo que Él quiere que entregues. Él anda detrás de lo que se sitúa entre tú y Él. No descansará, y tú tampoco, añadiría yo, hasta que le hayas dado todo. Si quieres prosperar y disfrutar la bendición de Dios, no retengas nada de Él. Gran consuelo, libertad, y fuerza prevalecen cuando nada se interpone entre tú y Dios.

SAL DE TI MISMO

Siempre que vivas en base a tu vieja naturaleza estarás abierto a todas las injusticias del hombre. Tu temperamento te meterá en luchas, tus pasiones chocarán con tu prójimo, tus deseos serán como tiernos brotes expuestos a las saetas del enemigo. Todo estará en tu contra… atacándote desde todas direcciones. Si vives por la misericordia de una muchedumbre de deseos de codicia y avaricia, entonces nunca hallarás la paz. Nunca estarás satisfecho porque todo te preocupará. Serás como un inválido postrado en cama durante años… donde sea que te toquen sentirás dolor. Tu amor propio es terriblemente susceptible. No importa lo poco que le insulten, chilla ¡asesino! Añádele a esto toda la insensibilidad de los otros, su repugnancia ante tu debilidad (y tu repugnancia ante la suya), y lo que tienes son los hijos de Adán atormentándose eternamente uno al otro.

La única esperanza es que salgas de ti mismo. Pierde todo tu interés propio. Sólo entonces puedes disfrutar la verdadera paz reservada para los hombres de buena voluntad. Personas así no tienen otra voluntad más que la de Dios. Si te allegas a un lugar así, ¿qué puede dañarte? Ya no serás atacado por tus esperanzas o miedos. Puedes estar preocupado, molesto, o afligido, pero puedes reposar en Él. Ama la mano que te disciplina. Encuentra la paz en todas las cosas… incluso yendo a la cruz. Estáte contento con lo que tienes. No quieras más. Ríndete a Dios y encuentra la verdadera paz.

VIVE DÍA A DÍA

Tu camino espiritual es un algo inquieto e impaciente. Simplemente confía en Dios. Si vienes a Él, Él te dará todo lo que necesitas para servirle. Necesitas de verdad creer que Dios mantiene Su palabra. Cuanto más confíes en Él, tanto más será capaz de darte. Si estuvieras perdido en un desierto imposible de cruzar, el pan caería del cielo sólo para ti.

No temas nada excepto fallar a Dios. Y ni siquiera temas este hecho tanto que llegue a sacarte de quicio. Aprende a vivir con tus fracasos, y carga con los fracasos de tus prójimos. ¿Sabes lo que sería lo mejor para ti? Deja de aparentar ser tan mental y espiritualmente perfecto para con Dios y el hombre. Hay mucho egoísmo y complacencia refinados en no dejar revelar tus defectos. Sé sencillo con Dios. A Él le encanta comunicarse con las personas sencillas. Vive día a día, no en tu propia fuerza, sino totalmente rendido a Dios.

ESPERANZA Y TEMOR

Nada es más difícil de tratar como la tensión entre la esperanza y el temor. Ser demasiado sensible te hace caer en la tentación de creer que tus tribulaciones son mayores que tus fuerzas. No conoces la fortaleza de tu propio corazón, ni hasta qué punto te probará Dios. Dios lo ve todo… la secreta intimidad de tu corazón y hasta dónde debe tratar contigo. Aprende a dejarle a Él esta porción. Lo que tú crees que es imposible puede que sólo sea blandura y cobardía. Lo que crees que es sobrecogedor puede que sólo sobrecoja a tu orgullo y amor propio… que poco soporta ser exprimido.

No tengas miedo de sentarte en silencio en la presencia de Dios. Pero no pienses que esto te hace madurar espiritualmente. No puedes hacer uso de la presencia de Dios para escapar del trato con tus debilidades. Y no permitas que tus devociones descuiden tus obligaciones. Sé sincero, humilde, y coopera con los que tienen autoridad.

Abre tu corazón al amor de Dios y recibe Su fuerza. Siempre que pongas todo tu corazón y espíritu sobre Él, te aferres a Su voluntad, y no descuides tus tareas, no serás engañado. Sigue a Dios.

PACIENCIA

Todo lo que se asemeje al orgullo o a un espíritu que pone a otros en ridículo revela a una persona que está llena de sí misma. Esta clase de persona no ve sus propios defectos sino que se agrada cuando ve que otros lo pasan mal. Aquí está la peor cara de tu naturaleza propia: se hiere fácilmente, está llena de desprecio, es altiva, celosa, incapaz de perdonar, y poco compasiva.

Tú y yo no somos perfectos. Debes ser paciente con tus defectos y con los defectos de otros. Sé práctico con tus expectativas. Nadie se hace perfecto en un día. Aún las personas más perfectas tienen muchas imperfecciones… ¡esto quiere decir que tú también! Si eres impaciente con las faltas de otros sólo demuestras lo imperfecto que eres. ¡Tus defectos y mis defectos hacen que sea difícil que seamos buenos amigos! Pero sólo podemos cumplir la ley de Cristo soportándonos entre nosotros.

Por otro lado, no excuses tus defectos o los defectos de otros. Deja que tu amor, paciencia, y buena voluntad, capaces de pasar por alto los arrebatos temperamentales, fluya entre tú y todos aquellos con los que te asocias. No picotees en los defectos ajenos. A nadie le gusta eso y sólo se consigue apartar más a las personas de lo que es bueno. Incluso puedes hacer que alguien se dé media vuelta después de dar sus primeros pasos inestables hacia Dios. Renuncia a tu naturaleza crítica y permanece en contacto con Cristo dentro de ti. Anímate a ti mismo y a los que están a tu alrededor a renunciar al orgullo y al egoísmo.

Vive una vida sencilla ante Dios. Acepta lo que Dios permite en tu vida. Su misericordia es lo que ha permitido que estos acontecimientos tomen lugar.

No te dejes irritar interiormente por los pequeños problemas y tribulaciones que se cruzan en tu vida. Resístelos como lo harías con un dolor de cabeza sin empeorarlos. Mientras tanto, sigue con tu oración interior como de costumbre. Cuando las cosas sean difíciles en tu vida, la oración será más difícil, el amor será menos tierno, y la presencia de Dios se sentirá menos. Sólo aprende a ser fiel durante estos tiempos de prueba… eso es todo lo que Dios pide. Mayor es la fuerza que arrastra un bote contra corriente un cuarto de nudo que todo un nudo con el viento en popa. Trata las quejas de tu naturaleza propia como ciertas personas tratan sus apetitos caprichosos. No las escuches y actúa como si no las sintieras.

DEPENDE DE DIOS

El mejor lugar donde estar es donde Dios te pone. Cualquier otro lugar no es deseable porque lo escoges por ti mismo. No pienses demasiado en el futuro. Preocuparte de cosas que aún no han ocurrido es malsano para ti. Dios Mismo te ayudará, día a día. No hay necesidad de acumular las cosas para el futuro. ¿No crees que Dios cuidará de ti?

Una vida de fe hace dos cosas: la fe te ayuda a ver a Dios detrás de todo lo que Él usa. Y la fe también te guarda en un lugar donde no estás seguro de lo que va a pasar a continuación. Para tener fe no puedes querer saber siempre lo que está pasando o lo que va a pasar. Dios quiere que sólo confíes en Él a cada instante. La fuerza que Él te da en este minuto no tiene por qué respaldarte al minuto siguiente. Deja que Dios se ocupe de Sus negocios. Tan sólo sé fiel a lo que Dios te pide. Depender de Dios en cada minuto —sobre todo cuando todo está oscuro y es incierto— es en verdad morir a tu viejo ser. Este proceso es tan lento e interior que a menudo está oculto tanto de ti como de otros.

Cuando Dios se lleva algo de ti puedes estar seguro de que Él sabe como reponerlo. Hay una leyenda que dice que cuando Pablo estuvo sólo en el desierto, un cuervo le trajo media hogaza de pan cada día. Si la fe de Pablo hubiera tambaleado y quisiera estar seguro de tener lo suficiente, podría haber orado que el cuervo le trajera lo suficiente para dos días. ¿Crees que al cuervo se le hubiera ocurrido regresar? Come en paz lo que Dios te ofrece. “El día de mañana traerá su propio afán.” (Mateo 6:34) Aquel que te alimenta hoy habrá de alimentarte mañana.

CALMA INTERIOR

He oído que estás teniendo problemas de sueño. Debes esperar a que llegue el sueño en paz. Si dejas que tu imaginación corra contigo cuando estás tratando de dormir, puede que nunca duermas. No creo que estés madurando espiritualmente hasta que vea que te has calmado lo suficiente como para dormir pacíficamente sin desasosiegos.

Pide a Dios calma y descanso interior. Sé en lo que estás pensando… que controlar tu imaginación no depende de ti. Perdóname, por favor, ¡pero depende mucho de ti! Cuando cortes todos los pensamientos inquietos y de poco provecho que puedes controlar, reducirás todos aquellos pensamientos que son involuntarios. Dios guardará tu imaginación si haces tu parte sin alentar los pensamientos de tu propia cosecha.

Vive en paz. Tu imaginación es demasiado activa; ¡te comerá hasta los huesos! Tu vida interior morirá de hambre. Todo ese zumbido en tu mente es como abejas en un panal. Si excitas tus pensamientos, ¡se van a enfadar y te picarán! ¿Cómo esperas que Dios te hable con Su voz suave e interna cuando armas tanto jaleo? Estáte quieta y oirás hablar a Dios. Vive en la paz de Jesús.

MALINTERPRETANDO LA ORACIÓN

Vuelve a la oración y a la comunión interior con Dios a cualquier precio. Has secado tu espíritu dando caza a este deseo tuyo sin saber si Dios lo quería para ti.

No malgastes tu tiempo haciendo planes que son meras telarañas… llegará un soplo de viento y las quitará de en medio. Te has apartado de Dios y ahora ves que Dios ha apartado Su presencia de ti. Vuelve a Él y dáselo todo sin reservas. No tendrás paz de ninguna otra forma. Deja que todos tus planes se desvanezcan… Dios hará lo que vea que es mejor para ti.

Aunque fueras capaz de llevar a cabo tus planes por medios terrenales, Dios no los bendecirá. Ofrécele tu embrollo y Él lo volverá todo hacia Su propio propósito misericordioso. Debes aprender a soltarlo todo, sea que Dios te dé alguna vez lo que tanto anhelas o no. Lo más importante es volver a una comunión con Dios… aunque parezca seca y te distraigas con facilidad.

NO ESCAPES

Me temo que vas a abalanzarte con frenesí sobre tus actividades diarias para escapar de las dolorosas circunstancias en que te encuentras. Necesitas venir a Dios y renovar Su presencia dentro de ti a lo largo del día.

Vive en la paz de Dios. Haz lo que se espera de ti mientras miras internamente al Señor. Sólo Él es digno de tu amor.

En el momento en que te percates de que tu vieja naturaleza te incita a hacer algo, rechaza inmediatamente su sugerencia. La gracia de Dios será entonces capaz de guardarte de caer en pecado.

No le ayudes a tu vieja naturaleza en nada. Aprende a sabotear cada plan que te presente tu vieja naturaleza. Apártate de toda alianza maligna. Cuando seas fiel de esta manera, será tan bueno para tu cuerpo como para tu espíritu y alma. No descuides tus obligaciones, pero no te dejes consumir por ellas.

CONOCIMIENTO PROPIO

Mientras esperas a que Dios te libere de ti mismo, necesitas echar una buena ojeada a cómo eres. No te sorprendas cuando te veas como realmente eres… impaciente, obstinado, muy irascible, y arrogante. Debes aprender a ser paciente contigo mismo sin caer en la negligencia. Humíllate bajo Su mano.

Ríndete a Dios desde el mismo instante en que te sientas resistiendo. Habita en el silencio tanto como te sea posible. Evita escoger tu propio camino, y retén tu opinión tanto como sea posible. Ponte riendas cuando te veas demasiado entusiasmado. Incluso aunque algo te parezca bueno, no lo sigas demasiado rápido.

Lo que deseo para ti es la templanza de corazón que proviene de sentarse ante Dios con un corazón pleno de amor hacia Él. No te preocupes de las cosas externas. Cuídate de tus asuntos a su debido tiempo con una atención tranquila y silenciosa. Harás más al trabajar con tranquilidad en la presencia de Dios que por la desasosegada actividad que proviene de tu vieja naturaleza.

ESTABILIDAD

No dejes que tus defectos te desanimen. Sé paciente contigo misma al igual que con tu prójimo. Pensar demasiado te agotará y te hará cometer muchos errores. Aprende a orar en todas tus situaciones diarias. Habla, actúa, y camina como si estuvieras en oración. De cualquier forma así es como debieras vivir.

Hazlo todo sin excitarte en exceso. En cuanto empieces a sentir que te estás apresurando, cálmate delante de Dios. Escucha cómo te inspira interiormente, y entonces haz tan sólo según Él dirija. Esta corta y sencilla petición es mejor que tus largas disertaciones interiores.

Vuélvete a Dios y será mucho más fácil apartarte de tus fuertes sentimientos naturales. Depende del Señor dentro de ti. Tu vida se hará paulatinamente una oración. Puede que sufras, pero será en paz.

DÉJALO IR

Debes dejar marchar tu desasosiego, tu excesiva curiosidad, tu anhelo de éxito, y tu hábito de acumular cosas que acarician tu ego.

La mejor forma de dejar ir todas estas cosas es cultivar un silencio interior donde puedas llegar a experimentar la presencia de tu Señor. Si haces esto cada día de tu vida, harás verdadero progreso en negarte a ti misma.

El sentarte en la presencia de tu Señor te calmará, suavizará tu temperamento, humillará tu actitud sabelotodo, y restringirá tu impaciencia. Te pondrás al tanto de tu Señor y de las necesidades de tu prójimo. Dios te ha bendecido al hacerte tan sensible. Cosas que a duras penas preocupan a otras personas te tocan hasta lo más íntimo. ¡No te preocupas ni te contentas a medias tintas! Pero te advierto que te guardes de tus gustos y aversiones puesto que optas por expresarte de esta forma tan pasional.

REALIDADES INTERIORES

Evita todo cuanto te seque o excite. Tu vida de oración se secará si no lo haces. No esperes poder alimentar tu vida interior si sólo vives por lo externo. La verdad es que tienes que aprender a renunciar a todo cuanto te hace demasiado abierto en tu conversación. ¿Cómo vas a cultivar un silencio interior si siempre estás hablando? No puedes querer a Dios y las cosas del mundo al mismo tiempo. ¿No te das cuenta de que tu oración se verá afectada por lo que cultivas en tu vida diaria?

Teme a tu excesivo entusiasmo, a tu gusto por las cosas del mundo, y a tus ambiciones secretas. No te emociones tanto con la política y sus tendencias. Si te soliviantas demasiado, será más difícil calmarte ante Dios. Habla poco y trabaja con constancia. Deja que las acciones tomen el lugar de tus floridas palabras.

Después de que aprendas a tratar con tus divagaciones mentales, debes aprender a venir ante Dios para renovar tu fuerza. Aprende a hacer esto incluso en medio de las tareas mundanas del día. Sigue mirando al Señor para procurar Su reposada guía. ¡Pero no seas tan ruidoso que no puedas escucharle!

Perderás el rumbo en el momento en que decidas ir a tu aire. Cuando buscas sólo la voluntad de Dios, la encuentras por todas partes, y no puedes extraviarte. Desear lo que Dios desea te sitúa siempre en la senda correcta. El futuro aún no es tuyo; puede que jamás lo sea. Vive en el momento actual. La gracia del mañana no es tuya hoy. El instante actual es el único lugar en el que puedes acariciar la esfera eterna.

DEJA DE LUCHAR

Eres buena, pero quieres ser mejor. Creo que estás tratando por todos los medios de usar tu vida interior para cambiar esas cosas externas de ti que son inaceptables desde un punto de vista social. En lo profundo de ti en realidad no estás cambiando. Déjame que te diga lo que ocurre cuando no permites que Dios trate con la raíz más profunda de tu vieja naturaleza. Te convertirás en algo muy crítico, duro, y farisaico. Mantendrás tus acciones en consonancia con ciertas normas de tu propia cosecha, pero en lo íntimo de tu ser no habrás cambiado. Por fuera parecerá que has obedecido… pero en lo interior estarás en un estado de rebelión. ¡Este no es lugar para vivir!

Presta más atención a tu vida interior. Toma tus deseos más profundos e intensos deseos y sitúalos en las manos de Dios. Pídele que te conquiste por completo. Entrégale tu arrogancia natural, tu sabiduría mundana, tu apego a tu casa, y tu temor de que nadie reconozca tu “grandeza”. También necesitas dejar a Dios tratar tu áspera actitud para con las cosas que no marchan como tú esperas.

Tu carácter no es tu mayor problema porque ya desconfías de él. A pesar de tus intentos de controlar tu mal humor, todavía saca lo mejor de ti. Esta humillación te hace mucho bien. Así que preocúpate de tus defectos más peligrosos. Más bien te veo del todo impaciente, y con falta de cierto dominio propio. Esto te es más humillante (¡y mejor para matar a tu orgullo!). Cuando eres demasiado perfecta con tu propio autocontrol puedes volverte áspera, crítica, y será fácil que te sientas ofendida por los demás.

A través de tu debilidad, aprende la compasión hacia los defectos de otros. La oración sincera ablandará tu corazón y te hará dócil, tierna, y moldeable en las manos de Dios. ¿Quieres que Dios sea tan crítico contigo como tú lo eres con otros?

Es demasiado fácil aferrarse a tu “buena reputación.” Mira cuidadosamente dentro de ti. En algún lugar de tu interior hay una frontera que no pasarás para ofrecerte a Él. Danzas alrededor de tus recelos y te obligas a creer que no los ves. ¡Si ves todas tus excusas, entonces algo tendrás que hacer con ellas!

Si Dios llega a romper alguna vez tus defensas, tocará donde más duele y te dejará que pongas toda clase de excusas para justificarte. Cuanto más te escondas para dar algo, tanto más obvio se hace que lo deberías dar. ¡Si fueras verdaderamente libre no te pasarías tanto tiempo argumentando con ello!

No regatees con Dios para salir de este lío de la forma más fácil y cómoda. Abraza la cruz. Vive sólo por el amor. Deja a Dios hacer lo que necesite hacer para extraer tu amor propio. Ora dentro de ti todo el día. Vive en oración… que toque todo cuanto haces. Estáte al tanto de la presencia de Dios dentro de ti… incluso cuando estés ocupada. Haz esto y la paz será tuya.

No serás perfecta por el hecho oír o leer de la perfección. Lo importante es no escucharte a ti misma, sino escuchar a Dios en silencio. Habla poco y haz mucho, sin cuidarte de si te han visto o no. Dios te enseñará más que cualquier libro o persona pudiera hacerlo. ¿Necesitas ir a la escuela para aprender a amar a Dios y negarte a ti misma? Sabes ya más cosas buenas de las que puedes practicar. Lo que necesitas es poner en practica lo que ya sabes. No intentes obtener más conocimiento antes de practicar lo que ahora puedes ver.

EVITA EL LEGALISMO

Asocia mucho rigor a tu gran libertad. Aprende a no exagerar nada. Habla la verdad sin embelesos, pero no seas duro con ella. Si tiendes ser demasiado exigente contigo mismo, te harás legalista. Si tratas de ser libre sin sostener altos principios para ti mismo, en breve te harás perezoso e indiferente.

Para ser verdaderamente fiel debes obedecer totalmente a Dios. Sigue la luz que te indica el camino que has de seguir. Trata de agradar a Dios en todas las cosas. No te dediques tan sólo a salir del paso obedeciendo lo menos posible. Haz cuanto esté en tu mano para agradar a Dios. Sin embargo, quiero decirte que no te enredes tratando de imaginarte si has cometido un “gran” pecado o un “pequeño” pecado. Entrégalo todo a Dios y no necesitarás evaluar tu propia acción.

No te deprimas cuando fracases. Tan sólo levántate y empieza de nuevo. Dios tiene mucha paciencia contigo… aprende a tener paciencia contigo mismo. Dios te perfeccionará a su debido tiempo. De nada sirve estar siempre mirando por encima del hombro para ver qué ha ido mal. Échate hacia delante con humildad. Dios no es un espía tratando de sorprenderte. No es un enemigo acechando en la sombra para hacerte daño. Dios es tu Padre y te ama, y quiere ayudarte si no haces otra cosa que confiar en Su bondad.

Es mucho mejor depender de Dios como tu ayuda porque en realidad no te puedes ayudar a ti mismo, y tampoco puedes ayudar a ningún otro sobre la tierra. Confía en Dios y halla el camino de la verdadera libertad.

Así pues te digo de nuevo que los principios y la libertad van mano con mano. En cuanto a ti diría que tu libertad está desequilibrada por tus principios. Pero por otro lado no eres tan estricto ni estás entregado a una total obediencia en todas las áreas como cabría esperar. Aprende a confiar en Dios y ábrete a Él por completo. Ríndete completamente a Dios a medida que Él te atrae hacia Sí.

No tengas miedo de perderte de vista y de sólo verle a Él. Cuán feliz serías si te abalanzaras por completo en ese océano de Amor. Acepta, con un corazón humilde, toda la gracia que Dios derrame en ti. Esto te preparará, como dice Teresa de Ávila, para nuevos y frescos dones de Dios.

LOS AMADOS

Nunca cuidarás mejor de los que quieres como cuando les sostienes ante Dios. Tú, por muy sabio que parezcas, tan sólo conseguirás ponerte por medio. Sólo lo que proviene de Dios puede solventar tus problemas. Tú, por ti mismo, no puedes convencer a nadie para que se vuelva a Dios. La vida está llena de tribulación y de momentos muy difíciles… sólo Dios sostiene nuestros corazones en Su mano. Él te fortalece al igual que fortalece a todos aquellos que confían en Él. Manténte de continuo en la presencia de Dios si quieres guiar a tu rebaño con seguridad. “Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.” (Salmo 127:1)

Sólo oirás hablar a Dios a medida que te acalles ante Él. ¿Parece una pérdida de tiempo? Conseguirás más en lo que tenga que ver con tus obligaciones externas cuando te apoyes por completo en tu Señor en tu interior. Si quieres hacer la voluntad de tu Padre celestial, serás alimentado interiormente al descubrir a Dios Mismo en esa voluntad.

BUSCANDO DEFECTOS

Da la impresión de que necesitas una mayor ternura al tratar con los arrebatos de los demás. ¿Por qué eres tan impaciente con las personas que no remedian sus faltas instantáneamente? Todo el mundo tiene defectos. Sé que no puedes evitar verlos, ni puedes evitar formar opiniones de los motivos de los que te rodean. Si fueras perfecta, podrías tratar con las imperfecciones de los demás sin permitir que te preocuparan.

No te sorprendas ante los defectos de personas buenas. Dios deja debilidades en todos nosotros. En aquellos avanzados, la debilidad va en proporción a su otra vida madura. En el campo, el campesino a veces deja un montón de arena para medir la cantidad de tierra extraída. Dios deja montones parecidos dentro de aquellos a los que perfecciona.

Una persona con defectos visibles puede estar más avanzada espiritualmente que alguien que está libre de tales defectos. Las personas “perfectas”, por lo general ven defectos de perfección en otros. Buscar defectos, siquiera dentro de sí, no es más que entusiasmo emocional. La senda de Dios es totalmente diferente. A veces Él permite que personas queden profundamente imperfectas para evitar que estén demasiado satisfechas consigo mismas. Les sería mucho más fácil que sus fracasos se corrigieran que sentirse conquistados por sus debilidades.

Las personas deben aprender a sobrellevar su propia debilidad al igual que la debilidad de los demás. ¿Por qué estás tan enfadado por las faltas de tu prójimo cuando las tuyas aún están sin corregir? Tus motivos no son del todo puros al querer ver a las personas perfeccionadas para la gloria de Dios: los defectos de las personas te molestan porque eres una melindrosa y eres difícil de agradar.

Será más fácil que ayudes a otros corrigiendo tus propios defectos que los suyos. Recuerda —y debieras, por tu propia experiencia— que dejar a Dios corregir tus defectos no es cosa fácil. Sé paciente con las personas… espera que Dios obre con ellos como Él desee.

Necesitas ser más blanda y compasiva con los defectos de los demás. Deja que todo cuanto te inquieta fluya como el agua bajo un puente. Vive en la presencia de Dios.

RINDE TU VOLUNTAD

El amor no depende de cómo te sientas. Tu voluntad es lo que Dios desea de ti. Dirige tu casa de buena manera, cría a tus hijos adecuadamente, renuncia a los placeres vanos. Busca ser sencilla, tranquila, y humilde. Deja que tu vida está oculta con Cristo en Dios. Esto es lo que Dios busca.

Cuando Dios te pida algo, no se lo niegues. Aprende a esperar a Dios. No te muevas hasta que Él te dirija. Cada día traerá sus propios problemas. Según trates con ellos madurarás más y más en Dios.

Deja que tu fe te fortalezca. Cuando te sientas totalmente débil descubrirás una fuerza que no es la tuya. Sabrás que la fuerza no es la tuya. Y si te desvías durante un breve instante, aprenderás la humildad cuando regreses. Tu Señor vive en el centro de tu espíritu. Vuelve a Él en ese lugar tanto como puedas. Ríndete a Dios y aprende a vivir por Él en vez de vivir de tu propia fuerza. Poco a poco, este aprendizaje de vivir mediante la fuerza de tu Señor, se va desperezando dentro de ti. Ya no te apegarás a las cosas que puedes ver sino que te apegarás a Dios, dentro de ti, y allí hallarás una profunda y verdadera comunicación.

CUMPLIDOS

No permitas que los cumplidos que recibes de personas ilustres se te suban a la cabeza. Por otro lado, no dejes que una falsa humildad te impida aceptar el consuelo de Dios cuando Él lo envía a través de otros.

Dios quiere que tomes lo que viene y no andar detrás de lo que no viene. Acepta simplemente lo que se te da. Mira sólo a Dios. Aprende a vivir sin esas cosas que a Dios le parece bien quitarte. Hay algunas cosas de las que Dios desea despegarte. ¿Ves que Dios permite que las personas te respondan de muchas formas con el fin de moldearte?

Confía en Dios sin temor. Aprende a aceptar tu debilidad a medida que dejas que Dios te cambie. De nada sirve impacientarte o deprimirte con tus defectos. Toma el hábito durante el día de llevarte interiormente ante Dios tan a menudo como te sea posible. Esto te tranquilizará.

AMOR PROPIO

Eres demasiado consciente de ti misma. También dejas que tus sentimientos te guíen demasiado. En el momento en que la oración deja de darte un profundo consuelo te desanimas. ¿Quieres encontrar la paz? No te encapriches tanto de ti misma, y ocúpate más de agradar a Dios.

El amor propio te volverá una sentimental hacia ti misma y se preocupará en exceso de tus problemas. Te verás invirtiendo todo tu tiempo preocupada con tus tribulaciones. Pronto toda esta preocupación formará una nube por encima del sentimiento de la presencia de Dios en tu vida, y entonces te verás profundamente deprimida. Pablo dijo, “no me juzgo a mí mismo.” Toma el consejo y te irá bien. Dale a Dios un reino vacío para que trabaje dentro de ti, y luego no gastes todo tu tiempo siendo introspectiva. Dios te mostrará lo que le desagrada y todo cuanto tendrás que hacer es simplemente dar la espalda a todo lo que sea indigno de tu Amado. ¡Deja de dedicarte tanto a ti misma!

Tu vieja naturaleza quiere ser perfecta. Te empujará por todos los medios para que seas una cristiana sobresaliente. Por favor, rehuye esta trampa. Tan sólo sigue al Señor. No necesitas verte como una mujer sabia, fuerte y virtuosa. Tan sólo sé una niña pequeña.

UN BUEN EJEMPLO

La enseñanza no es efectiva sin un ejemplo. Empieza siendo tú mismo un buen ejemplo, luego puedes hablar. Sé paciente. Con esto no quiero decir que seas indulgente con los pecados de las personas, sino que no te fastidie que alguien haga un lento progreso. Puedes desanimar a otros con facilidad cuando eres impaciente con ellos.

Cuanto más fuerces, tanto más necesitas aprender mansedumbre y bondad. Intenta entender las necesidades de las personas que cuidas y adáptate a sus necesidades. Muéstrales que tu corazón está abierto a ellos y déjales saber, por la experiencia, que hay seguridad para aquellos que te abran el corazón sin miedo. Nunca seas brusco. Sé amable y considerado. Decide despacio, pero sé firme. Corrígete antes de corregir a otros.

LA VIDA DIARIA

Haz una cosa: sigue tu instinto más interno hacia lo que es bueno. Antes era normal para ti seguir el mal. Ahora sigue a lo que es bueno.

¿Qué estás arriesgando al servir a Dios? Desde tu conversión, tu vida en rasgos generales seguirá su curso igual que antes. Tendrás el mismo trabajo y las mismas tribulaciones diarias. Pero tendrás el consuelo añadido de amar a Aquel que es del todo digno de tu amor. Tu obra y sufrimiento por Él no le pasará desadvertido. Él te recompensará al ciento por uno, incluso en esta vida, por medio de la paz que llena tu corazón. No sólo eso, ¡sino que vivirás con Él eternamente!

No importa lo que tengas que soportar como cristiano, nunca has de perder esa profunda paz interior. ¿Puede el mundo darte tanto? Sabes tan bien como yo que incluso las personas que lo tienen todo aún no están satisfechas.

¿De qué tienes miedo? Todo cuanto posees te abandonará de forma paulatina. Tus posesiones no pueden llenar tu espíritu. ¿No estás cansado del vacío de tus posesiones? ¿No te dicen en secreto que no son suficientes? En resumen, ¡sabes que tus posesiones no tienen valor alguno siquiera cuando te deslumbren! ¿Qué temes? ¿Encontrar a un Dios demasiado bueno para amar? ¿Crees que te llegará a enamorar tanto que ya no querrás las posesiones terrenales y las cosas de este mundo? ¿Tienes miedo de volverte tan humilde, tan puro, y tan agradecido a tu Padre celestial? ¡No temas a otra cosa más que a este temor infundado! Es la sabiduría del mundo la que duda entre tú y Dios, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo agradecido y lo ingrato, entre la vida y la muerte!

¿De verdad crees que Dios no te puede satisfacer por completo? Desconfía de ti mismo y de las opiniones de todos los demás. Fuiste hecho para amar a Dios y ser amado por Él. Nunca desconfíes de Él. Él es el Único bueno. En Su misericordia Él te llena de insatisfacción con todo para que te vuelvas sólo a Él.

CONDICIONES

No me sorprendo de que estés disgustado con todo lo que desagrada a Dios en tu vida. Este sentimiento es lo que sale de forma natural de tu corazón transformado. Te gustaría tener una vida más tranquila que te permitiera atender a tus nuevos intereses al tiempo que evitas lo pasado. Esta no es la voluntad de Dios. Él quiere permitir que lo que solía interesarte se haga tedioso, así pues deja que esto ocurra como una especie de pago por tus ofensas pasadas. Dios te sacará de tu situación pasada cuando a Él le parezca adecuado. Lo hará a Su propio tiempo.

Mientras, ven ante Dios con regularidad. ¡Recuerda que transportas el don de Dios en una vasija de barro! Fortalece tu vida interior mediante la lectura, la oración, y desconfiando de tu vieja manera de vivir.

Aunque has vivido apartado de Él, no necesitas tener miedo de venir a Él como un niño. Dile lo débil y miserable que eres, dile lo que necesitas y lo que te preocupa. Puedes incluso decirle que a veces no te hace mucha gracia servirle. No podrías hablarle con demasiada franqueza o confianza. A Él le gustan las personas sencillas y habla con ellas a menudo. Echa a un lado todas tus ideas de grandeza y tan sólo sé honesto con Él. Escucha lo que te dice con un corazón abierto. Haz oídos sordos al mundo y a tus pasiones desbocadas.

Encontrarás cierta ayuda en los libros que has leído. Lo que has leído es cierto y te ayudará a establecer un buen cimiento para tu fe. Tan sólo no pongas demasiada confianza en los libros, y aprende a ponerlos a un lado cuando Dios guíe así. Tu mente es algo bueno, pero aprende a desconfiar de ella y harás un mejor uso de ella. Hazte como un niño. Haz siquiera la cosa más simple con un corazón dirigido hacia Dios.

Aprende a ser un buen amigo. Estáte dispuesto a ayudar. Intenta mantener a toda costa un equilibrio en todas en las cosas que hagas. Hay cierto equilibrio natural que debiera marcar tu vida como cristiano. Rudeza, preocupación, y severidad no deberían ser tu sello. Más bien, aprende a vivir por amor. Tu Señor dentro de ti dirigirá tus acciones con facilidad y sencillez. También te alertará del peligro en ciernes.

Naturalmente que sufrirás problemas, enfermedad, y desánimo como les pasa a los demás, pero tu actitud y los argumentos que uses para soportar estas dificultades, serán muy diferentes de los que no conocen a Dios. Puedes ver a Dios en todas las cosas, pero nunca tan claramente como cuando sufres.

Vive como has sido y tan sólo haz cambios para evitar el error. Apégate a lo que es correcto para que nadie te arrastre de nuevo al pecado. Lo pasarás mejor cuando las personas sepan que no puedes ser conmovido de tu compromiso hacia Dios. Si te abres al mal camino, es probable que andes por él.

No confíes en tu propia fuerza, sino confía en tu Señor quien te amó desde la eternidad, antes de que le amaras.

CONSISTENCIA

Me he dado cuenta de que siempre quieres dejar algo para ir corriendo a otra cosa. Sin embargo, cada tarea te lleva mucho tiempo porque lo diseccionas todo demasiado. No es que seas torpe… sólo es que te enredas mucho. Quieres atender a todo lo que tenga la más mínima conexión con el tema tratado. Esto siempre lleva demasiado tiempo y te hace que te precipites de una cosa a otra.

Intenta ser breve. Aprende a ir al meollo de la cuestión y desechar el resto. ¡No te pases todo el tiempo mirando a las musarañas! Lo que en realidad necesitas es sentarte tranquilamente ante Dios y pronto tu activa mente dialéctica se calmará. Dios puede enseñarte a mirar cada problema con una visión clara y sencilla. ¡Podrías decir lo que quieres decir con dos palabras! Y a medida que pienses y hables menos estarás menos soliviantada y distraída. De otro modo te desgastarás, y las cosas externas abrumarán tu vida interior y tu salud.

¡Corta por lo sano toda esta actividad! Acállate interiormente. Regresa con frecuencia a tu Señor. Te irá mejor de esta manera. Es más importante escuchar a Dios que a tus propios pensamientos.

No basta con que te gusten los buenos libros. Tú misma debes ser un buen libro. Las personas que mejor conocían a Dios tenían más problemas que tú, pero ellos conservaban su paz y cultivaban la sencillez, la pureza, y la oración interior.

Creo que tu atareada vida te exprime día a día. No dejes que tu trabajo te lleve consigo y consuma tu vida. Tómate tiempo para renovarte ante Dios. Sé breve y actúa con tranquilidad en tus labores.

TIEMPO APARTE

Si renuncias a todas esas cosas que provocan tu curiosidad y ponen tu mente a mil por hora, te sobrará tiempo para estar con Dios y para atender tus asuntos. Vivir tu vida en oración te dará una mente despejada y una tranquilidad a pesar de lo que ocurra. Tu propia naturaleza es hiperactiva, impulsiva, y siempre está tratando de alcanzar algo que se encuentra fuera de tu alcance.

Pero Dios, obrando dentro de tu espíritu, produce un corazón manso y fiel que el mundo no puede tocar. Deseo de verdad que apartes el tiempo suficiente para estar con Dios y poder así refrescar tu espíritu. Seguro que todas tus ocupaciones te exprimen. Jesús tomó a Sus discípulos aparte para estar a solas, e interrumpía sus asuntos más urgentes. A veces incluso dejaba a las personas que habían venido de lejos para verle con el fin de allegarse a Su Padre. Te sugiero lo mismo. No basta con ser generosa… también debes aprender a recibir de Dios.

DIVAGANDO

Algunas veces introducirás en tu vida de oración una mente llena de divagaciones y pensamientos egoístas. Te verás desgarrada entre la opción de agradar a Dios y el deseo de agradarte a ti misma. ¿Ves cómo la oración puede volverse algo tan difícil y carente de vida?

Lo que podría fortalecerte se hace débil porque hay tantísima lucha por dentro que tu espíritu queda sin alimentarse. ¿Cómo puedes arreglarlo? Disminuye tus distracciones e invierte una mayor parte de tu tiempo libre sentada ante Dios.

No quiero apartarte de tus deberes de cara al público. No creo que inviertas el tiempo suficiente visitando a aquellos que debieras. Pero de verdad que deberías volver a tantear lo que haces con tus horas libres. No mimes tanto tu curiosidad, y mantén los detalles de tus obligaciones a un mínimo. Te cansas más de estudiar asuntos desagradables que de visitar a aquellos que crees que se entrometen en tus horas libres. Olvídate de tu necesidad de siempre estar distraída y de tu necesidad de estar siempre ocupada, y encontrarás que todo cuanto se exige de ti puede hacerse en calma ante Dios.

EL FUTURO

No estés tan preocupada con el futuro. El futuro le pertenece a Dios. Él está al cargo de todas las cosas y cuidará por completo de ti. Si tratas de adivinar lo que va a pasar sólo conseguirás preocuparte y anticipar problemas. Vive cada día como viene. Cada día trae su propio bien y mal, pero lo que parece malvado se hace bueno si lo dejas en las manos de Dios. No retrases Su propósito por ser impaciente.

Dios tiene un tiempo para todo. Nunca te anticipes a Él. Una de las cosas más importantes que debes hacer es vivir en el momento actual. No se trata de cuán rápido marches, sino de lo bien que marchas. Dios sabe exactamente cuanto tiempo te supondrá ir de un sitio a otro. No tienes por qué estar siempre ajetreada. Tan sólo sigue la guía de Dios.

Todo cuanto necesitas hacer es preparar tu corazón para entregarlo completamente a Dios, sin reservas. Él hará contigo lo que a Él le agrade. Cierra tus ojos y síguele. Camina, como Abraham, sin saber a dónde vas. Dios Mismo será tu guía. Te guiará a través del desierto hacia la Tierra Prometida. ¡Serás tan feliz si le dejas a Dios tomar completo control de tu vida!

TIEMPO

El hecho de cómo inviertes tu tiempo varía con las diferentes etapas de tu vida, pero hay un principio que se aplica a cada instante de tiempo: no lo malgastes. Cada época tiene varias tareas que Dios te ha asignado y darás cuentas de cómo has invertido tu tiempo. Dios nunca quiere que mires a ninguna etapa de tu vida como si fuera inútil. No quiere que pases tu tiempo fuera de Él.

Lo importante es saber cómo quiere Dios que uses tu tiempo. No aprenderás esto mediante el duro esfuerzo, o estudio, o una aguda inteligencia, sino buscando a Dios con un corazón puro y recto. También has de poner a un lado las artimañas de tu amor propio en el momento en que te percates de ellas. Pues no sólo pierdes el tiempo por no hacer nada o incluso por hacer algo que sabes que está mal; también pierdes el tiempo al hacer algo aparentemente “bueno” que Dios no te ha pedido que hagas.

Debes depender de continuo del Espíritu de Dios para hallar su orientación. Si tienes una duda en cuanto a lo que Él quiere, pregúntale otra vez. Cuando el sendero se perfile mejor, muévete hacia delante con Su fuerza. Trae tu corazón de nuevo a Él siempre que sientas que te vas alejando de Dios a la deriva.

Serás en verdad bendecido si te abandonas en las manos de tu Salvador, dispuesto a hacer lo que Él requiera de ti.

Cuando llegue cada responsabilidad, dale la bienvenida. Dios te prepara para ellas. Lo único que tienes que hacer es someter tu temperamento, tus opiniones, tus preocupaciones —tu forma natural de reaccionar ante las cosas— completamente a Él. No te dejes acosar por los asuntos externos.

Busca glorificar a Dios en todo lo que hagas. No te dejes implicar tan personalmente en tus obligaciones de modo que toda tu vida gire en torno a ellas. No permitas que tu trabajo te excite o te deprima demasiado.

El tiempo que inviertes socialmente con otros puede ser peligroso para ti. Debes aprender a permanecer en la presencia de Dios mientras estés con otras personas. A menudo hay un veneno secreto oculto en tu conversación. Usa tu tiempo con otros para influirles hacia Dios. Recuerda: tus palabras pueden hacer mucho bien o mucho mal.

El tiempo libre es muy agradable. A duras penas podrías encontrar mejor uso que en renovar tus fuerzas mediante la comunión interior con Dios. Aprenderás el secreto de pasar tiempo íntimo con tu Señor. Aquellos que conocen bien al Señor no se pueden resistir a volver a Él en cuanto tienen la oportunidad.

ENTRETENIMIENTOS

Si mantienes tu corazón puesto en Dios, los entretenimientos inocentes son inocuos. Ser rudo, legalista, e inflexible, reforzará la falsa idea de que servir a Dios equivale a vivir una vida aburrida y triste.

Deja que la paz y el gozo de tu vida en Dios fluyan hacia afuera para que todos vean. Aún las cosas más simples, hechas en la presencia de Dios, le sirven a Él. Dios dispone que aún las cosas más sencillas se hagan en Su orden y para Su gloria. ¡No lo olvides!

La mayoría de las personas, al tratar de agradar a Dios, esperan que Dios quiera que hagan cosas difíciles o fuera de lo común. Dios quiere que mueras a ti mismo, y vivas para Él en los acontecimientos diarios de la vida. Los cambios que tendrán que hacerse en ti serán mucho más internos que externos si antes de convertirte vivías una vida moral y decente.

Dios no quiere que finjas buena cara… Él quiere que le dejes moldear tu voluntad. No le niegues nada. No quieras nada más que Su voluntad. Búscale durante tus horas de vacío, y Él te llenará con Su gracia. Incluso los pasatiempos más estúpidos pueden ser ofrendas a Dios cuando, por obligaciones familiares, has de comprometerte en ellos. Cuán libre habrás de ser cuando haces todas las cosas simplemente por la gloria de Dios. Deja que Dios te guíe de la mano sin cuestionarle. No hay nada más sencillo o más fiel que aprender a aceptar la voluntad de Dios poniendo a un lado tus preferencias personales… tus gustos, aversiones e impulsos. Si vives de esta manera andarás despreocupada, pero disciplinada.

Cuando tus pasatiempos empiecen a distraerte de Dios, vuelve a Él. Cuando estés deprimida o cansada, trae tu atribulado espíritu ante tu Padre quien extiende sus brazos hacia ti. Búscale cuando tus emociones suban y bajen, y Él te traerá a un equilibrio y jamás te dejará sin socorro. Búscale con un mover silencioso de tu corazón y hallarás nuevas fuerzas. Incluso aunque te sientas descorazonada, Dios aún te dará la fuerza para hacer lo que Él espera de ti. Su fuerza es tu pan diario… Su fuerza es tu propia vida. Dios no olvida a Sus niños. Él espera encontrar un corazón abierto para que pueda derramar los torrentes de Su gracia.

¿Has visto alguna vez a un pequeñuelo moverse felizmente de un lado para otro? Aprende a ser así. Conténtate con estar sujeto o con estar libre. Cuando no puedas decir nada que merezca la pena, alégrate de no decir nada. Sé que siempre quieres estar ocupada con asuntos serios. Pero Dios no te ha escogido esto para ti, y Sus gustos son mejores que los tuyos. Es bueno no querer decir cosas tontas o frívolas, pero Dios quiere llevarse la autosatisfacción que sientes al tratar siempre de cosas “importantes”. Así que te va a desilusionar al dejar que te veas envuelta en situaciones menos serias.

Preguntas cómo conservarte pura en medio de un estilo de vida que es tan público, y para ser francos, tan superficial. Primero, lee y ora. No me estoy repitiendo ni soy superficial al sugerir esto. Y no quiero decir que se lea para adquirir más datos. ¡Nada podría ser más vano! No, lee alguna palabra o hazaña de Jesús y sopésale en profundo silencio. Tan sólo estáte al tanto de la verdad, y a medida que tu mente empiece a divagar, vuelve a traerte al momento actual sin enfadarte contigo misma. No sabes lo lejos que llegarás así.

En segundo lugar, cuando estés libre, tomate días enteros para únicamente estar a solas con Dios. A los pies de Jesús es donde todas las heridas del corazón sanan y se limpia todo el barro del mundo.

En tercer lugar, métete en tus fiestas sólo cuando te lo pidan. Sé amigable, pero no busques la invitación. Aquellos que te observan, al menos los que sean razonables, estarán contentos de que seas lo bastante sociable como para unirte a ellos, pero lo suficientemente cuidadosa como para que no te vean siempre de fiesta. Y doy por sentado que cuando apareces por uno de estos festejos, lo haces con buena actitud. El mundo critica a las personas que condenan sus caminos y al mismo tiempo viven por sus reglas. ¡Así es como debe ser!

CAMINA EN SU PRESENCIA

El meollo de tu vida como cristiana se contiene en las palabras de Dios para Abraham, “camina en Mi presencia, y serás perfecto.” La presencia de Dios calma tu espíritu, te da un sueño reposado, y aquieta tu mente. Pero debes entregarte a Él por completo.

No lleva mucho tiempo amar a Dios, renovarte en Su presencia, y adorarle en las intimidades de tu corazón. El reino de Dios está dentro de ti y nada puede perturbarlo.

Cuando las distracciones externas y una imaginación caprichosa te impidan tener una vida interior pacífica, debes entonces traerte, por un acto de la voluntad, ante la presencia de Dios. No es que puedas forzar tu entrada a la presencia de Dios, pero incluso venir a la presencia de Dios ya es de por sí una poderosa ayuda para tu espíritu. Cultiva un propósito puro y recto para con Dios.

De cuando en cuando debes avivar tus más íntimos deseos de total dedicación a Dios. Debe haber ocasiones cuando sólo pienses en Él, con un amor pleno y alerta. En esas ocasiones consagra hasta el último de tus sentimientos ante Él. No te inmiscuyas en cosas que sabes que te distraen de Dios tanto en lo externo como en lo interno. En el momento en que te distraes de Dios es difícil volver a Él.

Siempre que notes que deseas algo con demasiado anhelo, detente de inmediato. Dios no habita en medio del caos y el desorden. No te veas inmiscuida en lo que se dice y hace a tu alrededor. Acabarás profundamente aturdida si lo haces. Averigua lo que Dios espera de ti en una situación en concreto y aférrate estrictamente a eso. Esto te ayudará a mantener tu espíritu interior tan libre y pacífico como sea posible. Déshazte de cuanto te impida acercarte con facilidad a Dios.

Una forma excelente de mantener un espíritu manso es dejar de actuar por completo en cuanto hayas acabado tu quehacer. ¡No sigas pensando en lo que has hecho o no has hecho! Y no te culpes por haber olvidado algo, o por haber hecho algo que lamentas. Serás mucho más feliz si mantienes tu mente sólo en las tareas que haces sobre la marcha. Piensa en algo sólo cuando sea momento de pensar en ello. Dios te dirá cuando llega el momento de tratar con algo. Agotarás tu mente al intentar imaginarte la voluntad de Dios antes de que llegue el momento oportuno.

Toma la costumbre de volver tu atención a Dios con regularidad. Entonces serás capaz de aquietar toda tu conmoción interna en el momento en que empiece a revolverse. Apártate de todo placer que no provenga de Dios. Busca a Dios por dentro, y sin duda le hallarás en paz y gozo. Ocúpate de Dios más que de cualquier otra cosa. Haz todo sabiendo que estás actuando ante Dios por su causa. Ante la vista de la majestad de Dios, tu espíritu debería llenarse de tranquilidad y bienestar. Una palabra del Señor amansó el furioso mar y un vistazo de Él hacia ti, y de ti hacia Él, hará lo mismo en ti.

Eleva tu corazón a Dios. Él te purificará, te iluminará, y te dirigirá. David dijo, “Siempre he puesto al Señor delante de mí.” Repite Sus maravillosas palabras, “a quién tengo en los cielos sino a ti, nada en la tierra es comparable a ti.”

No esperes a cuando puedas cerrar la puerta sin que te interrumpan. En el instante en que anheles la oración interior, ya es suficiente para traerte a la presencia de Dios. Vuélvete a Dios con sencillez, llena de confianza, y con franqueza. Incluso en esos momentos en que más te interrumpen, puedes volverte a tu Padre. En vez de estar molesta por una conversación improductiva, puedes hallar alivio al buscar un tiempo de comunión interior con Dios. Así puedes ver que todas las cosas ayudan a bien para aquellos que aman a Dios.

Lee lo que sea apropiado a las necesidades que tienes ahora. Deténte, según vayas leyendo, para escuchar la voz de Dios dirigiéndote. Dos o tres sencillas palabras llenas del espíritu de Dios son como alimento para el espíritu. Las palabras se olvidan, pero siguen haciendo su trabajo en lo secreto, y el espíritu se alimenta de ellas y crece fuerte.

DESCANSA EN DIOS

La virtud empieza a crecer en un corazón que desea la voluntad de Dios. No es cuestión de saber mucho, o tener mucho talento, o siquiera hacer grandes hazañas… todo cuanto realmente necesitas es un anhelo de pertenecer por completo a Dios. Mas, ¿cómo llega tu voluntad a este lugar? Conformándote, poco a poco, a lo que Dios desea. Debes aprender a afinar tu débil voluntad con la todopoderosa voluntad de Dios. Aquí hallarás una paz y un gozo interminable e inagotable.

¡Adora, alaba, y bendice a Dios por todo! Contémplale en todas las cosas. Ya que le amas, no hay nada que sea verdaderamente maligno en tu vida, pues Dios utiliza incluso los más terribles sufrimientos para obrar a tu favor. ¿Podrían tenerse por malignos los problemas que Dios usa para purificar tu vida? Piensa en lo que estos problemas llevan a cabo en tu vida.

Descansa de todas tus cuitas en el seno de tu Padre. Estáte contento con seguir Su voluntad en todas las cosas y aunar tu voluntad en perfecta armonía con Él. No le resistas a medida que obre dentro de ti. Si sientes que se levanta resistencia dentro de ti, vuélvete a Él y toma su punto de vista en contra de tu propia naturaleza rebelde. Él sabrá qué hacer. Aprende a no entristecer al Espíritu Santo dentro de ti, pues Él cuida de tu vida interior. Aprende de los errores que has hecho en el pasado sin desanimarte.

¿De qué mejor modo puedes glorificar a Dios que renunciando a tus propios deseos y permiténdole hacer lo que a Él le agrada? En verdad Él es tu Dios cuando no veas otra cosa que la mano de Dios gobernando todas las cosas de tu vida, y cuando le adores sin presiones externas e incluso sin consuelo interior.

Querer servir a Dios en ciertas circunstancias, pero no en otras, es servirle a tu propio antojo. Pero no poner límites en tu sumisión a Dios es en verdad morir a ti mismo. ¡Así es cómo se debe adorar a Dios!

Ábrete a Dios sin límites. Deja que Su vida fluya a través de ti como un torrente. No temas nada en la senda que caminas. Dios te llevará de la mano. Deja que tu amor por Él deseche el temor que sientes por ti mismo.

LA ORACIÓN GENUINA

La oración genuina no es otra cosa más que amar a Dios. La oración no se hace por medio de muchas palabras, pues Dios conoce tus más íntimos sentimientos antes de que los expreses. La oración verdadera proviene del espíritu. Tú sólo oras por aquello que deseas. Si no eres capaz de desear desde las intimidades de tu corazón, tu oración es engañosa. Podrías pasarte días enteros “orando”, pero si no oras desde tus más íntimos y profundos deseos, no estás orando.

Oras sin cesar cuando hay un amor auténtico en tu corazón, y cuando hay un deseo que ha nacido de Dios en ese lugar. El amor, oculto en los recesos de tu espíritu, ora sin cesar incluso cuando tu mente necesita atender alguna otra cosa. El amor pide a Dios que te dé lo que necesitas y que ponga tu sinceridad por delante de tu debilidad humana.

El amor de Dios dentro de ti se lleva incluso los más nimios defectos y te purifica como un fuego abrasador. El Espíritu dentro de ti pide todas las cosas según la voluntad de Dios. Incluso cuando estás ocupado con las cosas externas todavía hay un continuo fuego quemando en tu interior. Este fuego, que no puede ser apagado, anima una secreta oración que es como una lámpara que siempre arde ante el trono de Dios. “Duermo mas mi corazón vela.”

Hay dos cosas que te ayudarán a guardar este espíritu de oración: un tiempo fijo apartado para estar con Dios, y volver a Dios tanto como puedas durante el día. ¡Manténte alejado de personas que te distraen demasiado o que promueven tus pasiones!

El primer fruto de un amor sincero por Dios es el deseo sincero de hacer todo cuanto puedas para agradar a tu Amado. Hacer menos es amarte a ti mismo antes que a Dios. ¡Dios no quiera! Cueste lo que cueste, has de estar dispuesto a hacer todo lo que Él pida sin reservas.

Haz lo que tengas que hacer antes de salir a divertirte. Las personas que descuidan sus deberes para “pasar más tiempo con Dios” se engañan a sí mismas. No te acercarás más a Dios por ser irresponsable y llamarlo “espiritual.” La verdadera unión con Dios es hacer todo cuanto se espera de ti de parte de Dios, da igual cómo te sientas.

Asegúrate de que guardas cierto tiempo para Dios. Lo normal es que aquellos que ocupan cargos de importancia estén muy ocupados, y tendrán la tentación de dejar el tiempo de comunión con Dios para lo último. ¿Lo adivinas? Nunca tendrás tiempo para Dios. Sé firme contigo mismo. No dejes que la confusión del día ateste tu tiempo apartado para Dios. Puede que esto parezca demasiado estricto, pero pronto te vendrás abajo si no escuchas lo que tengo que decirte sobre esta cuestión.

PENSAMIENTOS QUE DIVAGAN

¿Cómo tratas con los pensamientos que divagan y la falta de entusiasmo durante la oración? Aparta un tiempo en concreto para estar a solas con Dios. Estáte contento con rendirte sin reservas a Dios. No andes buscando por fuera la cruz, sino que cuando venga la cruz (y lo hará), no dejes que la obra de Dios pase sin dejar que las tribulaciones te sean de provecho.

Acepta, a pesar de todos tus recelos, cuanto Dios te traiga para ejercitar tu fe. No te preocupes de si tendrás la fuerza para hacer lo que es correcto. La gracia sólo llega en el momento que la necesitas. Tan solo estáte dispuesto a recibir tus pruebas con un corazón alegre.

Cuando veas que tus pensamientos divagan, oblígate a volver al momento presente, pero no luches con tus pensamientos. Tan sólo permanece en el ahora y pronto percibirás al Señor caminando de nuevo a tu lado. Cuanto más te vuelvas a Él en el momento en que te sientas divagando, más pronto tendrás la bendición de conocer la presencia interior de Cristo de una forma más constante y afín.

Cuando estés entregado a Dios por completo, todo cuanto hagas es de provecho, aunque no hagas mucho. Ofrécele a Dios tu futuro, y no trates de imaginarte lo que te ocurrirá. Muestras tu falta de fe cuando quieres saber el futuro que Dios ha escogido ocultar de todos nosotros.

Deja el futuro a Dios. La mejor preparación es morir a tu propia voluntad y entregarte por entero a Dios. Tu espíritu crecerá a medida que menos te veas aplastado por tu propia naturaleza. Te acostumbras a una vida llena de luchas y de incesante faena y crees que esto es normal. Te sorprenderás al ver cuán simple y directa es tu vida en Dios.

Basta con mirar a Dios con confianza, sin tratar de explicar el pasado o razonar el futuro. Si algo te distrae de Él, entonces vuélvete a Él tan pronto como te sea posible. Puedes hacer gran progreso si tan sólo te dedicas a volverte hacia Dios. Esto es mucho mejor que sacarlo todo de quicio por tus defectos y fracasos.

En cuanto a la depresión que crece a raíz de una personalidad melancólica, hay cosas naturales que te ayudarán… una buena dieta y ejercicio. Puede que tengas luchas habituales con la depresión, como si fuera un dolor de cabeza, pero pasará. Tu imaginación se hunde en una profunda desesperanza, pero la voluntad, que vive por fe y no por emoción, puede sacarte fuera. La cuestión no es lo que sientes, sino lo que desea tu voluntad.

Si hay algo que sea capaz de agrandar tu espíritu y liberarte, es una entrega completa a Dios. Nada mantendrá tu mente en calma, contenta, y gozosa como el vivir como un niño en los brazos de Dios.

Cristo quiere que sigas la voluntad de Dios y que la vivas en el momento actual. Dios no se ha propuesto que Su voluntad te torture o te estremezca de tal modo que siempre te estés fijando en qué tal lo haces.

Cuando el ajetreo te evite buscar a Dios, mira entonces cómo Él obra en ti aún entonces. Mírale en todas las cosas. Siempre canta dentro de ti las canciones de Sión… pues el Sión celestial es tu verdadero hogar. Habla sencillo, animoso, y con confianza, con la pura libertad que Dios da a Sus hijos.

Nunca busques el peligro. Espera la serena certeza de que Dios será tu socorro y protección. Incluso las tareas que Dios te ha pedido que hagas, deberían estar rodeadas de continuo de oración y rendición interior. Nunca dejes tu lugar de descanso interior hasta que Dios Mismo te llame fuera. Entonces saldrá contigo, y aunque parezca que has dejado a Dios, Él te llevará en Su seno.

Si Dios quiere usarte para hacer Su obra con las personas, entonces ríndete a Él. No pienses en ti mismo. Devuélvele a Dios todo cuanto Él te ha dado. Por muy peligroso que sea el llamado, tan sólo camina en sencillez con Dios y no busques en ti las fuerzas. Tu Padre es bueno.

Si Dios no escoge usarte de una forma reconocible, no te obligues a servir a otros. Haz en paz lo que se te pone por delante. No desees ni rechaces nada. Tanto si las personas te buscan o te rechazan, tanto si te aplauden o se oponen, ¿qué importa? Es Dios lo que buscas, no los dones de Dios ni tú mismo.

Jesús dice, aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso. Manténte dócil y humillado, y sabrás de la paz y del descanso de Dios.

MAL HECHO

Cuando te des cuenta de que estás a punto de hacer algo mal, debes intentar evitarlo. Pero si fallas y haces igualmente lo que está mal, entonces debes llevar con valor la humillación que sientas. Cuando experimentes primero el mal antes de hacerlo, tienes que tener cuidado de no resistir al Espíritu de Dios, que te está advirtiendo del peligro. Si le ignoras, su voz se hará más y más delicada. Si sigues por esa senda incorrecta, no tardará mucho en que no le oigas hablar nada en absoluto. Tu debilidad humana no es nada en comparación con volverse deliberadamente sordo a la voz del Espíritu Santo que habla en lo profundo de ti.

Los defectos que no ves hasta que no caes, no sanarán por enfadarse con ellos. Más bien es lo contrario. Tu impaciencia con ellos es tan sólo tu orgullo herido por presenciar su caída. Lo único que puedes hacer es llevar la humillación que tus pecados te traen. Siente tus faltas, arrepiéntete de ellas, no las excuses, pero no te amargues o te desanimes ante tus imperfecciones.

Es normal que lo que tú quieres dar a Dios no sea lo que Él te está pidiendo. Lo que Él quiere de ti es lo que más amas. Él quiere el “Isaac” de tu corazón… el único hijo, el amado. Quiere que rindas a Él todo a lo que más te aferras. Hasta que no hagas esto no tendrás descanso. “¿Quién ha resistido al Todopoderoso y ha estado en paz?” ¿Quieres que Dios te bendiga? Entrégaselo todo y Él estará contigo. Qué consuelo, qué libertad, qué fuerza, que madurez cuando el amor propio ya no se entrometa entre tú y Dios.

Nunca te desanimes contigo mismo. No es cuando te das cuenta de tus faltas cuando estás siendo más malvado. En realidad nunca ves tus pecados hasta que empiezan a ser sanados. No te adules, ni tampoco te impacientes contigo mismo. El desánimo no es humildad. De hecho, el desánimo es el desespero de tu orgullo herido. Tus faltas te pueden ser de utilidad si te sanas de la vana confianza que tienes en ti mismo. Dios sólo te deja sentir tu debilidad para que puedas buscar tu fuerza en Él. Nunca actúes contra la luz que está en tu interior. Sigue a Dios.

PEQUEÑOS DETALLES

Los grandes actos de virtud son raros porque a duras penas se nos exigen. Cuando te llegue la oportunidad de hacer algo grande, ya tienes su propia recompensa: la emoción, el respeto ganado por otros, y el orgullo que acompañará a tu habilidad de hacer esas “grandes” cosas.

Los pequeños detalles que se hacen bien continuamente, sin que se noten, son algo mucho más importante. Estos pequeños detalles atacan a tu orgullo, a tu pereza, a tu estar centrado en ti mismo, a tu quisquillosa naturaleza. Es mucho más atrayente hacer grandes sacrificios por Dios, por muy duros que sean, para que así puedas hacer lo que te de la gana con las pequeñas decisiones de la vida. La fidelidad en los detalles pequeños prueba mucho mejor tu verdadero amor por Dios. Lo que importa es el camino lento y espeso en vez de los arrebatos emocionales pasajeros.

Algunas veces te aferras a boberías en vez de a las cosas importantes. Sería mucho más doloroso renunciar a alguno de tus pasatiempos que dar una gran suma de dinero por razones caritativas. Te ves arrastrado con mucha facilidad por insignificancias por el simple hecho de que parezcan inocentes. No obstante, cuando Dios se lleve estas pequeñeces, pronto descubrirás, por el dolor de su ausencia, cuán apegado estabas a ellas.

Además, si te niegas a entregar las menudencias, ofenderás constantemente a tu familia, a las personas con las que trabajas, ¡y a todo el mundo! Nadie creerá que amas a Dios cuando tu comportamiento se hace añicos ante los detalles pequeños que son los que realmente importan. Si no haces pequeños sacrificios, ¿cómo creeremos que harás los grandes?

Puede que al principio necesites valor para atender a los pequeños detalles. Puede que no sea fácil. Acepta la dificultad como la disciplina de Dios que habrá de procurarte la paz. Las cosas se harán más fáciles.

DEPENDE DE DIOS

Sé que hablo mucho de estar completamente separado de uno mismo y de amar de una forma totalmente desprendida. Como esto es algo muy difícil de llevar a cabo, no quiero que te sientas culpable cuando te quedes lejos de alcanzarlo. Tus fracasos no hacen de ti algo desagradable a los ojos de Dios. Él ve tus más profundos sentimientos. Es un largo proceso el que lleva a estar completamente muerto a tu egoísmo. Habrá mucho buscar de lo propio en gran parte de lo que hagas. Puedes decir si tu viejo yo está envuelto en una situación, cuando algo se te cruce en el camino y te enfadas o disgustas.

Te apegas a ti mismo sin darte cuenta, ¡pero mira el jaleo que armas cuando se te quita algo! No te aferras deliberadamente a tus malas intenciones, pero no las miras lo suficientemente de cerca por miedo a lo que puedes encontrarte! Dios revela miles de cosas a tu corazón que tú hubieras jurado que nunca estaban allí, pero Él te ayudará a tratar con ellas.

¿Crees que te gustaría destapar todas tus debilidades de una vez? Dios te libra tiernamente de este horrible descubrimiento. No envía mucha luz de golpe y seguido. ¿Ves lo admirable y bueno que es Dios de no pedirte que cambies algo para lo que todavía no te ha proporcionado los recursos para cambiarlo?

Las personas que más contemplan sus defectos aún están en la oscuridad de no saber cómo renunciar a ciertas debilidades. Dios reserva esta sabiduría para un estado algo más avanzado.

Sé fiel con lo que Dios te ha dado… no con lo que no te ha dado. Dios te mostrará, a Su tiempo, todo cuanto necesitas saber. Mientras tanto, Dios oculta tus propias imperfecciones detrás de un velo para que no te quedes sobrecogido. Quieres ser perfecto sin paciencia, pero es mucho mejor esperar humildemente bajo la mano de Dios. Carga contigo mismo sin condena ni halago. El proceso llevará a cabo una muerte más profunda para tu vieja naturaleza que la perfección instantánea.

Dios quiere fomentar tu dependencia de Él. Te da luz como una madre sabia le daría a su hijo cosas que hacer. No se da más luz hasta que ese trabajo en particular está terminado. ¿Has acabado cuanto Dios ha puesto ante ti? Inmediatamente te dará una nueva obra, pues Él nunca te deja ocioso. Pero si no has hecho lo que Él ha pedido, no te mostrará más.

Deja que Dios trabaje en ti, y estáte contento con la luz que Él te da. Cada nuevo don de Dios se edifica sobre el que le antecede.

SENTIMIENTOS DE ORGULLO

En cuanto veas sentimientos de orgullo en ti misma, o sientas que sabes más que nadie, o no te preocupas más que de ti misma, es entonces cuando debes permitir que todas estas actitudes caigan como piedras en el agua.

Busca a Dios y deténlo todo hasta que estés de nuevo tranquila y rendida ante Dios. Si tus ajetreos o tu acalorada imaginación impide que estés calmada ante Dios, entonces aún debes traerte ante Dios y desear estar en quietud. El deseo de estar en quietud y calma ante Dios es en sí mismo una oración que te desprende de tu propia voluntad y te mantiene flexible en las manos de Dios.

No te des la enhorabuena cuando des unos cuantos pasitos ante Dios. Cuando uno se convierte, cree que lo sabe todo acerca de Dios. Renuncias a tus vicios capitales y te preparas para que te canonicen como una santa. No te estás juzgando por el estándar del evangelio, sino por cómo vivías tu vida pasada.

A la larga esta actitud te meterá en más problemas que cometer un pecado patente. Un pecado patente atribulará tu conciencia. Pero pensar que estás bien, cuando en realidad no lo estás, ahogará tu vida espiritual. Servir a Dios no es un asunto de evitar el mal, sino de aprender el bien. Así que no ames a Dios un poquito y pienses que eso es todo lo que hay. No esperes que puedes vivir la vida como te dé la gana y luego acudir a Dios como el último recurso cuando necesitas ayuda. ¿Es esto amar a Dios? ¡Creo que más bien es hacerle enfadar!

El hecho de leer la Biblia, acudir a la iglesia, y evitar pecados “gordos”… ¿es esto un amor a Dios apasionado e incondicional? No te perteneces a ti misma… ¡le perteneces a Dios! No puedes suavizar el evangelio para adaptarlo a tu debilidad. ¡Ay de aquel que trate de ensanchar el camino estrecho!

La única forma de amar a Dios es amarle completamente. Has permitido que todo lo demás te gobierne… tus emociones, los caprichos de los demás, tus propios antojos. Zambúllete en Dios y entrégale a Él todo lo que eres.

RELACIONES SOCIALES

Permite que tus amigos vayan y vengan como les plazca. Si alguien dice algo para ofenderte, pon a un lado lo que han dicho sin pasarte todo el día pensando en ello. A medida que esperes menos de los demás aprenderás a ser más afable y más útil para con todos.

¡Cuán cerca estamos uno del otro cuando estamos todos unidos a Dios! ¿No se hacen más fáciles tus relaciones cuando tienes la visión de hacer la voluntad de Dios? ¿Quieres pues encontrar verdaderos amigos? Busca a tus amigos sólo en Dios. Él es la fuente de la amistad verdadera y eterna. ¿Quieres escuchar y hablar con estos amigos? Entonces sumérjete en silencio en el seno de Aquel que es la vida misma de aquellos que hablan y viven la verdad. En Él hallarás cumplido todo honorable deseo. En Él está la perfección… comparada con la imperfección que encuentras en todas las relaciones que se encuentran fuera de Él.

Necesitas encontrar un equilibrio entre estar completamente apartado de las relaciones sociales y pasarte todo el tiempo testimoniando a otros. Necesitas hallar un equilibrio sano entre cuidar de tus propias necesidades y cuidar de las necesidades de otros.

Puedes resolver este equilibrio considerando varios factores: ¿Necesitas tiempo para renovar tu espíritu? ¿Te encuentras sano? ¿Cuánto tiempo tienes? ¿Cómo parece que Dios te está guiando? Es bueno considerar las necesidades de la mente y del cuerpo. Luego mira cómo podrías usar mejor el tiempo que te resta.

¿Qué tiene de bueno estar con una persona a la cual no le eres de ninguna utilidad, cuando hay otros a los que podrías ayudar? Por supuesto, si tienes una obligación hacia esta persona en base a una amistad, o una relación, entonces deberías quedarte. Si no fuera así, trata a esa persona honorablemente y sigue tu camino. No tienes que hacer las cosas más difíciles para ti en el nombre de la cruz. Si hay alguien ante cuya presencia no te sientes bien, entonces no lo hagas a menos que te pidan que le visites.

No te ausentes o seas sociable desde tu propio egocentrismo. No cabe duda de que tu propio interés estará entremezclado con tu decisión, pero sólo haz lo que veas que es mejor. Como estás tan desgastado, creo que lo mejor es que te tomes tanto tiempo como puedas para refrescarte. Ama más y sufre menos.

ENFRENTÁNDOSE A LA TENTACIÓN

Hablemos de los errores en los que te permites caer. No estoy hablando de pecados patentes… desobedecer deliberadamente a Dios en asuntos capitales no es por lo general problema con el que trate cada día un cristiano entregado. Estoy hablando de no detener una palabra dura, o ser deliberadamente pendenciero. Gozas de cierta medida de control sobre estas cosas, pero te permites hacer lo que se te antoja.

Cuanto más cerca estés de Dios, tantas más cosas miserables hallarás en tu corazón. Esto no es algo negativo… Dios lo permite para que pierdas confianza en ti mismo. Algo habrás avanzado para cuando puedas mirar a tu corrupción interna sin ansiedad o desánimo y confiar simplemente en Dios. Pero no te deberías meter en tentación.

Hay dos recursos contra la tentación. Uno, ser fiel a Dios dentro de ti. Evita todo lo que sea mejor evitar. Naturalmente no siempre eres capaz de evitar estas situaciones, pues algunas son llevadas ante ti por Dios y no te hará bien que huyas de ellas.

El segundo recurso es volverte a Dios cuando seas tentado. Si ves que has consentido a medias a la tentación, entonces diríjete de cabeza a Dios. Toma el ejemplo del niño que oculta su rostro en el seno de su madre tan pronto como ve algo que le asusta.

Practica mantenerte en la presencia de Dios para que seas capaz de responder a Su guía de inmediato. De cierto modo, hay poco que hacer al hacer la voluntad de Dios. Verdad es que no retener nada a Dios ya es hacer bastante. El amor de Dios escudriña las moradas secretas del interior, buscando cualquier cosa que se resista a Él.

Por otro lado, el cristianismo no se halla en una montaña de normas, ni en abstenerte de todo placer. Tal sólo ríndete a Dios sin reservas. Vive en el momento actual. Deja que Dios haga lo que le parezca apropiado sin resistirle, y ponte de acuerdo con Dios sin tratar de justificar lo que tú deseas. La tentación es una parte necesaria en una vida cristiana. No te inquietes ni siquiera por la tentación más vergonzosa. Mira a Dios y mora de continuo en Su presencia… evitará que tus pies tropiecen.

EL FARISEO Y

EL RECAUDADOR DE IMPUESTOS

Los Fariseos eran reformadores religiosos que guardaban cada detalle de la Ley. Su religión externa te deslumbraría, pero por dentro estaban cegados por su propia justicia.

Los recaudadores de impuestos eran desechos sociales, odiados por todos. Jesús cuenta una historia del recaudador de impuestos y del Fariseo. El recaudador de impuestos estaba avergonzado de su pecado. El Fariseo está orgulloso de su virtud. Pero Dios prefiere al pecador, sobrecogido por su desdicha, que sólo confía en Dios.

El Fariseo se aferra a las trampas externas de los dones de Dios. Los usa para reforzar su propia justicia. El Fariseo se admira en el espejo de su amor propio. Pero se mancha a sí mismo cada vez que se mira al espejo.

El Fariseo es mucho más común de lo que piensas. Muchos cristianos intentan llevar “buenas vidas cristianas” y están orgullosos por ello. Puede que oren, ofrenden, y lleven vidas morales, pero por dentro están atados a su propia habilidad de vivir la vida Cristiana.

Tienes un orgullo oculto (o no tan oculto) en tu propia fuerza. Te gozas al verte tan fuerte, bueno y justo. ¿Pero en quién estás confiando, a quién estás mirando en todo esto? ¡A ti mismo! Quieres sentir la buena emoción que proviene de estar a buenas con Dios. Lo que necesitas es vaciarte, no inflarte. Sigue a Dios en la turbia luz de la antorcha de la fe, no por la luz de tu propio entendimiento y habilidades. No estés orgulloso de tu aparente habilidad para vivir la vida cristiana. Tu habilidad para hacerlo pronto probará ser una ilusión. Confía sólo en Dios.

LA FE VERDADERA

¿Te das cuenta de que no caminas por la fe cuando necesitas saber lo que estás haciendo bien? La evaluación continua no es otra cosa que una preocupación para contigo mismo. ¿Es esto centrarse en el Señor Jesucristo? Cuando sientas que te estás distrayendo, vuélvete a Dios. ¿Ves que una constante introspección es, en sí misma, una distracción? Buscas consuelo en la propia reflexión, y en la defensa que le supone para tu ego. Tienes miedo de orar mal, pero oras mejor cuando ni siquiera te das cuenta de que estás orando. Quieres sentirte apoyado y seguro de la forma en que practicas tu fe… la fe genuina es caminar sin ese apoyo. Acuérdate de Jesús clamando en la cruz, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Dios retiró Su presencia de Jesús y fue el último golpe para el Hombre de Tristezas. Vive por la fe.

LA CAÍDA DEL HOMBRE

Poco entiendes tú hasta qué punto ha caído el hombre si esperas bien alguno de él. Asómbrate de que el nuevo tallo de Jesucristo lleve buen fruto dentro de ti. Descarta todo acto humano de virtud… están envenenados con presunción y confianza propias. Hay una idolatría interior que es peor que flagrantes pecados exteriores. Deja que Dios te humille. Hay toda clase de impedimentos para aquellos que buscan a Dios. No puedes ir tan rápido como quieres porque tus defectos te detienen. Tu orgullo, y todo el bagaje que arrastra consigo, entorpece tu marcha. A veces crees que te estás moviendo como es debido, pero haces trampas aquí y allí para guardar las apariencias. Lo peor es pensar que realmente has abandonado todo cuando tu egoísmo todavía está intacto. Puede que eso sea lo peor de todo.

Y entonces empiezas a volverte y a juzgar a otros. Empiezas a desconfiar de las personas a las que envidias en secreto. Los celos, ocultos en tus más íntimos pliegues interiores, exageran la menor falta en los otros. Luego llega la crítica disfrazada. Te engañas para justificarte. Dios puede que te saque de tu egoísmo durante un tiempo, pero lentamente vuelves a encauzarte hacia tus propios intereses.

Esto es lo que me horroriza. Imploro a Dios que inflija una muerte completa a esta naturaleza egoísta mía o viviré una vida llena de egoísta miseria. Puede que parezca más espiritual que la mayoría de las personas, pero Dios ve por dentro la hipocresía. Tiene que poner enfermo a Dios, ¿mas cuando me pondrá a mí lo suficientemente enfermo como para someterme por completo a Dios?

Cuando empiezas a hablar del cristianismo bajo esta luz, cuando hablas del abandono total, las personas te acusan de ser un fanático o ser poco equilibrado. Esto es porque no quieren morir por completo a sus propios deseos. Su interés propio se oculta tras millones de hábiles máscaras. No habrá un fin a las excusas que pondremos. Esta lucha está en todos nosotros, incluso en aquellos cuyos corazones están vueltos hacia Dios, pues nuestra voluntad aún es débil.

Siquiera tu rabia ante los defectos ajenos es un gran defecto. ¿No ves tu propia miseria? En verdad que pondrá tu propia justicia por los suelos. Toda la raza humana, incluida tú, está corrupta, pero no te desanimes. Dios está preparando a Sus siervos verdaderos. Tienen defectos, pero Dios está trabajando en ellos.

SOCORRO ANTE EL DESÁNIMO Y LA DEPRESIÓN

¿Te desanimas porque tu mente divague demasiado? ¿Qué esperas? Teresa de Ávila dice, “la mente es la loca de la casa.” Le da por improvisar escenarios atroces y te lleva lejos de estar al tanto de Dios en el momento actual.

Sigue adelante. Deja de escuchar todas las horrendas historias que te susurra tu imaginación. Sigue adelante. Te sientes triste porque miras a Dios y no sientes Su presencia tanto como desearas. Te cansas de confiar en Dios por la fe. Te cansas de estar suspendida en el aire. ¡Quieres ver progresos! Cometes un error y caes en depresión. ¡Qué orgullo! ¡Qué obsesión con uno mismo!

Ama a Dios y acállate ante Él. Antes te castigarías, y montarías un cirio, a olvidarte de ti misma y mirar a Dios. Hacerle luto a tu debilidad no hará de ti alguien mejor. Sólo contribuirá a abrir un buen caso de autocompasión. Echar el más mínimo vistazo hacia Dios te tranquilizará mucho más.

En cuanto a la depresión natural debida a razones físicas, simplemente sopórtala en paz. Fija tus ojos en Dios. Haz lo que Él te muestre que hagas. Si requiere algo de ti, estupendo. Si no requiere nada de ti, entonces vive ante Él en paz.

En cuanto a que otros de defrauden, tienes que aprender a no esperar tanto de las personas. Es la única manera de evitar las desilusiones. Tienes que recoger el fruto que lleve el árbol… ¡pero recuerda que ciertos árboles sólo dan hojas y oruguitas! Dios tiene una paciencia infinita contigo al igual que con todas las personas. Ni siquiera se ofende por su resistencia hacia Él. Intenta imitar Su paciencia y misericordia. Sólo a la imperfección le molesta lo imperfecto. Cuanto más madures como cristiana tanto más paciente serás ante los defectos de los demás.

Cuando la depresión te aplaste, hay dos cosas que podrían ayudarte. Primero, alivia tu tristeza con los medios que Dios te ofrece. No te cargues en exceso con cosas difíciles. Procura guardar la fuerza de tu mente y toda fuerza corporal. No te cargues a la espalda más de lo que tu valor pueda soportar. Aparta un tiempo para estar con Dios, para leer, y para la buena conversación. Tómate tiempo para entretenimientos inocentes que relajen la mente y el cuerpo al unísono.

Segundo, lleva en paz todos los sentimientos de tristeza que aún se queden contigo después de hacer todas estas cosas para ayudarte. No luches contra ellos y a su debido tiempo se marcharán.

EL PELIGRO DE LAS AMISTADES

Es normal querer tener un buen amigo que te guste y a quién admirar. Es un gran placer en la vida tener amigos, pero las amistades pueden estar llenas de peligro, especialmente si vives en comunidad con un círculo cerrado de personas.

Como miembro del Cuerpo de Cristo, ya no te perteneces a ti mismo. En un grupo que se reúne para honrar al Señor Jesús debes guardarte de formar amistades especiales. Estas te llevarán a pandillas o a un espíritu partidario. Algunas veces, cuando alguien que te guste ha sido herido, te ves envuelto emocionalmente en “agarra la ofensa.” Esto causará división en una casa más rápido que cualquier cosa que yo sepa. Pronto se trama y se cuchichea bajo cuerda y una sensación de división se infiltra en todo el asunto. Por supuesto que a ti te tienes por inocente, e insistes que tan sólo arrimas tu hombro a lo que es justo.

Los otros que observan esto son dañados. Eres un mal ejemplo para ellos y normalmente les obligas, de una forma sutil, a tomar partido. Y para colmo tan sólo quiero decirte que los celos aparecen entre dos personas devotas del mismo amigo. Cada cual teme que el otro sea preferido. ¡Y menudos problemas origina esto!

Lo que es más, cuando tienes un amigo especial o un favorito, pones a esa persona en un aprieto. Una persona que es amada por otra a menudo hace que toda la comunidad sea crítica o esté celosa. O bien también quieren entrar en una amistad especial, o se ponen a criticar cómo creen que es esa persona. Es normal que haya sospechas y prejuicios infundados. Todo el mundo se ve mirando a alguien más en vez de a Jesús. Por último, te dañas a ti mismo. Te puedes llegar a preocupar tanto con los otros que pierdes de vista el señorío de Jesús en tu vida. Inviertes menos tiempo a solas con Él. Piensas en tus amigos y descuidas a tu Señor. Y cuando digas, “puedo manejar esta relación”, ¡cuidado!

No trates de individualizar a las personas para amarlas. Ama por igual a todos los que Dios te pida que ames. Si te sabes preocupado con una relación, trata de curarte poco a poco. Mira a todas las personas como son… con sus cosas buenas y sus cosas malas. Así no los romantizarás. ¿Qué sacará en claro tu propia naturaleza de estos apegos tan poco saludables? Es algo que no debieras descuidar. Ama a tus amigos en y para Dios, y no por lo que te den. No seas tan egoísta.

OLVIDÁNDOTE DE TI MISMO

Olvidarte de ti mismo no significa olvidarse de agradecer a Dios Sus dones. Tampoco significa que nunca pienses en nada que tenga que ver contigo. Significa que no haces de ti el centro de tu mundo. Cuando te olvidas de ti mismo, ya no procuras todas las cosas para ti mismo de una forma deliberada.

Un pobre campesino, que nunca ha estado fuera de su pueblecito, sólo sabe en parte lo pobre que es. ¡Pero llévale a un palacio y empezará a tomar una perspectiva de su estado! Igual es contigo y con Dios. Puedes oír toda suerte de sermones sobre la vanidad de las riquezas, etc., pero no se hunde en ti hasta que Dios Mismo hace brillar Su luz en tu espíritu. ¡Entonces verás lo lejos que estás de Su carácter!

Aunque tu meta es amar a Dios puramente por Sí Mismo, y sólo por Sí Mismo, tienes que darte cuenta que en esta tierra es casi imposible amar a Dios con un total desprendimiento [3] . Dios tiene que hacer esa obra milagrosa en ti, y lleva mucho tiempo.

Él te dará un amor más puro según marches por el camino, pero eso depende de Él.

DIFERENTES LLAMADOS

¿Prefieres ver los dones de Dios obrando en ti en vez de en otros? ¡Esto es apego propio! ¿Crees que exagero hasta qué punto llegará Dios para desprenderte de tu egoísmo? Te perseguirá sin tregua hasta que seas del todo puro. Nada es tan celoso, tan severo, y tan sensible como Su amor puro. Lo que una persona normal y corriente vea como algo necesario tener, Dios se llevará de una persona a la que Él está purificando.

Pero quiero que te des cuenta de que Dios no persigue así en esta vida a todo el mundo. Hay muchos creyentes a los que Él deja con cierto grado de interés propio. Las bendiciones y dones que Dios les da les consuela. Sería peligroso quitarles estos consuelos. Personas así glorifican a Dios por Su bondad. Obtienen ganancia de lo que Dios les ofrece y ellos se lo agradecen. Pero algunos son llamados a ir más allá de este punto y sólo buscar la gloria de Dios, como hizo Jesús. Nunca debes despreciar a nadie que no sea llamado a caminar el mismo camino que tú. Dios quiere lo que Él quiere de cada uno. No quieras escapar si Dios te llama más adelante, y no trates de investigar más a fondo si Él no lo hace.

LAS ARTIMAÑAS DEL AMOR PROPIO

¿De verdad crees que eres generoso y te cuidas de tus amigos más que de ti mismo? Te quieres ver como una persona generosa que hace el sacrificio de amar a otros. Esta forma de pensar te envenenará lentamente porque te deja creer que lo estás haciendo mejor que esas débiles personas que aún viven para sí mismas. No tratas de usar a tus amigos, pero esperas que se queden embrujados por lo que haces por ellos. Como es natural, te dirán que eres maravilloso y que no tienes amor propio, ¿y qué podrá ser más dulce para el amor propio que alabarle por no tener ninguno?

Tu amor propio tan sólo se ha hecho más sutil e inteligente. ¡Deja de jugar contigo! ¿Quieres desenmarascarlo? ¡Critícalo!

Tu amor propio quiere ser estimado por las personas espirituales. Quieres parecer interesante y generoso, pero como es natural no puedes permitirte pensar así en voz alta. En la medida que tomas el pelo a los demás, te engañas a ti mismo. Empiezas a creer la ilusión que has creado.

Sólo Dios te puede ayudar. Sé que tienes muchas preguntas. Es fácil ver la necesidad de renunciar a las cosas que se ven que están mal, pero cuán difícil es renunciar a las cosas que las personas ven como buenas… riqueza honrosa, un estilo de vida próspero, o una buena reputación. Ahora bien, estas cosas no son malvadas, pero tu relación con ellas ha de ser profundamente tratada. Un buen mayordomo tan sólo usa lo que necesita. Un cristiano debe renunciar a todo para que no le destruya.

Debes renunciar a aquellos que más amas —tu familia y tus amigos— y estar dispuesto a perderlos si Dios se los lleva. Jamás dejes que tu corazón halle verdadero descanso en ellos o experimentarás el celo de Dios. Dios rechaza a una novia que se divide entre el Novio y un extraño.

A las personas del mundo les cuesta mucho trabajo renunciar a su cuerpo: andan preocupados con su apariencia, que se están haciendo viejos y se arrugan. ¡Pero los cristianos pueden sentirse orgullosos de renunciar a sus cuerpos y hacer sacrificios!

Cuando te veas yendo a tu aire, e impaciente con los demás, entonces vuelve a Dios y siéntate quieto ante Él con un corazón humillado. Si cometes un error, sigue adelante. A tu orgullo no le gusta cometer errores. El pesar y desconcierto que sientes ante tus errores te servirá bien. Sigue siempre la guía de Dios. Cuando dé la señal, arriésgalo todo para seguirle. Nada es más terrible que resistir a Dios por dentro. Si entristeces al Espíritu Santo, ¿en qué lugar te dejará eso, amigo mío? Dios retrocederá de ti y te dejará que sigas tu propio camino. Y tú, dando vueltas en círculos, puede que no te des cuenta por mucho tiempo.

Dios te ha dado sencillez y sinceridad. Permítele construir sobre estos cimientos.

SENCILLEZ

Ser sencillo es una virtud maravillosa. Por sencillo no quiero decir torpe intelectualmente o emocionalmente retrasado, sino sincero y desnudo ante Dios. La sencillez es difícil de definir, pero como dice Imitación de Cristo, “mejor es practicarla que saber definirla.”

La sencillez corta todo comportamiento inútil. La sinceridad no es lo mismo. Hay montones de personas sinceras que no son sencillas. Sólo hablan de lo que sienten que es lo correcto, pero siempre lo escudriñan todo y se pasan la vida midiendo las palabras. Las personas no están a gusto con ellos, y ellos no se sienten a gusto con las personas. No hay nada libre, fácil, o espontáneo en ellos. Es preferible las personas imperfectas que son menos estiradas a las almas estrictas y legalistas. Así es cómo nosotros pensamos, y Dios, creo yo, mira de igual manera.

A las personas del mundo le preocupan demasiado los demás. Pero la persona religiosa santurrona se preocupa demasiado de sí misma. Uno se emborracha de lo externo. El otro se emborracha de lo interno.

La sencillez corta por lo sano un equilibrio entre ambas cosas. Una persona verdaderamente sencilla empieza a considerarse menos y a considerar más a Dios. Dios quiere que le mires de una forma natural sin ansiedad y sin reservas. Ríndete a Dios poco a poco y la sencillez arraigará y crecerá en tu espíritu.

También tienes que dejarte tratar tu inquieta actitud. Aún tu anhelo de servir a Dios debe ser tratado. Espero que este pensamiento te ayude a calmarte sin volverte totalmente pasivo. Tu excesiva ansiedad desfigura aún las buenas cosas que haces y te sitúa en una disparidad con el pacífico espíritu de Dios. Pide a Dios que te haga sencilla.

En cuanto a cómo deberías vestirte, deberías considerar la opinión de tu marido. Si él no quiere que te gastes demasiado dinero por deudas familiares, entonces deberías tener gustos más económicos. Si quiere que te vistas a la última, hazlo dentro de límites razonables. Si le da igual, entonces sugeriría moderación porque tiendes demasiado a los extremos. Vestirte con magnificencia tan sólo apela a tu orgullo. Pero vestirte demasiado conservadora y remilgada podría también apelar a tu orgullo religioso. Vestirte de una forma normal te ayuda a sentirte normal. He oído que solías vestirte como una monja. ¡Demasiada apariencia y muy poca realidad! Vestirte con moderación le supondrá a tu orgullo un buen precio a pagar.

EL CIMIENTO DE LA HUMILDAD

Todo el que ha caminado en profundidad con Dios sabe que la humildad es el cimiento sobre el que construyes tu vida espiritual. La verdadera humildad viene de procurar los intereses de Dios antes que los tuyos. La humildad llega por no vivir ya más para ti mismo, sino por dejar a Jesucristo vivir Su vida en ti.

Siempre intentas “ser algo” o llamar la atención por tu espiritualidad. Hay un montón de personas que tienen una espiritualidad externa, pero en lo interno aún tienen una elevada opinión de sí mismos. Las personas que creen que se humillan a sí mismas están llenas de vanidad. Creen que les están haciendo a los otros un favor por “rebajarse a su nivel.”

La verdadera humildad no es así. Sé que parece increíble pero una verdadera persona humilde está contenta en todas las situaciones. No se da cuenta si está siendo alabado y inculpado, y no se pasa todo el tiempo sopesando si lo que le dicen, o se dice de él, es para su beneficio. Una persona sencilla se deja guiar por el Señor Jesús. Así pues despréndete de ti con valor. Tanto si Dios te levanta como si te deja en el anonimato, aún la gloria es toda Suya. Di, como dijo María, “ha hecho grandes cosas porque ha mirado la bajeza de su sierva.”

PARTE III

La Paz de Dios

LA SENDA DE LA FE

No te preocupes del futuro… la preocupación ahoga la obra de la gracia dentro de ti. Cuando Dios te dé consuelo, disfrútalo. Mírale sin parar. Disfruta Su provisión día a día como los israelitas recibían su maná. No intentes acumular nada. Hay dos peculiaridades en cuanto al camino de la fe. La fe discierne a Dios detrás de todas las circunstancias que tratan de ocultarle. La fe también te sostiene en un estado de incertidumbre. Quiero que te des cuenta de lo ininterrumpidamente que te sentirás suspendido en el aire sin que se te permita caminar sobre tierra firme. El consuelo que hallas en este momento será del todo inadecuado para el siguiente instante.

Deja a Dios actuar en tu vida del modo que a Él le parezca mejor. Todo lo que debes hacer es ser fiel a lo que Él te pide. Dios quiere que dependas de Él de un instante al otro. Las tinieblas y la incertidumbre de la senda de tu vida deben llevarte a un pacífico descanso en Él. Es una verdadera muerte confiar en Él aun sin ver adónde te conduce. Es una muerte silenciosa que toma lugar sin mucho bombo y platillo.

Morir a ti mismo se dejará sentir como un fuego lento. El final llega de una forma tan sutil e interior que a menudo está tan oculto de ti como de los que saben por lo que estás pasando. Cuando Dios se lleva cosas tuyas, sabe cómo y cuándo reponerlas. Luego puede que te las devuelva por medio de Sí Mismo o a través de otros. Puede Él levantar hijos de las piedras.

Así pues come tu pan diario sin pensar en el mañana… baste a cada día su propio afán. (Mateo 6:34) El mañana se ocupará de sí mismo. Aquel que hoy te alimenta es el mismo que te alimentará mañana. El maná caerá del cielo en medio del desierto antes de que los hijos de Dios deseen cosa alguna.

MANTÉNTE EN PAZ

No me sorprende que la evocación de la muerte se intensifique cada vez más a medida que te haces más anciano y más débil. Yo experimento lo mismo. Hay una edad en la que empiezas a pensar en la muerte con mayor frecuencia… incluso no se puede evitar. Dios usa esto para dejarte sentir tu propia debilidad y falta de valor, y para mantenerte humildemente en Sus manos.

Nada es más humillante que una imaginación que pierde el control. En el momento en que la mente empieza a dar vueltas es muy difícil tener confianza en Dios. He aquí el crisol de la humillación, donde tu corazón es purificado por una sensación de debilidad y falta de dignidad. A Sus ojos ningún hombre será justificado (Salmos 143:20)

Continúa caminando humildemente junto a Dios sin interrupción. Si se te muestra algo que debería cambiar, entonces hazlo sin volverte legalista con el tema.

Manténte en paz. No escuches a la voz del amor propio, ni llores la inminente ruina de tu propia naturaleza. Ofrécete, sin lamentos, como un sacrificio a Dios. Al morir, le preguntaron a San Ambrosio si tenía miedo del juicio de Dios. “Tenemos un buen maestro”, dijo. Tenlo presente.

Fenelón – Arzobispo de Cambrai –

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