Monje sin monasterio

8 Febrero 2010 por Hesiquia

acerca de Raimon Panikkar

Desde muy joven se sintió monje, pero un monje sin monasterio. Está interesado en el monje que hay en cada uno de nosotros. Defiende el arquetipo de monje estudiando la quintaesencia del monaquismo para abrir camino a los “nuevos monjes”.

Entiende por monje aquella persona que aspira a conseguir el supremo objetivo de la vida con todo su ser, mediante la renuncia y desapego de todo aquello que no sea necesario para poderse concentrar en un único y singular objetivo.

Tiene el deseo de ser libre y liberado. Todo aquello que no sea escalera para subir es ignorado y todo aquello que no es camino es marginado. Ser monje es una cosa muy personal.

El monje no llega a ser monje por un proceso de reflexión o por el deseo de Dios sino como resultado de un impulso, de una llamada fruto de una experiencia, que le lleva a hacer un cambio para llegar a tener aquella “cosa” que trascienda toda cosa y que solo puede articular sirviéndose de la praxis de su propia vida.

La búsqueda de la perfección supone la búsqueda de una vida llena de sentido y de gozo.

El monje dentro de un marco institucional sufre del hecho de que sus impulsos vitales hacia la plenitud humana quizás acaban siendo absorbidos por la institución totalizante a menudo sacrificados en bien de la institución. Afirma que es posible la santidad y la búsqueda del absoluto fuera de toda institución monástica.

Todo monje busca la perfección que consiste en encontrar el centro donde está el equilibrio. Si buscase la periferia no podría conseguir aquella indiferencia equidistante de todo. Ser monje para Panikkar es buscar este centro, anhelarlo.

En tanto intentamos unificar nuestras vidas en torno al centro ya tenemos algo de monje. El monaquismo cristiano, que no es el único, está obstinado en la búsqueda del Absoluto pronto a romper todos los obstáculos que se le puedan poner en el camino en su peregrinar hacia Dios.

Raimon Panikkar es una autoridad internacional en espiritualidad, historia de las religiones y diálogo intercultural. Su obra, traducida a varios idiomas aparece en las bibliografías de las más importantes universidades del mundo. Nacido en Barcelona en 1918 (ahora 83 años), hijo de un industrial indio radicado en Cataluña y de madre catalana amante de las artes. El padre fue a Inglaterra a estudiar ingeniería química, y en 1916 fue a trabajar a Barcelona donde se casó y se quedó. Panikkar es un título nobiliario del sur de India, designa la casta malabar más alta, en Kerala. Salvador Pániker (en castellano) es su hermano, otro de los grandes pensadores españoles, filósofo, industrial, editor y escritor.

Doctor en Filosofía (Madrid), en Química (Madrid) y en Teología (Roma). ha enseñado en las principales universidades de América, Europa y la India. En 1966 fue nombrado profesor de la Universidad de Harvard y durante las dos décadas siguientes dividió su tiempo entre la India y Estados Unidos.

Amigo de Habermas, de Hans Küng y de algunos de los más importantes filósofos actuales con los que coincide a menudo en simposios internacionales, es un pensador experto en conciliar posiciones aparentemente inconciliables. Su estudio se basa en la cultura India, en la historia y en la filosofía de las religiones. Se ordenó sacerdote en 1946 y fue uno de los miembros relevantes del Opus Dei, institución que posteriormente abandonó. Hoy se considera, además de católico, hinduista y budista.

Es autor de más de 40 libros en diversos idiomas y de unos mil artículos que abarcan desde Filosofía de la Ciencia a Metafísica, Religiones Comparadas e Indología. Es fundador y presidente de Vivarium, una fundación dedicada a promover el diálogo intercultural. Actualmente reside (desde 1982) en una zona rural de Pre-pirineo catalán, desde donde continua desarrollando su obra.

En castellano ha publicado entre otras: La trinidad y la experiencia religiosa (1989); El Cristo desconocido del hinduismo (1994), Ecosofía (1994), Paz y desarme cultural (1993); El silencio de Buda. Una introducción al ateísmo religioso (1996), La experiencia trantropocósmica. Filosofía y Mística. Invitación a la Sabiduría. La plenitud del hombre. Elogio a la sencillez(1993). La experiencia religiosa de la India (1997).Iconos del misterio.

En catalán ha publicado Benaurada Senzillesa (1988). Es un estudio básico del monje como arquetipo universal basado en el concepto de que la dimensión contemplativa es innata a todo ser humano.

Texto extraído de:

Espiritualidad progresista

y

Monvir blog

Link

La palabra mística


Monjes en el corazón del mundo

5 Febrero 2010 por Hesiquia

Nuevas formas urbanas de vida religiosa

La Fraternidad de San Pablo de Marsella intenta insertar los ideales del monaquismo original en un contexto actual de frontera, en zonas de la ciudad en las que existen problemas de exclusión social, fuerte presencia extranjera y diversas culturas y religiones en convivencia.

A menudo, religiosidad (o espiritualidad) -no entraremos a distinguir aquí entre los dos conceptos, que en Occidente presentan matices y diferencias que sin embargo no hay que olvidar- y vida urbana se han visto presentadas como dos realidades aparentemente difíciles de compatibilizar. Existe la idea, ampliamente extendida, de que el origen y despliegue de las grandes tradiciones religiosas, por ejemplo, tiene más que ver con la ruralidad y con las tradiciones de pequeñas comunidades humanas que con la realidad de los grandes entramados urbanos. Esto no ha sido exactamente así. Algunos estudiosos han puesto de manifiesto, por ejemplo, que las primeras comunidades cristianas paulinas, las primeras células cristianas formadas por san Pablo -un judío de cultura griega-, no se desplegaron a través de las regiones más remotas y rurales de Palestina, aparente centro neurálgico del cristianismo, sino en las principales ciudades estratégicamente situadas en la cuenca nororiental del Mediterráneo.

Algunos de los principales sociólogos que elaboraron las teorías de la modernidad -Durkheim, Weber, etc.- pronosticaron que una de las características propias de las sociedades modernas, acaso la más significativa, consistía en la retirada definitiva de la religión como fundamento cohesionador en colectividades caracterizadas por la eclosión del capitalismo, la aparición de las grandes concentraciones urbanas y el conocimiento científico. No les faltaba razón. El paso a un mundo desencantado -en palabras de Max Weber- ha sido la pauta dominante de un mundo centrado en el dominio de la racionalidad práctica.

Con todo, hoy, paradójicamente, algunas dinámicas propias de este mismo mundo -la secularización, la desaparición de determinadas formas de expresar la espiritualidad difícilmente compatibles con la mentalidad actual o el creciente pluralismo religioso de nuestras sociedades complejas y las demandas de reconocimiento público que exigen algunas tradiciones religiosas a las sociedades laicas- implican que la ciudad, el mundo urbano, se convierta en el campo de pruebas por excelencia de nuevas experiencias e iniciativas de vida religiosa en ciudades que beben de la experiencia, y enlazan con ella, pero que se esfuerzan por encontrar nuevas vías de expresión.

Experiencias, por ejemplo, como las de Simple Way en Estados Unidos o, más cercana, la de la Fraternité Saint Paul de Marsella responden a esta dinámica. En este artículo daré un breve apunte sobre la experiencia de intentar crear un nuevo monaquismo en los quartiers nord de la ciudad de Marsella, que pude conocer en persona hace unos meses.

“Banlieues”, “quartiers” y “cités”: Hace pocos meses, el Gobierno francés aprobó un importante plan de choque -Espérance banlieue- para hacer frente y paliar una parte de las carencias estructurales que afectan a más de 250 barrios marginales de las grandes concentraciones urbanas del país. Era la materialización de una promesa que, en el año 2005, el entonces ministro del Interior y actual presidente de la República, Nicolas Sarkozy, hizo a raíz del estallido de los graves episodios de violencia urbana que inflamaron algunas de las banlieues más importantes de Francia. El análisis de las causas de aquellos hechos dio pie a varias interpretaciones: consecuencia de la marginación, en especial de los más jóvenes; el paro clamoroso; la falta de expectativas y la imposibilidad de definir un proyecto personal con futuro por parte de muchos de sus habitantes; el bloqueo del ascensor social en uno de los Estados del bienestar más sólidos de Europa y, en última instancia, un modelo de integración de la inmigración que se ha demostrado poco eficaz a largo plazo.

Que los barrios periféricos de Marsella resistiesen el efecto mimético de aquella espiral de violencia de hace casi tres años es una paradoja si nos atenemos al hecho de que la segunda mayor ciudad de Francia después de París cuenta con importantes núcleos urbanos con desequilibrios y carencias muy complejos y de gran calado. Lo curioso de todo ello es que varios actos vandálicos de otoño del año 2006 registraron más dramatismo y más gravedad -quema de varios autocares interurbanos- que los sucesos que allí ocurrieron el año anterior. Sociólogos y urbanistas lo justifican aduciendo la diferencia existente entre lo que es propiamente una banlieue y un quartier o una cité, mucho más conectados estos últimos -pese a su realidad periférica- al resto de la trama urbana. Existe otra razón que tal vez habría que considerar: Marsella es una ciudad con un índice de inmigración muy elevado y con una prolongadísima experiencia en cultura de acogida de recién llegados, en especial del Magreb. Y ello ha provocado -como me explicabain situ un argelino oriundo de Orán y habitante de un barrio del norte de la ciudad- que en algunos aspectos y en determinados espacios, el estilo de vida que allí se desarrolla no diste mucho del que se puede encontrar en algunas ciudades más o menos occidentalizadas de la ribera sur del Mediterráneo. Hablábamos de todo ello en su piso HLM (vivienda de protección social y de promoción municipal) mientras su hija de dieciséis años, nacida en Francia, miraba embobada la teleserie de un canal en lengua árabe que no fui capaz de identificar. La particularidad de Marsella, pues, ha favorecido un clima de convivencia e integración más positivo y consolidado que en otras ciudades en los que la fuerte oleada inmigratoria de los últimos cuarenta años ha provocado tensiones importantes. Pese a ello, conviene no olvidar dos datos importantes: Marsella es una ciudad de 820.000 habitantes con casi un 25% de inmigración y una de las ciudades de Francia con una media de paro más elevada: un 12%, frente al 8% de la media estatal.

Monjes en el corazón de los “quartiers-nord” de Marsella: ¿Es posible, en el contexto social y cultural de estos barrios, marcado también por una presencia hegemónica de familias de confesión musulmana, imaginar el arraigo de una comunidad con vocación de seguir encarnando de modo nuevo la intuición monástica del ora et labora? Pues sí. No hablamos de una comunidad religiosa de vida activa en el ámbito social o educativo, sino de una fraternidad monástica directamente inspirada -como recoge su propia regla de vida (Chemin d’Incarnation. Pour une vie monastique en cité, publicada en 2003)- en la regla de san Benito y la de san Basilio… Y es que, en la tradición monástica -dice el prólogo del texto-, «las comunidades han intercambiado y compartido sus formas y estilos de vida, igual que los cocineros se han transmitido unos a otros sus más preciadas recetas».

Según el propio Henry C. Quinson, uno de los iniciadores y fundadores de este proyecto junto con Karim De Broucker en 1997, lo más característico del monaquismo desde sus orígenes no es la opción por desarrollar una función o una actividad determinada dentro de la Iglesia, sino sobre todo la opción y la elección de un lugar concreto en el que desplegar una vida de oración, de trabajo, y en comunidad. «Actualmente conviven -dice Henry- tres “lugares monásticos”: el mundo rural (los monasterios tradicionales), el centro de las ciudades (las fraternidades de Jerusalén nacidas en París son ejemplo de ello) y la periferia urbana… Nuestro deseo es estar presentes y hacer presente el espíritu monástico en los barrios desfavorecidos y en los suburbios de las grandes ciudades donde se encuentran muy presentes las religiones no cristianas, en especial el islam». Es ciertamente palpable de inmediato que aquí el cristianismo -muy minoritario- y el Islam -mayoritario- viven cara a cara y día a día. Uno de los grandes desafíos que afronta la Fraternidad de San Pablo es la proximidad de vecindad con el mundo musulmán en el corazón mismo de una ciudad europea. «Así como el desierto tuvo una carga simbólica determinante en el nacimiento del monaquismo, hoy la ciudad, con todas sus contradicciones y complejidades, puede convertirse en un lugar monástico por excelencia». Por otra parte, recuerda, «las primeras comunidades cristianas fundadas por san Pablo estuvieron muy marcadas por un mundo dividido religiosamente (judíos y no judíos), culturalmente (griegos y bárbaros), socialmente (esclavos y hombres libres) y económicamente (ricos y pobres)… ¡y la realidad del tercer milenio en los barrios periféricos de una gran ciudad como Marsella no dista mucho de aquello!».

Hace poco más de diez años, Henry y Karim se instalaron en un piso HLM con un objetivo bastante sorprendente: seguir las huellas de la tradición monástica de los Padres del desierto en pleno quartier del norte de Marsella. Más tarde llegaría Jean Michel, que tras unos años pasados en el monasterio trapense de Tamié se integraría a la Fraternidad de San Pablo de Marsella para exportar más tarde la experiencia al corazón mismo de Argelia, instalándose en Buduaw, una banlieue de Argel. Posteriormente se sumarían a la Fraternidad también Gautier y Jean Paul, sacerdote de la diócesis de Namur, en Bélgica, que llegó a la fraternidad hace tan sólo unos meses.

Los siete monjes del monasterio Thibirine asesinados a manos del GIA en 1996 son un referente importante para la Fraternidad. Jean Michel, junto con otros monjes trapenses, entre ellos Ventura Puigdomènech, actualmente hermanito de Jesús en el Assekrem, punto central del itinerario espiritual y personal de Carlos de Foucauld, ya vivieron un periodo relativamente largo de tiempo en Thibirine después de la tragedia.

¿Y por qué el nombre de “Fraternidad de San Pablo”? “El nombre no es ocioso -explica Henry-. De entrada es el nombre de la cité donde estamos; tomar su nombre es poner de manifiesto nuestra voluntad de arraigar en ella y de nuestra presencia prioritaria en el barrio, un barrio construido a principios de los años sesenta para albergar con cierta urgencia a los repatriados de Argelia. Hoy, aquellos pied-noirs han sido sustituidos por los numerosos argelinos llegados después de la independencia, por tunecinos, comorianos y gitanos. Saint Paul es un barrio con más de un cuarenta por ciento de paro. ¡Por otra parte, fraternité es un concepto con una carga y unas connotaciones que no pasan desapercibidas para el espíritu republicano francés…! Pero, más allá de esto, recalca nuestra voluntad de establecer una alianza, de llegar a ser hermanos de nuestros vecinos, de formar parte de esta familia».

La Fraternidad de San Pablo es hoy, en definitiva, una experiencia que intenta insertar y vivir los ideales del monaquismo original en un contexto original de frontera, una comunidad católica de inspiración monástica cuyos miembros viven una presencia cristiana de “vecindad evangélica” en zonas urbanas o barrios en los que el encuentro entre nativos y extranjeros, entre personas excluidas y otras con mejor suerte, entre culturas de procedencia diversa, o entre religiones dispares -especialmente entre cristianos y musulmanes- es hoy una realidad abierta. Siguiendo la línea del movimiento de renovación monástica manifestada en las doce columnas del nuevo monaquismo expresadas en Durham en el año 2004, sus miembros apuestan por una opción de vida monástica hecha realidad y encarnada en los barrios pobres de las grandes ciudades, en comunión con sus obispos y formando parte de sus diócesis. En la Declaración escrita el 2 de noviembre de 2001 del cardenal arzobispo de Marsella, Mon. Panafieu, fue reconocida como “comunidad católica que trabaja en estrecha colaboración con él y bajo su responsabilidad”. Su estilo de vida se concreta en lo que ellos denominan los siete pilares: 1. celibato; 2. oración común tres veces al día (“es esencial -dice Henry- porque es la que ritma nuestra jornada”); 3. vida en ciudad o en barrios y zonas urbanas periféricas; 4. trabajo a tiempo parcial (media jornada); 5. hospitalidad; 6. convivencia fraternal y atención a los vecinos, y 7. participación en la comunidad parroquial local.

Son las siete de la tarde. Comenzamos la oración de vísperas en el espacio del piso habilitado como oratorio. Hace poco menos de veinte minutos, este lugar y la adjunta sala de estar-comedor estaban ocupados por numerosos niños y niñas de la cité Saint Paul, que dos o tres tardes por semana vienen para recibir clases de apoyo escolar por parte de Henry, Karim, Gautier, Jean Paul y algunos voluntarios amigos de la Fraternidad. “Este servicio no nos lo propusimos desde el comienzo -dice Karim-, fueron los propios vecinos quienes nos lo pidieron… Fue fruto de la proximidad y las relaciones normales entre vecinos”. Después de las vísperas, empezamos a cenar. Llaman a la puerta… Un vecino de ocho o nueve años del piso de arriba nos trae un cuenco con la especialidad argelina que cenará él con su familia, y que su madre ha tenido el detalle de prepararnos. La frugalidad de la cena monástica quedará, por un día, en segundo plano. Después de la cena, hacia las diez, nos retiraremos cada uno a su habitación. A la mañana siguiente, a las seis, los cantos y la recitación de los salmos de laudes acompañarán rítmicamente los ruidos de cualquier barrio que despierta. La hora larga de lectio individual dará paso al desayuno rápido que precede a una jornada laboral concentrada en la mañana. Henry y Karim irán al instituto en el que imparten clase; Gautier, a la entidad estatal de protección de la infancia donde ejerce de abogado, y Jean Paul, recién llegado de Bélgica, seguirá buscando trabajo. Al mediodía regresarán a casa para la oración y la comida. Por la tarde… los encontraréis a los cuatro en la cité Saint Paul, en el discreto monasterio HLM de la travesía de La Palud, número 40, edificio B1, apartamento 28.

Experiencias como la de la Fraternidad de San Pablo de Marsella ponen de manifiesto, en definitiva, la irrupción de nuevas formas monásticas como consecuencia de las profundas transformaciones de las sociedades occidentales actuales, entre las cuales destacan la preeminencia del mundo urbano, la secularización, la aparición masiva de nuevas comunidades étnicas, culturales y religiosas que plantean nuevos retos a los que también tiene que poder dar respuesta el nuevo monaquismo desde lo más esencial que representa la Iglesia. Uno se pregunta si en Cataluña, en Barcelona, no sería necesario también, hoy, una presencia monástica de rostro nuevo.

Texto de Miquel Calsina

Profesor de Ciencia Política en la UAB

Extraído de:

Contemplativos en la ciudad

Fraternidad de San Pablo

La vida Consagrada

2 Febrero 2010 por Hesiquia

Su Santidad Benedicto XVI

Homilía en la fiesta de la Presentación del Señor

…Las personas consagradas están llamadas de modo particular a ser testigos de esta misericordia del Señor, en la que el hombre encuentra su propia salvación. Estas mantienen viva la experiencia del perdón de Dios, porque tienen conciencia de ser personas salvadas, de ser grandes cuando se reconocen pequeñas, de sentirse renovadas y envueltas por la santidad de Dios cuando reconocen su propio pecado.

Por esto, también para el hombre de hoy, la vida consagrada sigue siendo una escuela privilegiada de la “compunción del corazón”, del reconocimiento humilde de la propia miseria, pero al mismo tiempo, sigue siendo una escuela de la confianza en la misericordia de Dios, en su amor que nunca nos abandona.

En realidad, más uno se acerca a Dios, más se acerca a él, tanto más se es útil a los demás. Las personas consagradas experimentan la gracia, la misericordia y el perdón de Dios no solo para sí, sino también para los hermanos, siendo llamadas a llevar en el corazón y en la oración las angustias y esperanzas de los hombres, especialmente de los que están lejos de Dios.

En particular, las comunidades que viven en la clausura, con su compromiso específico de fidelidad en el “estar con el Señor”, en el “estar bajo la cruz”, llevan a cabo a menudo este papel vicario, unidas al Cristo de la Pasión, tomando sobre sí los sufrimientos y las pruebas de los demás y ofreciendo con alegría todo por la salvación del mundo.

Finalmente, queridos amigos, queremos elevar al Señor un himno de agradecimiento y de alabanza por la misma vida consagrada. Si esta no existiese, ¡cuánto más pobre sería el mundo!

Aquí Texto Completo

Video de la homilía

Las Misericordias del Señor

31 Enero 2010 por Hesiquia

…Durante mucho tiempo me he preguntado por qué tenía Dios preferencias, por qué no recibían todas las almas las gracias en igual medida. Me extrañaba verle prodigar favores extraordinarios a los santos que le habían  ofendido, como san Pablo o san Agustín, a los que forzaba, por así decirlo, a recibir sus gracias; y cuando leía la vida de aquellos santos a los que el Señor quiso acariciar desde la cuna hasta el sepulcro, retirando de su camino todos los obstáculos que pudieran impedirles elevarse hacia él y previniendo a esas almas con tales favores que no pudiesen empañar el brillo inmaculado de su vestidura bautismal, me preguntaba por qué los pobres salvajes, por ejemplo, morían en tan gran número sin haber oído ni tan siquiera pronunciar el nombre de Dios…

Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez… Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas…

Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. El ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos…

Fragmento de “Historia de un Alma”

de Sta. Teresita de Lisieux

Ir al texto completo

Hermanas Misioneras de Sta. Teresita


La Caballería espiritual y la vida filosófica

28 Enero 2010 por Hesiquia

Ensayo Breve

por Fray Alberto E. Justo OP

Es esta la ocasión de presentar una imagen de hondísimo significado… Ha llegado el momento de discernir entre todos los símbolos de la tradición aquellos que son más a propósito para señalar un “modo” de vida que sea propicio a la Contemplación.

No se trata de insistir con ninguna institución existente y, menos aún, de fundar alguna nueva. Por el contrario, es hora de descubrir en el mismo interior del alma el eco de esas maravillosas estampas de la tradición, que viven, que están vivas, y que pueden muy bien ser recuperadas en una nueva y fecunda dimensión.

La Literatura nos ha ofrecido, a través del tiempo, notables modelos y ejemplos, desde luego rescatados de la vida cotidiana. Es quizá allí donde hallaremos un gran tesoro para diseñar lo que nos proponemos. Cuando evocamos a Don Quijote, por ejemplo, aludimos además a un ideal y también a un estímulo para emprender nuestro camino que siempre es senda abierta al Cielo.

Esta vez, sobre los pasos del eremita, nos encontramos con el caballero y con el hidalgo. Sin duda una “creación” cristiana que invita a la virtud y, desde luego, a la santidad. Porque es en esta “clave” que nosotros lo trataremos aquí.

Pero estos “ideales” no advienen desde fuera, por decirlo así… Se gestan dentro, en el corazón, en el camino mismo de la vida, en el sufrimiento, en la lucha, en el deseo.

Simplemente el hombre rescata de la Historia y de la vida, de los testimonios vivos de quienes lo precedieron, una dimensión en la cual se reconoce, un ámbito, un hogar, un estado –diré- que está más allá de instituciones y compromisos perecederos y se imprime en su alma para acompañarlo en la Eternidad.

Estos “ideales” constituyen un fundamento que no puede ser despreciado o ignorado. Requieren, para su plena formación, un desarrollo de la “atención”, de esa cualidad y virtud que tanto encomiaron los Padres y que es necesaria en la vida espiritual.

Pero, desde luego, hay más. Disertar acerca de un “modelo” de vida, con raíces hondas en la tradición, parecerá no tener fin. Sin embargo hemos de seguir adelante, sobrepasando las dificultades.

Hay más –como digo- mucho más. Es fundamental plantear ahora mismo que el peregrino no descubre su vocación profunda sino cuando la adversidad lo lleva de la mano. Es así. Nos quedaríamos conformes y satisfechos con todo lo aparente, con todo lo perecedero, sin saltar más allá o procurar horizontes mayores, si lo más banal y superfluo nos sonriera y se nos brindaran en bandeja de plata las mil posibilidades que ofrece el mundo.

La contradicción, en cambio, abre un camino, inicialmente muy penoso, que ha de ser recorrido sin temor y aún sin pena. Se trata de una escuela, de una escuela admirable, en todo dispuesta a enseñar esos pasos inalcanzables que nos llevan más directamente a destino.

El caballero no se avergonzará ni se detendrá ante la lucha y mucho menos ante la “lucha sutil”. Este campo requiere toda la atención, pues el discernimiento comporta un empeño notable y la paz interior…

Si el caballero clásico hacía profesión de servir con las armas, hoy, el caballero espiritual ha de empeñarse en otro combate, en cierto sentido más duro y riesgoso, que es lo que llamo “lucha sutil” o “guerra invisible” con las armas de la virtud y de la constancia. Y todo ello con sus raíces en el “abandono”, la “confianza” y el “desinterés”.

Acerca de esto último es necesario subrayar con mayor fuerza lo que constituye más profundamente la condición de un “caballero espiritual”. Se trata, en primer lugar, de la “generosidad” que debe distinguirlo, pero que quedará en él elevada a ese amor puro y desinteresado que no tiene otra compensación que el amor mismo.

El “desasimiento” hace al amor. En efecto, quien ama deja hasta el “abandono”, y está dispuesto a “perder”, de algún modo, el objeto amado, en el empeño de esta lucha. Dicho de otra manera, está llamado a poseer de un modo mucho más alto.

Se ha olvidado, no se considera ya, que la posesión verdadera es el desprendimiento. Que, sin duda, la posesión verdadera no se realiza en el plano de los sentidos exteriores… Este es el lenguaje del corazón.

El “lenguaje del corazón”, el más desatendido en nuestros días, al menos en los lugares que nos toca recorrer. Pero el peregrino ha de dar testimonio a pesar del dolor y del rechazo, a pesar de la incomprensión y de la rudeza con la que se ve tratado. “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”, decía San Juan de la Cruz. Este es el desafío y la lucha en la que el peregrino de buena voluntad debe distinguirse. Y, desde luego, sin aguardar comprensión ni aplauso alguno.

Persevera en este camino. No en esta o en aquella institución. En este camino, ya que en múltiples instituciones y lugares serás incomprendido y rechazado. El ámbito que recorre el caminante puede ser cualquiera. Y como tal toda eventualidad ha de ser considerada como una oportunidad nueva. Una ocasión luminosa de la Providencia. Pues, cada vez, Dios nos brinda su Amor y su Palabra en hechos y en cosas, no en ideas o en principios. Persevera, digo, sin temor. Anda y sigue, no haya lugar para titubeos. La misión es seguir… lo imposible. Lo imposible para los hombres es posible para Dios.

Pero hay mucho más. La vocación de una auténtica interioridad supone no detenerse cuando hieren los rasguños del camino o molestan las picaduras de los mosquitos. Estas son eventualidades con las que hay que contar, pero no merecen atención. Pueden ladrar por aquí y por allá, pueden danzar los fantasmas y representar una terrible guerra ahí, no más, en no sé qué escenario. Todo eso puede ocurrir y mucho más. Pero cuando el alma está suspensa en la auténtica realidad de su vida y de su vocación trascendente; cuando toda ella se deja iluminar por ese permanente llamado a pasar más adelante y más alto en la lumbre del Ser; entonces no llegan a los oídos los roedores mezquinos, que sólo logran carcomer sus propias caparazones…

Quizá haya llegado la hora para manifestar al mundo una confianza nueva, precisamente cuando las técnicas prometen una eficacia total. Este es el secreto “totalitarismo” que siempre requiere nuevos esclavos. Dirán los satisfechos, muy orondos, “¿para qué confiar en lo que no sabemos o en lo que no vemos? ¿Para qué preocuparnos ya si todo está bien ajustado y planificado? ¿Para qué dejar al corazón titubeante de una persona (o de dos o tres) la aventura de lo que sea? Ya tenemos todo en nuestras manos: el poder, el dinero, la autoridad, los recursos ideológicos… Hemos elaborado estatutos definitivos, porque la Historia ha recomenzado con nuestra indudable practicidad. Ahora tenemos la fuerza y los medios…”

Esto dicen o piensan los necios hoy… Pero es lo que han dicho siempre. Nada puede edificarse sobre la soberbia y la Historia es la “Maestra” que nos lo repite a cada paso. Pero los hombres de esta edad, decía un poeta, “tienen flaca la memoria”. O no tienen memoria alguna, ni quieren saber nada de “lecciones de humildad”.

Pues bien, la confianza es virtud de los humildes. Y de los grandes, de los de alma grande y magnánima, que saben “desaparecer” y renunciar a las pompas de este mundo para permanecer fieles a la vocación del corazón, a su lenguaje y a su vida.

Extraído de:

Camino hacia la aurora

Enlace de hoy:

mistica

La renuncia permanente

24 Enero 2010 por Hesiquia

Podríamos situar nuestras celdas a orillas del Nilo, para tener el agua junto a nuestra puerta. Nos ahorraríamos así la fatiga de tener que transportarla sobre nuestros hombros a lo largo de cuatro millas.

Ni se nos ocultan tampoco que en nuestro país existen lugares amenos donde la abundancia de los frutos, la belleza y fertilidad de los huertos, nos proporcionarían, con el mínimo esfuerzo, lo necesario para nuestro sustento…

Pero hemos despreciado y estimado en nada estas comodidades con todos los placeres del mundo y puesto nuestra afición en la aridez de este desierto. Preferimos a todos los deleites la pavorosa desnudez de esta soledad.

Pues no vamos tras el lucro pasajero de este mundo, sino en pos de lo único que es eterno: los bienes del espíritu. Porque es bien poca cosa para el monje haber renunciado una vez, es decir, haber despreciado los bienes caducos en el principio de su conversión, si no sigue renunciando a ellos todos los días.

Collationes, 24 – 2

San Juan Casiano

Enlaces de hoy:

Monasterio de las Batuecas

Hermanos de la Resurrección