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Pensamientos de Guigo

by en 15 agosto, 2009

 

Primera parte
Introducciones
Buscar a Dios en el hombre interior, –ipsum Deum in homine interiori quæramus–, es una
obligación que pesa sobre todos nosotros, los cartujos, y que el prólogo de los Estatutos nos la
recomienda expresamente, como medio para llegar a nuestro fin, la perfección en la caridad.
Un cartujo de los primeros tiempos, nada menos que Dom Guigo, el autor de Las Costumbres,
nos ha dejado, hermosamente descritos, algunos de sus pasos en esta búsqueda del Señor,
que él personifica en la plenitud de verdad y de vida.
Por la incomparable autoridad del autor, y por el carácter de la obra, estas páginas deben
suscitar en nosotros vivo interés. Penetrados estos pensamientos en su hondo sentido, (rompemos
la corteza, si no queremos quedarnos con mal gusto), dirán más para nosotros que una larga
biografía. No veamos en estas páginas un tratado. Son simplemente, el alma de Dom Guigo
vista por dentro.
El autor de Las Costumbres, gran constructor, antes de poner la piedra fundamental de nuestra
legislación, edificó primero, como auténtico cartujo, su “castillo interior”, cuyos reflejos nos
han sido transmitidos en estos pensamientos llenos de sinceridad y de verdad.
Étienne Gilson admira su extraordinaria hermosura y lamenta lo olvidada que está hoy esta
obra, antiguamente reeditada no pocas veces (La vie spirituelle, 1934, pág. 165).
Wilmart, o.s.b., una autoridad en la materia, la encuentra comparable a las mejores de su
género, y en algunos aspectos, como la firmeza y solidez de su sentido cristiano, le concede la
primacía absoluta (Le recueil des pensées… pág. 10.
Nosotros hemos de ser los primeros en apreciar las cualidades de esta preciosa obra del gran
Dom Guigo, y animarnos a seguir tan gloriosas huellas, fomentando en nosotros una sólida vida
interior, como es nuestro deber.

Primera parte


Introducciones
 

 

Buscar a Dios en el hombre interior, –ipsum Deum in homine interiori quæramus–, es una obligación que pesa sobre todos nosotros, los cartujos, y que el prólogo de los Estatutos nos la recomienda expresamente, como medio para llegar a nuestro fin, la perfección en la caridad.

Un cartujo de los primeros tiempos, nada menos que Dom Guigo, el autor de Las Costumbres, nos ha dejado, hermosamente descritos, algunos de sus pasos en esta búsqueda del Señor, que él personifica en la plenitud de verdad y de vida.

Por la incomparable autoridad del autor, y por el carácter de la obra, estas páginas deben suscitar en nosotros vivo interés. Penetrados estos pensamientos en su hondo sentido, (rompemos la corteza, si no queremos quedarnos con mal gusto), dirán más para nosotros que una larga biografía. No veamos en estas páginas un tratado. Son simplemente, el alma de Dom Guigo vista por dentro.

El autor de Las Costumbres, gran constructor, antes de poner la piedra fundamental de nuestra legislación, edificó primero, como auténtico cartujo, su “castillo interior”, cuyos reflejos nos han sido transmitidos en estos pensamientos llenos de sinceridad y de verdad.

Étienne Gilson admira su extraordinaria hermosura y lamenta lo olvidada que está hoy esta obra, antiguamente reeditada no pocas veces (La vie spirituelle, 1934, pág. 165).

Wilmart, o.s.b., una autoridad en la materia, la encuentra comparable a las mejores de su género, y en algunos aspectos, como la firmeza y solidez de su sentido cristiano, le concede la primacía absoluta (Le recueil des pensées… pág. 10.

Nosotros hemos de ser los primeros en apreciar las cualidades de esta preciosa obra del gran Dom Guigo, y animarnos a seguir tan gloriosas huellas, fomentando en nosotros una sólida vida interior, como es nuestro deber.

 

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Extraído de:

Aula Dei

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