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Las pasiones y la unidad del hombre

by en 16 febrero, 2010

Introducción

En la Introducción al Tratado de las Pasiones de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, dice Manuel Ubeda Purkiss que “si despojáramos a la vida política , cultural, social y religiosa del hombre o de la sociedad de sus elementos emocionales y afectivos se convertiría en un conjunto inexpresivo.” (1).

O sea que, en un mundo carente de sentimientos y de afectos, no hubieran podido tener lugar las múltiples manifestaciones de la cultura. Se suele decir, equivocadamente, que las pasiones perjudican y destruyen al hombre, y por lo tanto hay que suprimirlas.

En realidad, las pasiones no son ni buenas ni malas. Ellas son el motor que excita y desarrolla la actividad. Así Juan Luis Vives dice en su obra “Tratado del alma” que Dios infundió en el hombre las pasiones para que sirviesen a modo de acicate para estimular su alma. Sin embargo, considera que al padecerlas el espíritu originan “perturbaciones” e “impotencias” y cuando son muy violentas crean confusión mental, “ceguedades” que no permiten ver nada.

Por ello aconseja que la razón juiciosa debe permanecer alerta y vigilante para impedir que las pasiones nos dominen, es decir, que no se hagan permanentes en el hombre ni se constituyan en enfermedades o vicios del alma (2).

Por eso es preciso educar, ordenar y purificar las pasiones. Hay que encauzarlas, para lograr un pleno crecimiento humano. Al respecto, el P. Petit de Murat ejemplificaba:

“La ira, asumida por la razón, engendra la virtud de la fortaleza.”

La pasión nace de la afección íntima que nos causa un acontecimiento exterior. Son deseos permanentes que no nos abandonan ni siquiera una vez satisfechos. Por ello, las pasiones no son fugitivas o provisionales y, a veces, constituyen el drama de toda una vida.

La literatura recoge casos paradigmáticos de personajes poseídos por una pasión determinada y escritores como Shakespeare, Dostoievsky, Balzac, Moliére, entre muchos otros, conocieron tan a fondo la psicología humana que en sus obras retrataron admirablemente el drama de la ambición, de la codicia, del orgullo, del amor y el odio, de la alegría y la tristeza.

Aunque lo natural de las pasiones es crear una inquietud sofocante, a veces se realizan en una quietud posesiva satisfecha que es la de su realización objetiva…

Graciela E. Assaf de Viejobueno

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Enlaces:

Las tres pasiones

Monasterio Las Batuecas

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